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Davos: ¿La guerra del hambre?

El Foro Económico Mundial de Davos terminó este jueves con sombrías advertencias sobre la economía, la guerra y el hambre en los próximos meses. Un esquema nada tranquilizador para un mundo que ni siquiera ha derrotado aún la pandemia de Covid-19.

Luis Hernán Schwaner

  Jueves 26 de mayo 2022 16:32 hrs. 
Cumbre Davos

Los pronósticos negativos comenzaron de entrada, el lunes, durante la sesión inaugural del Foro, cuando la directora gerenta del Fondo Monetario Internacional (FMI), la búlgara Kristalina Georgieva, lanzó el primer dardo: “El horizonte se ha oscurecido para la economía mundial”, dijo. Explicó que la situación actual a nivel internacional está seriamente marcada por la inflación al alza, los bancos centrales endureciendo sus posturas, la deuda pública creciendo y la economía china ralentizándose a causa de la nueva arremetida del coronavirus. Se le preguntó si se vislumbra una recesión. Por el momento, en los países desarrollados aquello no está en el horizonte… “pero eso no significa que esté descartado”, fue su respuesta.

Por su parte David Beasley, el Director del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas reveló que las condiciones actuales son peores que las que se presentaron en 2007-2008, cuando se produjeron revueltas alimentarias en diversos países, especialmente en África y extensas zonas de Asia. “Aunque también es una situación que afecta a América Latina, continente que está entrando ‘en un periodo muy peligroso’ sobre todo por la inflación”, sostuvo Moisés Naím, analista venezolano en política internacional, advirtiendo que podrían acarrear “consecuencias económicas y sociales nefastas” motivadas en parte por la guerra en Ucrania, pero también por el bloqueo de sus exportaciones de grano.

También fue específico Achim Steiner, Director del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), quien testimonió que existen más de 200 millones de personas que padecen hambre aguda en el mundo. “Y cuando la gente ya no es capaz de alimentarse, cuando los gobiernos ya no son capaces de proporcionar alimentos, entonces la política se traslada rápidamente a las calles”, sentenció.

También hubo preocupación especial por la situación ambiental. Paul Simpson, director de la organización no gubernamental Carbon Disclosure Project (CDP), que impulsa a empresas, ciudades y gobiernos a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, salvaguardar los recursos hídricos y proteger los bosques, y que lidera la medición de sus resultados medioambientales, confía en que el debate sobre el suministro energético pueda “acelerar la transición” a las energías renovables. Ante el temor por el suministro de hidrocarburos rusos y la subida de los precios, “existe el riesgo de que, a corto plazo, algunos acaben quemando más carbón”, reconoció.

El enviado especial de Washington para el Clima, el ex secretario de Estado John Kerry, afirmó que actualmente se sobreponen diversas crisis en el mundo, pero dijo tener confianza en que es posible que exista la capacidad internacional de lidiar y buscar soluciones para cada una de ellas. “Podemos ocuparnos de la crisis ucraniana, así como de la crisis energética, al tiempo que nos ocupamos de la crisis climática”, afirmó.

Entre las celebridades que concurren tradicionalmente a Davos estuvo el compatriota de Kerry, el multimillonario George Soros. En las antípodas del positivismo exhibido por ex secretario de Estado, durante una cena al margen de la reunión, éste entregó nuevamente una pesimista visión sobre la situación actual del planeta: “La invasión de Ucrania por Rusia -dijo- puede haber sido el inicio de la Tercera Guerra Mundial. Y nuestra civilización podría no sobrevivir”.

El invitado de honor en la jornada inaugural de la conferencia, el lunes, fue el presidente ucraniano Volodimir Zelenski, quien pidió por videoconferencia el “máximo” de sanciones posibles y un embargo comercial total contra Rusia, incluyendo el petróleo y el gas. Además, pidió armas, preferentemente pesadas, aprovechando de criticar a la comunidad internacional por la lentitud de su respuesta, mientras su ministro de Relaciones Exteriores, Dmytro Kuleba, acusaba a la OTAN de “no hacer absolutamente nada” para terminar con la invasión.