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Lo que dicen las palabras

Columna de opinión por Wilson Tapia
Jueves 11 de noviembre 2010 18:03 hrs.


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En estos días parecemos un país de refraneros. Empezando por el Presidente Sebastián Piñera, tan aficionado a citas memorables. Marcelo Bielsa también ha desgranado una o dos apostillas notables. Y para qué referirse a lo que se escribió y se dijo respecto de los 33 mineros. Hasta el parto de los montes fue citado.

Es como un afán de darle categoría a lo que se afirma, guiando el imaginario hacia la frase que quedó grabada en la memoria colectiva. Y cuando son meros juegos de palabras vacías, estamos frente a un ejercicio de la más pura estirpe de comunicación virtual. Un quiebre total con lo que representaba el refrán en el pasado.  Un mensaje que pretendía entregar valores o ser un aporte práctico en la cotidianidad. Como aquella que Plutarco atribuye a Julio César: “A la mujer de César no le basta con ser honrada, sino que, además, tiene que parecerlo”. Hoy, si César imperara en Chile, debería pedirle a Pompeya ser honesta y no sólo parecerlo. De allí puede surgir una cantidad de juicios éticos.

Pero los líderes locales no están en eso. Sólo a Bielsa le escuché algo como una moraleja.  Su comentario sobre Roberto Cereceda, el jugador de Colo Colo acusado de consumir cocaína, fue en la línea valórica.  Citó a monseñor Van Thuan “No hay santo sin pasado, ni pecador sin futuro”. Y le dio su apoyo total. No justificaba el consumo de una droga en un deportista.  Se limitaba a mirar al ser humano como es, con debilidades y fortalezas.  Y a apostar por estas últimas.  Ya vería Cereceda si era capaz de salir adelante.

El Presidente Piñera se ha visto incómodo en estos días.  Salió a defenderse de las acusaciones de manejos poco transparentes en el lío del fútbol.  Más derechamente, de intervenir de manera soterrada.  Y los comentarios subieron de tono cuando se recordó que Piñera sigue teniendo una buena cantidad de acciones de Blanco y Negro.  Esta es la sociedad anónima propietaria de Colo Colo. Y no es un tema menor.  Entre su paquete accionario (13,5%) y el de su consuegro, Hernán Levy Arensburg (24,5%), poseen un peso decisivo en la sociedad.  Levy llegó allí gracias a que compró las acciones de Gabriel Ruiz Tagle, actual subsecretario de Deportes, subalterno de su consuegro. Se podría decir que fue una operación en familia.

Cuando a Piñera se le mencionó como el titiritero de la operación contra Mayne Nicholls y Bielsa, la reacción presidencial resultó contundente. Primero anunció que vendería las acciones de Colo Colo.  Luego arremetió contra sus acusadores, a quienes señaló como responsables de una gran mentira.  Y lanzó otra de sus frases.  “Miente, miente, miente que algo quedará”, dijo. Piñera parafraseaba a Joseph Goebbels, arquitecto nazi de la propaganda de Adolf Hitler. Llamó la atención que en poco menos de un mes, el Presidente ha utilizado dos aportes del nazismo a la cultura mundial.  La anterior fue cuando firmó el libro de oro de visitas en Alemania y colocó en él “Deutschland über alles” (Alemania sobre todo), que era la apertura del antiguo himno patrio alemán de la época de Hitler.

Mientras las palabras se siguen amontonando en verdades fraudulentas, otros dos mineros murieron en la zona de Copiapó.  A unos cincuenta kilómetros de la mina San José.  Ahora fue en el pique ilegal Los Reyes, perteneciente a la Minera del Sur.  Su propietario, el ciudadano mexicano Germán Zayas Bazán, huyó del país.  Aquí quedaron los cuerpos sin vida de Daniel Lazcano (26) y Homero Aguirre (40). Resultó con heridas graves Mauricio Silva (21). Enfrentado a este nuevo drama, el popular ministro de Minería, Laurence Golborne, también sacó una frase. “No podemos estar controlando todos los piques mineros del país. Tenemos dos problemas, uno son las faenas y dos las actividades irregularidades”. ¡Brillante! Aunque hay un tercer problema que el ministro no considera: la conducta delictual de algunos empresarios. La intendenta de la Región de Atacama, Ximena Matas, también hizo su aporte: “Es complejo fiscalizar las minas ilegales”. No será una frase célebre pero es una mirada tan…certera.

En la otra vereda, las lenguas están afiladas como cuchillos. La oposición descubre con sorpresa y dolor que hay muchos compatriotas que son explotados.  Y, claro, la responsabilidad es del sistema neoliberal imperante.  Sistema que se consolidó durante veinte años que la Concertación gobernó con el mismo esquema que había implantado la dictadura.  Es decir, Chile siguió siendo el laboratorio de avanzada del neoliberalismo en el mundo.

Hoy está más que claro que a los humildes no se los puede defender sólo con palabras.  Sobre todo si éstas son falaces. La mayoría de las Pompeyas de la política chilena sólo parecen. Y están creando una sociedad en que la corrupción, la deshonestidad, el delito, son monedas que todo lo compran. Aquellos que debían ser referentes sociales, se han transformado en una manga de sinvergüenzas. Si no cree, mire al ex ministro socialista de la administración Lagos y ex presidente del Banco del Estado, Jaime Estévez.  Y hay muchos otros casos.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.