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Año XIII, 24 de julio de 2021

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Patricio López

Mapudungun en la Convención Constitucional: Yo vengo a hablar por vuestra boca muerta

Patricio López | Miércoles 21 de julio 2021 11:33 hrs.


Hay quienes tienden a desdeñar el comportamiento de Teresa Marinovic en la Convención Constitucional. No tiene sustancia, se dice de ella, entre otras cosas, por lo que se supone que la opinión pública y los medios de comunicación deberíamos ocuparnos de otros asuntos. Pero aquí no queremos dejarlo pasar: primero, porque es una autoridad elegida democráticamente por el Pueblo para escribir la nueva constitución, es decir, el texto que ha de regir nuestra vida en común en el futuro. Y segundo, porque su comportamiento respecto a las representantes del pueblo mapuche en la Convención ha sido de la mayor gravedad.

El desprecio parecido al odio manifestado por Marinovic en contra de la presidenta Elisa Loncón y la machi Francisca Linconao, no es solo individual. Representa a más gente, lamentablemente. Así se deduce de la historia de Chile en el pasado y, en la actualidad, del silencio cómplice de las fuerzas políticas que respaldaron la postulación de Marinovic, tal como el de los medios de comunicación que han transmitido sus arremetidas acríticamente.

El comportamiento matonesco de esta constituyente, guardando las obvias proporciones, se parece al de los conquistadores imponiendo la cultura europea y cortando la lengua de los indígenas, porque no hablaban el idioma de los invasores. En Chile no fue distinto al resto del continente y la Colonia primero, y el Estado nacional después, hicieron un esfuerzo decidido para que los pueblos originarios abandonaran su lengua y hablaran castellano, es decir, “como todos los chilenos”. Cuando no operó la coerción, lo hizo la vergüenza ¿Cuántos mapuche y de otros pueblos dejaron de hablar su lengua y enseñarla a sus hijos, para que no vivieran la misma discriminación que ellos?

Cuando reivindicamos el derecho a hablar mapudungún dentro y fuera de la Convención, lo hacemos en nombre de esos pueblos y de esos cientos de miles de personas. La voz de Elisa Loncón o Francisca Linconao en la lengua del pueblo mapuche es como cuando Pablo Neruda, en su poemario Alturas de Macchu Picchu, invoca a los antiguos incaicos para decir “yo vengo a hablar por vuestra boca muerta”. Difícil que comprenda esto Teresa Marinovic, tal como el sentido profundo que el último premio nacional de Literatura haya sido entregado, por primera vez, a un poeta bilingüe, el mapuche Elicura Chihuailaf. Él, que también vino a hablar por aquellas bocas muertas, escribió ese maravilloso ensayo titulado Recado Confidencial a los Chilenos, donde llama al encuentro sobre el reconocimiento mutuo. De buena fe se lo recomendaríamos a Teresa Marinovic, pero no le va a interesar.

Afortunadamente, la reivindicación de los pueblos originarios avanza y nuestra convención es el primer órgano de la historia de la República constituido con escaños reservados. Es probable que transitemos hacia un estado plurinacional o al menos se dará la discusión. Aquello permitirá el reconocimiento de la vastedad, de la riqueza diversa de nuestra cultura. Esa diferencia produce odio en algunos sectores, quizás parecido al que producen las reivindicaciones feministas, de la diversidad sexual, de las comunidades migrantes y otras. Esa repulsión por la diversidad puede incluso terminar segando vidas y, por lo mismo, debe ser enfrentada en todos los planos. Como en esta columna.

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