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“Todo es cancha”: Nueve cuentos para leer en 90 minutos

Patricio Jara, Daniel Villalobos, Diego Zúñiga, Hérnan Rivera-Letelier y Marcelo Simonetti, entre otros, participan de una antología publicada por Alfaguara con relatos que giran en torno al balompié. De Bielsa a la farándula, de Marcelo Salas al Tierra de Campeones.

Rodrigo Alarcón

  Jueves 22 de mayo 2014 18:19 hrs. 





“Fue un partido excepcional. Una cosa de otro mundo. El sueño de todos los que estábamos ahí, en esas graderías y a esa hora de la tarde en la que el sol golpeaba duro en nuestras cabezas negras”. Freddy debuta con un golazo por la Selección Chilena en el Sudamericano Sub 20 de Iquique y uno de sus amigos del barrio recuerda ese momento estelar en Tierra de campeones, el cuento que Diego Zúñiga incluye en Todo es cancha. Antología de cuentos de fútbol, publicado recién por Alfaguara.

Son nueve relatos prologados por el argentino Eduardo Sacheri, connotado hincha de Independiente de Avellaneda, autor de varios relatos en torno a la pelota y guionista de Metegol, la película animada de Juan José Campanella.

En ellos el fútbol es un punto de partida para caminos diversos. Álvaro Bisama, por ejemplo, escribe sobre un hincha convencido de tener el número telefónico de Marcelo Bielsa, a quien le envía obsesivos mensajes de texto como “Te escribí un poema pero no pude mandártelo. Era como el avemaría pero salíai tú”.

Marcelo Simonetti, en cambio, retrata a un hombre que deja a su mujer e inicia una nueva vida: se hace hincha del Arsenal inglés por Nick Hornby, busca al equipo en la TV y se suma a pichangas donde los minutos pasan y no toca la pelota.

En otros, Sergio Gómez reúne a dos viejos cracks separados por las décadas y Francisco Díaz Klaassen narra la historia de un estudiante chileno en Estados Unidos, adonde también vagabundea el protagonista de Pablo Azócar, con el Mundial de España como telón de fondo.

Todo es cancha

“En realidad el fútbol siempre tiene que ver con otras cosas. No solo son 22 tipos adentro de una cancha corriendo detrás de una pelota, como decía Borges, sino que también sirve para entender procesos políticos o sociales”, dice Diego Zúñiga. “Mi cuento tiene que ver con cómo se sale de un lugar, cómo se sale de la provincia chilena y cómo eso además alimenta la ilusión de los amigos del protagonista, porque también es un cuento sobre la amistad. ¿Cómo te puede producir alegría que una persona que no es de tu misma sangre le vaya bien¡ Eso siempre me ha parecido un misterio que me gusta trabajar en la literatura”, añade el autor de Camanchaca.

Su relato tiene uno de sus polos en el fútbol amateur, uno de los tópicos repetidos en la narrativa futbolera. Es el que recoge Hernán Rivera Letelier en las dos páginas de Donde mueren los valientes.

También lo aborda Patricio Jara, quien construye un paralelo entre los triunfos de Chile en Wembley de 1998 y 2013, pero entre medio habla del Unión Bellavista, el Unión San Martín, las canchas del estadio Regional de Antofagasta y  balones con grasa de carnicería para que no se les despeguen los cascos.

“Es que en el fútbol amateur está todo”, explica Patricio Jara sobre la atracción que producen las canchas no profesionales. “Se hace y mantiene por la voluntad de quienes lo practican. No hay nada de por medio, salvo el honor y las ganas de jugar. No hay un sueldo, ni un premio final jugoso ni una copa como para dar la vida. Se mueve más por ímpetus personales, pequeñas revanchas de quienes lo juegan y, aun así, exige una disciplina súper grande. Hay gente que organiza su vida para dejar un par de horas del sábado o domingo para dedicarle a su equipo, ya sea jugando o incluso como hincha”, dice.

Sin embargo, otros escriben casi desde la disidencia: “Yo no sé mucho de fútbol, pero me interesa lo que pasa alrededor de la cancha, no dentro”, dice Daniel Villalobos, quien en Primera División asume la voz de una adolescente que junto a sus amigas se enreda con futbolistas, programas de farándula y discotecas. “Nos gustaban los futbolistas porque no eran apretados, tenían medios forros y al final eran como nosotras, hijos del rigor, cabros famosos de un día pa’ otro”, relata la protagonista.

“Siempre me ha intrigado la manera en que la gente a la que le gusta ve el fútbol, como si fuera una cosa completamente inocente. Escuchas a los hinchas hablando de los equipos y hacen una separación muy extraña entre la pasión por la camiseta y el hecho de que esto es un negocio y que dentro de ese negocio hay miserias humanas y explotación de personas como hay en todos los negocios”, señala Villalobos, crítico de cine y autor de El sur.

“Además, siempre me pareció interesante el machismo inherente al gremio, que las mujeres que están alrededor de los futbolistas aparecen como caricaturas y son vistas como muebles. Me parecía interesante explorar eso”, concluyó.