Innovar desde las regiones: del laboratorio al primer cliente

  • 02-10-2026

Este 4 de octubre, Día Nacional de las Ciencias, la Tecnología, el Conocimiento y la Innovación, vale la pena hacernos una pregunta incómoda: no solo cuánta investigación y desarrollo somos capaces de generar en Chile, sino también cuánto de ese conocimiento logra transformarse efectivamente en innovación. Porque un prototipo o una nueva tecnología no innovan por el solo hecho de existir; necesitan ser probados, adoptados y, finalmente, generar valor en una empresa, una institución o en la sociedad.

En Tarapacá vemos cómo, año a año, surgen desarrollos en biotecnología, inteligencia artificial, agroindustria, minería, salud y logística. Existen capacidades, conocimiento y soluciones con alto potencial. Sin embargo, una vez que estas iniciativas salen del laboratorio comienza, quizás, la etapa más compleja: validarlas en condiciones reales, escalarlas y encontrar una organización dispuesta a convertirse en su primer usuario o cliente.

Este desafío no es exclusivo de Tarapacá. El Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación ha caracterizado más de 470 Empresas de Base Científico-Tecnológica, de las cuales cerca del 65% ha recibido apoyo público y más del 80% ha concretado su primera venta. Sin embargo, solo el 50,4% de aquellas registran ventas por sobre su punto de equilibrio. Estas cifras muestran que financiar I+D y crear nuevas empresas es solo una parte del camino; lograr que esas tecnologías alcancen el mercado, la escala y la sostenibilidad representa un desafío diferente.

A ello se suman brechas territoriales aún importantes. La infraestructura especializada, como los hubs, para apoyar procesos de pilotaje y escalamiento se concentra principalmente en Santiago, Valparaíso y Los Lagos, mientras que el norte del país aún no dispone de capacidades equivalentes. Esta desigualdad dificulta que los desarrollos surgidos en regiones transiten con mayor rapidez desde el prototipo hasta su validación comercial e industrial.

Pero incluso si resolviéramos esa brecha, seguiría existiendo un obstáculo decisivo: la demanda. Muchas grandes empresas y sectores tractores privilegian tecnologías ya probadas, con referencias comerciales y niveles de riesgo más bajos. Es una decisión comprensible desde la lógica operativa, pero al mismo tiempo limita las oportunidades para que los desarrollos nacionales obtengan su primera validación a escala real.

En este escenario, el sector público ha comenzado a entregar una señal positiva. A través de Mercado Público, los Contratos para la Innovación y los Diálogos Competitivos de Innovación abren nuevas posibilidades para que el Estado no solo financie desarrollos tecnológicos, sino que también se transforme en demandante y potencial primer cliente. Ahora, el siguiente paso es que el sector privado avance con la misma decisión, abriendo espacios para pilotear, validar y adoptar tecnología desarrollada en Chile y, especialmente, en sus regiones.

Si queremos construir un Chile más tecnológico y verdaderamente descentralizado, debemos completar el camino: del laboratorio al mercado, del prototipo al pilotaje y del pilotaje al primer cliente. Porque la innovación realmente comienza cuando alguien decide confiar, probar y utilizar una nueva solución.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.

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