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Año XIV, 29 de septiembre de 2022

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La urgencia de los Saharauis

El reciente ataque de Marruecos sobre población saharaui hace más urgente el reconocimiento de Chile a la República Árabe Saharaui Democrática de modo de ser parte activa en una solución justa y pacífica de un conflicto que ya se arrastra por 35 años en África.

Vivian Lavín

  Lunes 15 de noviembre 2010 19:52 hrs. 
saharauis

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Cada 14 de noviembre, el pueblo saharaui recuerda el inicio de la ocupación marroquí de sus territorios. En estas fechas, recuerdan con dolor el ataque con napalm y fósforo blanco sobre una población civil indefensa cuyos gritos se ahogaron en la inmensidad del Desierto del Sahara. Y cuando se aprestaban a evocar nuevamente esos días de dolor, el ejército marroquí asestó otro golpe y destruyó el campamento instalado cerca de El Aiún, donde permanecían 20 mil personas en señal de protesta por una ocupación ilegal de más de 35 años.

Fue a mediados de la década de los 70, cuando mientras nosotros estábamos sumidos en nuestra propia dictadura, que Naciones Unidas conminó a Franco a abandonar los territorios que mantuvo España como colonia durante cien años en el Sahara Occidental. Por fin, la nación saharaui tendría su anhelada independencia y se convertiría en un país. Un sueño que se abortó de manera dramática y al poco tiempo, cuando el proceso de descolonización fue interrumpido en 1976, en el momento en que la potencia colonial abandonó al Sahara Occidental en manos de Marruecos y Mauritania, en medio de negociaciones que aún son consideradas ilegales por el derecho internacional.

Desde entonces y hasta ahora, el territorio que pertenece al pueblo saharaui es ocupado militarmente por otra dictadura, esta vez con aires más medievales, como lo es el reino de Marruecos imponiendo una soberanía que no es reconocida ni por las Naciones Unidas ni por ningún país del mundo. “Nadie le ha reconocido a Marruecos su soberanía y ha sido catalogada como una ocupación militar ilegal. Así se le ha conminado a Marruecos que permita al pueblo saharaui elegir su destino, convertirse en un estado independiente o ser parte de Marruecos”, explica el embajador en misión, Mohamed Laarosi.

Un muro de vergüenza

La vocación de libertad del pueblo sahraui quedó de manifiesto desde el mismo 14 de noviembre de 1975 cuando se produjo la ocupación. Un año más tarde,  nacía la resistencia con el denominado grupo independentista Frente Polisario, que proclamó su independencia creando la naciente República Árabe Saharaui Democrática (RASD).

Para mantener su supremacía, el gobierno marroquí ha utilizado uno de los símbolos más inequívocos de la intolerancia: un muro.

“A partir de la invasión, el pueblo saharaui quedó dividido entre quienes no alcanzaron a huir quedando bajo ocupación marroquí en una situación que se puede describir como de ghetto y los que se exiliaron en Argelia. También hay quienes quedaron en ciudades bajo ocupación, y allí Marruecos construyó un muro que dividió físicamente el territorio a través de 2 mil 700 kilómetros de largo”, explica el representante.

Noviembre Negro

Y quizás porque sea una de las zonas menos pobladas del planeta, es que pocos saben de la existencia de los saharuis, quienes comparten con América Latina lazos insospechados, como el haber sido herederos de la España colonial, por lo que pensamos y nos expresamos en el mismo idioma: el castellano, que es la segunda lengua oficial después del árabe. Tanto así, que ya hay presiones para que el Instituto Cervantes tenga una sede en el continente africano, donde un pueblo habla la lengua del Quijote, aunque sea en campos de refugiados donde viven más de un millón de personas.

Quienes más saben de los saharuis son sus vecinos marítimos, los canarios, los españoles de las Islas Canarias, quienes a menos de 100 kilómetros de distancia en el Océano Atlántico, recibieron a partir de 1975 las oleadas migratorias del hermano pueblo africano que escapaba del yugo marroquí.

Maribel Lacave es poeta y escritora canaria que nació en el Sáhara Occidental. Maribel vive hoy en Chile y hace un año, el 14 de noviembre de 2009, cuando el pueblo saharaui recordaba el inicio de la ocupación marroquí de 1975, por primera vez en su vida, no estaba en el Sáhara Occidental y desde Chile escribió el poema titulado Toda la Patria o el martirio, que dice: Hermanos saharauis (…) aquí estoy recordando el color de las dunas, la danza del Siroco en el Desierto, la luz de los misiles y los muertos. Aquí estoy sin que nadie sospeche el dolor que esta cifra maldita me provoca. Toda la patria o el martirio, gritarán los viejos y los niños”.

Nuevamente el pueblo saharaui tendrá un día de duelo en noviembre cuando recuerde ahora, el ataque que realizó hace unos días el ejército marroquí sobre población civil en las puertas de la capital, El Aiún, en momentos políticos muy particulares, como una ronda de conversaciones en Nueva York para cumplir por fin el reférendum que sigue bloqueado por Marruecos a pesar de las resoluciones dictadas por Naciones Unidas.

“Hace un par de días ha terminado la tercera ronda de conversaciones entre el gobierno de Marruecos y el frente Polisario, sin avances importantes. Sin embargo, la tensión allá es muy alta porque se ha producido una suerte de Intifada, una movilización creciente cuyo punto más álgido fue hace unas semanas, con la instalación en las afueras de la ciudad de El Aiún, un campamento que reunió a más de 20 mil haimas o carpas tradicionales saharauis alzamiento, con demandas como mejores condiciones de vida y también, de soberanía”, explica el presidente de la Asociación Latinoamericana de Amigos de la República Árabe Saharaui Democrática, Esteban Silva.

La tensión justamente ad portas de una nueva conmemoración de un fatídico 14 de noviembre fue el momento que aprovechó el régimen marroquí para inferir una nueva herida a ese pueblo. Lo que más horada a la conciencia internacional es que el Reino de Marruecos no ha respetado ni las resoluciones de las Naciones Unidas como tampoco los derechos humanos del pueblo saharaui, y una vez más ha desconocido los dictámenes incluso atacando a población civil, como lo hizo hace unos días y cuya situación verdadera se desconoce debido al bloqueo informativo y a la imposibilidad de ingresar a los territorios ocupados a periodistas que ha impuesto Marruecos.

“El ataque al campamento no ha podido ser dimensionado porque la zona está sitiada y no se permite informar a la prensa internacional, ni acceder a ella a los observadores y parlamentarios internacionales quienes han sido expulsados por el gobierno marroquí”, acusa Esteban Silva.

Los saharauis son herederos de la cultura árabe musulmán, pero se caracterizan por respetar la libertad de credo y el rol de la mujer en la sociedad, uno de los grandes déficits de los musulmanes fundamentalistas. Los saharauis son, a pesar de todos los inconvenientes, el pueblo más culto y desarrollado del continente africano.

Chile no se conduele…aún

Conscientes del valor de la autodeterminación, fueron quienes con más entusiasmo estuvieron a la cabeza de la creación de la Unión Africana en 1999, que es descrito como uno de los acontecimientos más importantes en la historia del continente negro y cuyo objetivo es acelerar la integración y solidaridad entre los países africanos y los pueblos de África, como también defender la soberanía, integridad territorial e independencia de sus estados miembros. Un estado que mantiene relaciones con más de 80 países en el mundo, cifra en la que no se cuenta Chile que de manera inexplicable aún no lo reconoce como Estado soberano.

El gobierno marroquí ocupa todas las estrategias de seducción para que el asunto saharaui salga de interés noticioso. “Invitaciones a políticos con todos los gastos pagado en hoteles de cinco estrellas… La dignidad de un pueblo no se puede comprar con un lobby tan insultante como este…menos mal,  que no surten efecto cuando el pronunciamiento del Parlamento ha ido en la línea de solicitarle al gobierno de turno que reconozca a la RASD”, denuncia Silva.

Pero el pueblo saharaui no se doblega e insiste en que Chile lo reconozca de manera definitiva y que recuerde que fue Marruecos el país que de manera sistemática se negó a apoyar todas las resoluciones en contra del gobierno militar que se dictaron el seno de naciones Unidas.

“Con el reconocimiento a la RASD, Chile entraría a participar de manera decisiva en el logro de un acuerdo pacífico, justo y duradero sobre el conflicto”, apunta el embajador en misión, Mohamed Laarose.

Luego del último ataque marroquí, destacados periodistas, presidentes de partidos políticos y parlamentarios chilenos presionaron al actual gobierno para que suspenda sus relaciones con Marruecos y le enviaron una carta al Canciller de RREE. La recepción del gobierno habría positiva cuando el director de la Cancillería para África señaló que Chile no es neutral y que en la Cuarta Comisión de UN había votado a favor del referéndum, una manera de probara el compromiso con los DDHH en su aspiración de ser parte de esa Comisión en Naciones Unidas.

Y es que no deja de resultar difícil explicar que un pueblo como el nuestro, castigado por una dictadura a la que el gobierno de Marruecos de manera permanente benefició desoyendo las condenas por el terrorismo de estado que se instauró por 17 años, no solidarice hoy con otro que por muy distante que se encuentre, hace su petición en nuestro mismo idioma: reconocimiento soberano.

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