Chile debería escribirse en plural: son en realidad varios países en vez de uno. Pensado en singular, exhibe una situación de ingresos medio altos, bajos índices de pobreza y el primer lugar regional en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) que realiza el PNUD. Al revés, pensado en plural, Chile es un país muy desigual. Estas realidades que atan a las personas a determinados lugares, más allá de su propia voluntad, erigen en el país un sistema de castas que urge que sea sacado de su invisibilidad.
El asesinato de Djon indignó a la comunidad haitiana y a la opinión pública. Pero esa aberración individual tiene su equivalencia a nivel macro, con un proyecto de ley que no resuelve el problema de fondo: todos los seres humanos deben ser sujetos plenos de derechos, sin importar donde hayan nacido.
Alejados de los grandes escenarios como la Alameda o el Estadio Nacional, los candidatos de hoy cierran sus campañas entre amigos, convencidos de que para ganar necesitan poca votación, la de sus cercanos. Al otro lado de la escena y frente a un televisor, la mayoría de la población nacional mirará como otros, nuevamente, definen su futuro, el de su familia y el del país.
Comer o mal comer no son solo problema individuales. En el mundo se han multiplicado por 10 los niños obesos. Como consecuencia, el sistema sanitario está cerca del colapso ¿Cuántos muertos como consecuencia del sobrepeso existirán en diez años? Respuestas que faltan (o sobran) en el debate político chileno.
Como dice el bolero, lo importante es “saber llegar” a ese edén de posibilidades que se ofrece para convertirse en moradores de La Moneda, del Poder Legislativo o del llamado poder comunal. Esto es, sueldos que suelen multiplicar por 30 o 40 veces el salario mínimo o abundantes y discrecionales recursos para contratar asesorías. Al mismo tiempo que cobrarle a los empresarios por las leyes que dictan en su favor.
De toda esta realidad Chile es ejemplo mundial, ya que es uno de los países que ha firmado más TLC, incluso por sobre Estados Unidos y China. Y ahora mismo, con el desconocimiento de las fuerzas políticas y la opinión pública, negocia las actualizaciones de los TLC con Canadá y la Unión Europea, ha firmado sin ratificar el TPP y el TLC con Uruguay, y avanza en un TLC con Argentina y en el Tratado Tisa.
En la víspera de este 11 de Septiembre, un grupo de dieciséis ex altos oficiales de las Fuerzas Armadas y de Carabineros publicaron una columna en El Mercurio donde advierten que no ha habido “debido proceso” en contra de los militares y carabineros impugnados por la Justicia chilena. Se trata de uno de los hechos más insólitos sucedidos en estos 27 años de posdictadura.
Más allá del estricto apego a la ley, el “estándar ético” propuesto por Carolina Goic ha puesto en el centro del asunto a una serie de otros parlamentarios vinculados a conductas reñidas con la ética. Radio y Diario Universidad de Chile revisó algunos de los casos emblemáticos.
El poderoso canciller prusiano afirmó una vez que “quién se haya enterado de cómo se fabrican longanizas o cómo se hacen las leyes, ya no podrá dormir en la noche”. A la luz de sus dichos, el actual Congreso de Chile parece ser una fábrica de salchichas.
Diputados rechazaron el informe Sename II en medio de acusaciones cruzadas, presiones de La Moneda y cálculos varios. Semana donde además la Coordinadora NO + AFP anunció un plebiscito, Bachelet comprometió el cierre de Punta Peuco y se concretó una masiva marcha de inmigrantes en medio de la discusión de la nueva ley de migración.
Por lo general las personas poderosas, influyentes o bien conectadas en Chile casi siempre se ven favorecidas. Basta con recordar varias “noticias” de la semana recién pasada.
En su octavo y último discurso presidencial, Bachelet descubrió la retórica política y colocó a su gobierno en una línea histórica que la emparienta con Aguirre Cerda, Frei Montalva y Allende Gossens. Es un loable intento por recuperar la iniciativa y por tratar de no entregarle nuevamente el poder a Piñera. Sin embargo, es una visión demasiado autocomplaciente.
Al observar más de cerca las encuestas y la correlación de las actuales fuerzas políticas chilenas, emerge un cuadro contra-intuitivo: el candidato derechista de Chile Vamos está más cerca de perder en las urnas, incluyendo las primarias, que de volver a La Moneda.
La foto semanal no es precisamente una para enmarcar. A los frentes de mal tiempo, que dejaron cientos de damnificados, se sumaron otras noticias como el récord de endeudados. Claro, los políticos no podían faltar: el patrimonio de Piñera y los negocios socialistas solo profundizan la crisis nacional.
La única preocupación de los dos principales conglomerados políticos del país es obtener el mejor resultado electoral para mantenerse en el poder. En esa ecuación, la ciudadanía no es una variable determinante.
La DC está en una posición incómoda. Nadie en el mundo político se cree el bluff de ir solos a primera vuelta, sobre todo considerando que la candidata falangista podría salir cuarta en noviembre.
Detrás de las frases hechas de la derecha se esconde un profundo vacío: Piñera no tiene un plan político que no sea aplicar la retroexcavadora al gobierno de la Nueva Mayoría.