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La insoportable desorientación del Gobierno


Lunes 23 de diciembre 2019 13:07 hrs.


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Si hay algo irrefutable al cabo de 65 días de Estallido social, es que hay una relación directa entre la persistencia de las movilizaciones y la desorientación del Gobierno que, además, se agrava cada día. Este último síntoma se expresó, primero, en una serie de errores de diagnóstico, luego, en el ensimismamiento del Presidente y, por último, en la invocación a estudios que, aunque aparentemente han sido construidos sobre metodologías validadas, son tan inverosímiles que nadie termina por darles crédito.

Todo tiene que ver con todo: la decisión de proceder al llamado copamiento de la Plaza Italia el pasado viernes, con el horroroso y a todas luces intencional atropello del joven Óscar Pérez, y la filtración del informe de Big Data donde se atribuye al K-Pop, Ismael Serrano, Residente y otros la ultra-repetida injerencia extranjera en Chile, son síntomas del mismo y grave problema que hoy padece La Moneda: la incapacidad de hacer un diagnóstico adecuado sobre lo que está pasando.

Haga lo que haga el Gobierno no termina produciendo consecuencias en la realidad: las cosas no empeoran porque no pueden estar peor, pero tampoco mejoran, tal como lo demuestra la última encuesta CADEM, de reconocida afinidad al Gobierno, cuyos resultados nos despiertan, este lunes, con un 11 por ciento de aprobación y 81 por ciento de desaprobación al Ejecutivo. Con un presidente impermeable a la evidencia, con un grupo de asesores convencidos de que hay un comando chavista-castrista organizando la insurrección en las cloacas de nuestra ciudad, y con una Policía violentamente desatada, muy desafortunadamente la evasión -este tipo de evasión- se ha trasladado al entorno político más cercano del mandatario. La represión no ha disminuido durante la gestión del ministro Blumel (al revés, ha aumentado), el vocero de Carabineros se permite calificar la embestida contra Óscar Pérez como un accidente de tránsito, el intendente Guevara sostiene aún que asistimos a un mero problema de orden público y la intendenta Rubilar sale a defender el informe Big Data y la tesis de la intervención extranjera, cuando ya el país oscilaba entre el asombro y la sorna.

No es de extrañar que, entre todos estos errores, persista además uno de diagnóstico político, según el cual la ciudadanía está pidiendo mano dura y, además, se está retirando de la calle. Aunque los estudios que se han realizado en las últimas décadas dan cuenta que en el pueblo chileno existe una alta valoración del orden, la envergadura de los abusos cometidos de manera sistemática por el sistema contra los habitantes del país se ha traducido en una determinación que, de alguna manera, cambió el sentido común. A pesar de todos los sustos -reales y exagerados- que el discurso oficial emite hacia la población, según los cuales a la vuelta de la esquina están la recesión, la cesantía, el caos y muchos otros apocalípticos padecimientos, la voluntad de transformación está ahí y arrincona cada vez más al Gobierno.

Lo mismo ocurre con la confusión entre un fenómeno estacional (la Navidad y el Año Nuevo) y un decaimiento en régimen de las movilizaciones. Aquello no va a suceder, en primer lugar porque el Gobierno no ha contestado a ninguna de las demandas estructurales que ha planteado la ciudadanía (recordemos que el proceso constituyente es obra de una iniciativa de los partidos con representación en el Parlamento, donde el Gobierno estuvo más bien ausente). Y, en segundo lugar, porque la idea de que nada es peor que volver a la anterior normalidad está tan instalada que empuja las fuerzas hacia adelante. En ese contexto se requiere cada vez más dramáticamente conducción política, pero no la vemos en quienes tienen el mandato de dirigir todavía durante más de dos años los destinos del país.

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