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Año XII, 8 de agosto de 2020

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Fundación Terram: “La importación de alimentos nos hace dependientes”

Previo al lanzamiento del libro "Erosión de suelos y crisis hídrica: las sombras del modelo agroexportador de paltos”, la directora ejecutiva de Fundación Terram, detrás de la investigación, habló sobre el modelo agrícola chileno. Según señaló, Chile debiera exportar a países de la región, debiera establecer una mayor fiscalización sobre la transacción de derechos de agua y monitorear de forma más efectiva la cantidad de recursos hídricos.

Diario Uchile

  Lunes 3 de septiembre 2018 19:21 hrs. 





Este lunes se lanza un estudio llamado “Erosión de suelos y crisis hídrica: las sombras del modelo agroexportador de paltos”. La investigación, elaborada por Fernanda Miranda y respaldada por la Fundación Terram, busca explicar cómo el modelo de desarrollo agrícola, específicamente el de paltos, ha facilitado la crisis hídrica y de suelos que actualmente se vive en algunas regiones del país.

Flavia Liberona, directora ejecutiva de Fundación Terram, en entrevista con el director de nuestra emisora, Patricio López, explicó en detalle el trabajo realizado.

¿Cuáles son los principales ejes de la investigación?

El libro hace referencia al modelo de desarrollo agrícola que se ha venido desarrollando en los últimos 20 años en el país, que se basa en el paradigma del Chile como potencia agroalimentaria, donde se intenta posicionar a Chile dentro del mundo globalizado, y que al mismo tiempo influye de forma importante en el desarrollo de la fruticultura de exportación. Dentro de los frutales protagonistas de este modelo agroexportador se encuentra el palto, que es el principal negocio de las regiones de centro del país, que tienen un uso intensivo de agua y además se planta en suelos que no tienen condiciones para cultivo frutícula, además con un método de plantación que promueve la erosión de los suelos generando un montón de impacto en la disponibilidad de agua para las comunidades, que es lo que podría explicar más o menos qué es lo que estaría pasando en Petorca.

Entonces ya no hablamos de un caso, sino que de un modelo. ¿Qué caracteriza a este modelo?

Es un modelo que utiliza principalmente el monocultivo como estrategia de producción intensiva, lo que ha generado degradación de suelo, pérdida de biodiversidad, sobreexplotación de agua y generando conflictos con distintas comunidades.

La investigación, ¿qué conclusiones permite afirmar?

Hay investigaciones que señalan que los paltos consumen entre 8 mil y 10 mil metros cúbicos por hectárea en un año productivo de ocho meses. Si llevamos esa cifra a metros cúbicos por segundo, las 18 mil hectáreas estarían consumiendo 7.5 metros cúbicos por segundo. A la región, además del uso intensivo de agua que genera la plantación de palta, hay que sumarle todo el resto de los frutales y las plantaciones protagonistas del modelo, como nogales, cítricos, y otro tipo de cultivos. Además, si uno ve los balances hídricos de esa región, ya se exhiben balances negativos. La región de Valparaíso actualmente tiene un balance negativo de 27 metros cúbicos por segundo. Si uno lo extrapola a quince años estaría teniendo un balance negativo de 38 metros cúbicos por segundo. El modelo en general, que tiene un uso intensivo del agua, perfectamente podría estar constituyendo una disminución de la disponibilidad de agua para las comunidades, considerando que en nuestro país existe un acaparamiento del sector agroexportador del agua y que no existen prioridades de uso.

Entonces el principal problema no sería que no puede haber plantaciones de paltas, sino que el modo en que estas se extienden. La idea de los monocultivos y la falta de diversidad. ¿Estaría ahí erradicado el problema?

Sí, y además es un tema de escala. En Valparaíso hay 18 mil hectáreas de paltos. A eso hay que sumarle los otros frutales protagonistas del modelo. También este modelo se ha desarrollado en los últimos 20 años, entonces los impactos que se han generado en la disponibilidad de agua y en los suelos se han generado en un periodo súper corto de tiempo. Hablamos de un tema de escala en que no se están respetando los ciclos de la naturaleza y tampoco el agua como un derecho humano.

¿Qué contribución piensas que puede hacer este libro a la política pública?

El trabajo de Fernanda nos permite visualizar sobre un problema particular, que es la crisis hídrica asociada a la plantación de paltos, y todo lo que ahí se ha hecho mal. Hay varias cosas que son importantes. Una, las plantaciones agrícolas y forestales en Chile no pasan por evaluación de impacto ambiental. Por lo tanto, aquí se muestran claramente los efectos que esto puede tener. Segundo, en general, todo lo que se llama la sustitución de bosque nativo siempre ha estado enfocado a las plantaciones de pino y eucalipto en la zona centro sur de Chile. Aquí tenemos una sustitución de bosque nativo por plantaciones de frutales. Y es un modelo relativamente nuevo. Las plantaciones de paltos parten en las partes planas de los valles, pero se van encaramando por los cerros y eso lo hemos visto todos los que vamos a la quinta región. Esto tiene un problema tremendo entre la sustitución y la erosión.

¿Por qué ocurre esto? Uno debería partir de la base de que uno puede ocupar el agua que tiene…

No hay planificación. Nadie sabe cuánta agua hay en los ríos, porque las estadísticas de monitoreo a veces son confiables y a veces no. Hay un sobre otorgamiento de derechos de agua. Esto significa que una persona va y pide derechos de agua, y como no hay una estadística clara, y no hay una base pública de esto, a veces si no hay oposición se le otorgan dichos derechos. En los últimos años, la Dirección General de Agua ha sido mucho más cautelosa con esto, porque sabe que hay un problema, pero hace diez años era mucho más fácil. Tercero, hay una transacción de derechos de agua entre privados, que no es pública y que es imposible de fiscalizar quién tiene los derechos de agua. Cuarto, hay usurpación de agua, ya sea porque hay pozos clandestinos, hay captación de aguas subterráneas y no hay capacidad de fiscalización desde el Estado. Los grandes propietarios tienen grandes piscinas de acumulación de agua dejando a la gente más pobre sin acceso a agua.

Chile en algún momento se propuso convertirse en una potencia alimentaria…

Pero eso es imposible. Chile es un país que tiene ciertas características geográficas, climáticas, que hacen que sea muy interesante tener productos de elite, de buena calidad, que podría llevarlos a certificación orgánica, pero no tiene superficie para una producción de gran cantidad. Aquí hay un error desde los productores de pensar que podemos producir y exportar alimentos para alimentar al mundo. Lo que tenemos que apostar es a producir y exportar regionalmente. Este modelo genera un problema que es algo que no se ve, que es cuánto Chile ha dejado de producir sus alimentos, esa debiera ser la prioridad como país. Chile ya no produce todas las lentejas y porotos que consume., estamos importando una cantidad de alimentos que nos hace dependientes, por lo tanto, lo que hay que mirar es un modelo en el cual lo primero sea autoproducción al máximo. Segundo, exportación regional y no a mercados tan distantes como el europeo. Una reducción y mejor utilización del agua. Nuestra investigación apunta a que aquí hay que respetar el acceso al agua para las comunidades.