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Jonás Chnaiderman

¿Y si la estatizamos?

Jonás Chnaiderman | Lunes 11 de junio 2012 8:53 hrs.


Supongamos por un momento que efectivamente el impulso que la derecha política le da a la educación superior privada es porque creen que los privados pueden hacerlo mejor que las instituciones del Estado y no porque tengan intereses mercantiles en dichas instituciones.

Supongamos también que, además de ese credo (no puedo llamarlo de otra manera, puesto que no hay evidencia que lo sustente), el actual gobierno de derecha también quiere proteger a la ciudadanía, en particular defenderla de posibles estafas.

Con esas dos premisas, me gustaría probarles que la mejor solución al último escándalo del área, el evidente negociado de la Universidad del Mar, es estatizarla.

Actualmente en Chile estudian 310 mil personas en universdidades tradicionales (del CRUCH) y 350 mil en las privadas no CRUCH.  De estas últimas, siete empresas concentran 185 mil matriculados, siendo la Universidad del Mar la sexta con mayor número: 20 mil ciudadanos de 14 ciudades a lo largo del país (datos SIES, Mineduc 2011).

Aceptando que el no pago de cotizaciones y sueldos de sus funcionarios se traduce en un perjuicio en la formación de los estudiantes y aceptando que los arriendos absurdos que se pagan a las inmobiliarias espejo impiden la inversión en el mejoramiento de la calidad, es evidente que el Gobierno no puede quedarse sin hacer nada: supongo que esa es la motivación para la investigación que el Mineduc anunció para aclarar la situación.

Entonces, algunas de las opciones son:
1) Darle un “tirón de orejas” a los actuales dueños y decirles: ¡no lo vuelvan a hacer! ¿ya?
2) De alguna manera lograr que cambien los dueños de la empresa, lo que probablemente implicaría que otra de las grandes privadas se convierta en aún más grande.
3) Transferir a los 20 mil estudiantes a otras instituciones y cerrar la empresa.
4) Estatizar la empresa, confiscar los inmuebles involucrados y convertirla en una nueva Universidad Estatal.

El Gobierno no puede arriesgarse a la opción 1: eso pondría a las familias en pie de guerra y terminaría por radicalizar el conflicto. Me atrevo a creer que esta alternativa sólo la defenderían los más extremistas de la derecha y los más tecnócratas la evitarían. Igual como en la dimensión política, fueron la minoría de derechistas los que fueron a homenajear al dictador, la mayoría del Gobierno sabe que ese acto fue un despropósito innecesario y lo mismo saben de dejar la Universidad del Mar tal como está.

Las opciones 2 y 3 traen consigo un lastre complejo de solucionar: la mayoría de los estudiantes ya pagaron la fase “jugosa” de las carreras, por lo que son de un atractivo dudoso para otros privados y por lo tanto el Estado tendría que amarrarles una marraqueta para que otras instituciones se hagan cargo: es difícil creer que alguien se quiera hacer cargo de un cacho de ese tamaño. El único atractivo sería el “negocio futuro”. Además estas alternativas tienen un inconveniente político: esas 20 mil almas son votantes que, dada la traumática experiencia, dudan del perfil de las universidades no tradicionales y podrían oponerse a esas soluciones.  Sin contar el ruido que haría que el Estado siga pagando marraquetas para privados.

En cambio, imagine usted al ministro Beyer anunciando la alternativa 4: “Dado el incumplimiento de la ley que prohíbe lucrar con la educación superior, el Gobierno ha decidido confiscar los bienes de los empresarios involucrados y hacerse cargo de sus estudiantes”.  De esa manera las demás empresas sabrán que ante la tentación de “portarse mal” corren el riesgo de ser confiscadas y (siempre bajo una forma de pensar de derecha), eso será un “estímulo” para promover el buen comportamiento de aquellos que deciden invertir en educación.

De esa manera, todos ganan: los estudiantes podrían aspirar a una educación “seria”, el Gobierno saldría muy bien parado en las encuestas y las universidades privadas ganarían legitimidad y seriedad del rol que se supone deben cumplir en nuestra sociedad ultraneoliberal.

¡Paff!  Y de repente desperté…  Bromas aparte, sería muy bueno saber luego qué rayos va a hacer el Mineduc con este asunto, son 20 mil chiquillos con un angustiante futuro.