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Juan Pablo Cárdenas S.

Vileza y uniformidad

Juan Pablo Cárdenas S. | Jueves 5 de agosto 2010 14:04 hrs.


Los diarios del duopolio y los canales de la televisión uniformada le dieron particular cobertura a la situación de los presos políticos cubanos y se sumaron a la cruzada internacional por conseguir su liberación. Con estridencia, a todos estos medios les bajó una curiosa preocupación  por los Derechos Humanos en este país, aunque no pudieron consignar detenidos desaparecidos, torturados, ni ejecutados que pudieran darle más dramatismo a sus denuncias. Luego, sin embargo, tuvieron que enmudecer ante la liberación concedida por el Gobierno de Cuba de un conjunto de disidentes, en consideración a la petición de España y otros países. En todo este tiempo, estos medios periodísticos poco o nada dijeron respecto de los rehenes cubanos que siguen sufriendo trato inhumano y degradante en Estados Unidos, así como de tantos presos políticos que se mantienen en el campo de concentración de Guantánamo, que el régimen de Barack Obama mantiene en su enclave militar de esta isla caribeña.

A lo anterior se suma el franco apoyo que le dio dicha prensa a la reanudación de nuestras relaciones diplomáticas con Honduras, pese a todas las denuncias contra sus autoridades derivadas de un golpe de estado, elecciones espurias, la persecución de opositores y los extraños homicidios de seis periodistas en los últimos meses. Nada tampoco consignan estos medios de comunicación respecto de los horrores que se suceden en Marruecos, Guinea Ecuatorial y otros países amigos de los Estados Unidos y Europa, cuyas realidades no debieran ignorarse en este mundo globalizado que tanto encanta a los editores de estos periódicos y estaciones de TV.

Pero lo más indecente de los últimos años ha sido la forma en que estos medios ignoran la existencia de presos políticos mapuche en varios penales del sur, así como su ya prolongada huelga de hambre exigiendo un debido proceso y para denunciar la forma atroz con que se reprime y amedrenta a sus poblaciones y familiares. Protestar por la arbitraria aplicación de la Ley Antiterrorista que ha repugnado, incluso, a los propios jueces que reciben las acusaciones de los fiscales militares y cuyas causas finalmente deben sobreseer  por la inexistencia de pruebas que los acrediten como infractores.  Decenas de integrantes de nuestra etnia que son aprehendidos en cobardes redadas nocturnas, sufriendo el rigor de los servicios policiales que en la zona vuelven a cebarse con la sangre indígena para, finalmente, ser encausados con el beneplácito y la complicidad de los intereses empresariales de la Araucanía y los grandes órganos de prensa del país. ¡Cómo no extrañarse que de todas las escaramuzas que ha enfrentado a policías y comuneros mapuche hayan resultado tres de estos muertos y ni uno haya sido detenido portando armas de fuego como las que llevan consigo y usan las fuerzas represivas! ¡Cómo no indignarse frente a las acusaciones falsas que tuvieron procesada y privada de libertad por largos meses a una documentalista sin que nunca pudiera configurársele delito o falta alguna!

Seguramente que  diarios y canales esperan un trágico desenlace para abrir sus páginas y encender sus cámaras para, después del silencio, entrar a defender los atropellos que día a día acomete nuestro estado racista en contra de los derechos humanos de estos habitantes de Chile. Quienes, con razón, no pueden sentirse parte de nuestra nacionalidad después del maltrato sistemático recibido en 200 años de historia que nunca tuvieron en consideración  la heroica lucha que estos pueblos emprendieron contra del colonialismo español y en pro de la República promovida por nuestros libertadores.

No ayuda al buen criterio de las autoridades una prensa que oculta estos acontecimientos que de todas maneras sobrepasarán los filtros de la auto censura. Gracias, felizmente, a la conciencia internacional que existe y se moviliza frente a los delitos de lesa humanidad y el terrorismo de estado que se ejerce todavía en Chile en la invariable indolencia y política de discriminación racial de nuestros gobiernos de derecha, centro o izquierda respecto de la cuestión indígena. Felizmente hoy son los medios electrónicos ,un puñado de radios abiertas o comunitarias, como un conjunto de publicaciones modestas pero dignas, las que nos llevarán a romper el bloqueo informativo impuesto por lo que ayer justificaron los horrores de la Dictadura y hoy alientan los de nuestra pretendida democracia.

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