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Argos Jeria

Palos de videntes: Viglietti y Benedetti

Argos Jeria | Lunes 24 de mayo 2010 9:42 hrs.


Mi avión aterrizó  ese viernes a las 5:30 de la mañana, luego de un larguísimo viaje relativamente accidentado: casi pierdo una conexión y la aerolínea debió cambiarnos de avión debido a que dos de los cuatro baños estaban inutilizados. Partí a la casa donde dormí media hora antes de ducharme y partir a la Facultad. Luego de impartir mi clase de las doce y almorzar liviano, sentí que no podría mantenerme despierto hasta la noche. Llamé a mi mujer y le dije que no estaba seguro de poder asistir al concierto de Daniel Viglietti. Pero los misteriosos ciclos de sueño-vigilia funcionaron de forma tal que a las seis de la tarde me sentí alerta y animoso; partimos a la USACH.

Algunas semanas atrás me había escrito Pepe Palomo desde México para decirme que Viglietti lo había llamado para preguntarle donde quedaba la sala donde debía cantar en la Universidad de Chile. Nuestras discretas averiguaciones dieron fruto pues nos enteramos de que la presentación sería en el Aula Magna, pero de la Universidad de Santiago. Como no tuvimos acceso a más detalles (el diario que leemos no mencionó el evento), pensamos que sería una invitación que le habrían hecho los estudiantes, como aquella que lo había llevado a nuestra Facultad unos años antes hallándome yo fuera del país, a pesar de lo cual me firmó y dedicó un disco que mi mujer tuvo la gentileza de llevar. Pero esta vez la cosa era distinta. Llegamos temprano como para instalarnos en asientos junto al pasillo en el centro de la platea del hermoso y antiguo recinto. Nos encontramos con Eduardo Peralta – quien tuvo la gentileza de obsequiarme su último CD con musicalizaciones de poetas chilenos – y con otros conocidos. La sala fue llenándose hasta colmar los dos pisos con una audiencia predominantemente joven. Llegaron el rector y el embajador de Uruguay, anfitriones del encuentro para celebrar a la facultad de Humanidades de esa Universidad. Sólo ahí nos dimos cuenta de que se trataba de un homenaje a Mario Benedetti, el gran escritor uruguayo fallecido hace un año, recreando mediante recursos audiovisuales el ya mítico recital A Dos Voces que el cantautor y el escritor montaran en los ochenta y que quedara plasmado en un disco muy bien logrado.

Difícil describir sin emocionarnos lo que allí presenciamos. Viglietti habló con sencillez y cariño de alguien que parecía presente en la sala. Las canciones, poemas y pequeñas anécdotas se intercalaron de manera balanceada, amena y profunda a la vez. De manera muy sensata los responsables del recinto dejaron entrar a la multitud de estudiantes que protestaban por no haber logrado asientos; se ubicaron ordenadamente en los pasillos sin provocar mayor molestia mientras Viglietti hacía sonar la guitarra con maestría que no ha disminuido con los años. Cada cierto tiempo en la pantalla aparecía un afiche donde se leía los apellidos de los dos autores haciendo coincidir las
últimas cuatro letras, junto a dos caricaturas creadas por Palomo.

Pocos momentos se comparan a la estupenda recreación que hizo Viglietti de las paradojas contenidas en El Diablo en el Paraíso de Violeta Parra intercaladas con los Refranívoros en voz de Benedetti: “Si a uno le dan palos de ciego, la única respuesta eficaz es dar palos de vidente: ojo por ojo, lente por lente”, nos dijo don Mario para comenzar. Mientras pensaba que el escritor había sido un buscador activo e incesante del Bello Sino, me pareció que me hacía un guiño desde la pantalla mientras precisaba, alegre y futurista, “que contra el optimismo no hay vacunas”. El autor de La Tregua y Puntero Izquierdo y el compositor de Gurisito y la Milonga de Andar Lejos son, sin duda, grandes aliados en los tiempos que corren.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.