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Argos Jeria

Ventas engañosas

Argos Jeria | Lunes 18 de enero 2010 13:03 hrs.

En el momento de escribir esta crónica se está produciendo una elección presidencial que se adivina cabeza a cabeza. En mi comuna – con alcalde de derecha - se ve buses municipales acarreando adeptos. Por otra parte, el presidente de mi mesa me entregó el voto diciendo “aquí tiene su voto por...”.


En el momento de escribir esta crónica se está produciendo una elección presidencial que se adivina cabeza a cabeza. En mi comuna – con alcalde de derecha – se ve buses municipales acarreando adeptos. Por otra parte, el presidente de mi mesa me entregó el voto diciendo “aquí tiene su voto por…”. Ya había olvidado la forma en que los que no creen en la democracia representativa actúan en estos casos cuando tienen dominio territorial de la situación. Bien harían los jóvenes en estudiar las condiciones en que se acudió a las urnas en 1978, para realizar la así llamada “consulta” que luego serviría de excusa para hacer aprobar la Constitución que hoy nos rige, ilegítima en sus orígenes. Es que esa es la forma pequeña en que se traslada a la política las actitudes cotidianas en el vil mundo de los negocios. He aquí un par de ejemplos menores que tal vez a usted le haya tocado vivir.

La compañía de telefonía a la cual estaba suscrito permitía contratar unos servicios llamados dúos y tríos que combinaban teléfono, internet y cable. Durante un par de años contraté un servicio que incluía los dos primeros. Luego la compañía cambió de manos y recibí un mensaje por correo anunciándome posibles variaciones en el precio de mi contrato. En la parte medular me informaban que tenía 40 días a contar de la fecha de la carta para rechazar tales variaciones u optar por un posible cambio de plan. Lo primero que hice luego de leer el párrafo de marras fue mirar la fecha. Mi sorpresa primero e indignación luego ocurrió al verificar que la misiva llevaba por fecha simplemente “diciembre de 2010”; es decir, el plazo para pronunciarme vencía entre el 10 de enero y el 10 de febrero dependiendo del día de enero que considerase como fecha de envío de la misiva, una cuestión no menor considerando que recibí el mensaje hacia fines de diciembre. Como mantuve el plan, nunca me enteré de la fecha.

Hace poco hice reservaciones para un hotel en cierta capital latinoamericana, usando un buscador especializado en internet que hasta aquí me ha dado buen resultado. Lo interesante es que incorpora no sólo precios, ubicación y descripciones de los hoteles sino también la opinión cuantitativa y cualitativa de los usuarios, quienes asignan notas a varias dimensiones del servicio recibido y entregan comentarios en formato libre; como las notas se traducen finalmente en un índice de preferencias, es sencillo encontrar los puntajes más altos por rango de precio. Para efectos de reserva y eventual compra, el buscador opera redirigiendo al usuario hacia páginas afiliadas de organizaciones – como Expedia o Venere – que yo escojo de acuerdo a dos factores: el precio final que cada una ofrece y la experiencia previa con esa particular compañía. Esta vez el único valor lo cotizó una agencia nueva para mí; decidí operar con ellos. Una vez hecha y pagada la reserva me llegó un mensaje a mi correo electrónico confirmando el trámite y diciendo que el voucher o certificado a canjear en el hotel mismo me llegaría por ese medio en 48 horas hábiles. Lo sorprendente es que el mensaje agregaba: “asegúrese de contar con este voucher pues es el único documento que su hotel aceptará”; notable, pues la única forma de asegurarme era… que ellos lo enviaran. Como el documento no llegó en el plazo indicado, procedí a insistir por e-mail con la nueva agencia y, ante el silencio encontrado, a llamar por teléfono hasta lograr comunicación. Abrevio para decirle que el famoso voucher llegó casi diez días después de la transacción. Espero no tener problemas con mi reserva.

Lo más probable es que usted haya tenido muchas experiencias de este tipo en diversas formas: la imposible comunicación con su ejecutivo en el banco, el cobro por tardanzas, pero nunca el crédito por equivocaciones, los muebles que no llegan, el extraño cobro de comisiones, y así. Estar alertas a todas estas pequeñas sinvergüenzuras toma tiempo y desgasta el ánimo; otra razón más para buscar el Bello Sino.

El contenido vertido en esta Columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de Diario y Radio Universidad de Chile.