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Roberto Meza

Economía 2015: Mejores Expectativas

Roberto Meza | Miércoles 12 de noviembre 2014 11:36 hrs.


La Encuesta de Expectativas Económicas del Banco Central recortó por décimo mes consecutivo la estimación de crecimiento del PIB para 2014, situándolo en 1,8%. Redujo, también, por quinto mes su previsión para 2015, desde 3,1% a 3%; mientras que para el 2016, las expectativas son de un crecimiento de 3,5%, las tres cifras por debajo de las proyecciones de Hacienda, que son de 2,1%; 3,6% y 4,3%, respectivamente.

Estas perspectivas obedecen al fenómeno de desaceleración económica, el que en Chile, dados sus mecanismos estructurales de ajuste automático, ha sido más rápido y profundo que en las otras naciones emergentes, tomando por sorpresa a actores académicos, políticos y empresariales.

Porque contrario a lo que pareciera indicar la Encuesta del Central, las expectativas de los agentes han tenido permanente sesgo optimista, en la medida que, entre octubre de 2013 y septiembre de este año -salvo febrero y mayo de 2014- las previsiones de Imacec han sido siempre mejores que las reales, mostrando que los agentes han esperado una también rápida recuperación de la actividad frente al frenazo observado desde enero de 2014. En los hechos, que la desocupación promedio no haya aumentado dramáticamente (6,6%) muestra que el empresariado no ha tomado aún la decisión de reducir drásticamente sus plantas, hasta no tener certezas que el freno es de más largo plazo.

La caída del crecimiento, empero, tiene derivadas en materia de gestión fiscal (y política) en la medida que estaríamos frente a un escenario de déficit presupuestario extendido en el tiempo, a raíz de la brecha entre el PIB esperado y el efectivo, el que para el 2014 supera ya el 3% (4,9% previsto para el Presupuesto 2014 y 1,8% estimado efectivo), y que para 2015 y 2016 no parece mejorar. En efecto, las cifras muestran nuevas potenciales diferencias entre el 3,6% estimado por Hacienda y 3% que esperan los actores en 2015, y en 2016, entre el 4,3% previsto por la autoridad y el 3,5% de las expectativas de los especialistas encuestados.

Y si se considera que por cada décima menos de crecimiento la recaudación fiscal cae en unos US$ 60 millones, la brecha de menores ingresos del Estado ascendería a US$ 1.800 millones este año; a US$ 360 millones en 2015 y a US$ 480 millones, es decir sobre US$ 2.600 millones de menores ingresos en los próximos tres años (el costo de un año de la reforma educacional).

Considerando estas presiones de gasto fiscal de los próximos años, parlamentarios de diverso signo han manifestado su preocupación en la discusión del Presupuesto 2015, presentando dos opciones para evitar reducir dicho gasto: aumentar el tope de endeudamiento 2015 (actualmente en unos US$ 8 mil millones), o repatriar recursos del Fondo de Estabilización Económica y Social (FEES), que a septiembre acumula un valor de mercado de unos US$ 15.000 millones. También, por cierto, hay quienes se manifiestan a favor de una reducción del gasto, moderando el ritmo de aplicación de algunas de las reformas del Ejecutivo.

Como se sabe, la Comisión Mixta ha despachado más del 50% de las partidas del Presupuesto para el próximo año, dándole visto bueno a los recursos para los ministerios del Trabajo, Hacienda, Bienes Nacionales, Agricultura, Medio Ambiente, Deporte, Obras Públicas y Justicia, entre otros, aprobando así 19 de las 26 partidas que contempla el proyecto. El jueves, la Comisión analizará las partidas pendientes hasta su total despacho, para que, a contar de la próxima semana, siga su tramitación en la Cámara. Así y todo, quedan por definir partidas controversiales en las que no hay aún acuerdo Hacienda-Congreso, entre ellas, las de los ministerios de Educación (especialmente por los recursos destinados a las Ues. del CRUCh y las privadas); y Salud (dineros destinados a la atención primaria y aumento de los aportes per cápita basales).

En un entorno mundial en el que la nueva locomotora es EE.UU., con China en ralentí y Japón y Europa en peligro de recesión, el precio del cobre no parece tener mejores perspectivas para este año, ni el próximo, respecto de sus actuales niveles de precio promedio (US$ 3,1 la libra). Pero se presentan buenas posibilidades para la industria forestal (maderas y celulosa) cuyas exportaciones llegan ya a los US$ 6 mil millones; y la actividad frutera, con envíos que alcanzan a casi a los US$ 5 mil millones. También se podría esperar mejores resultados para las industrias del vino, salmón, turismo y servicios, dado el tipo de cambio más alto esperado. Así y todo, nuestra dependencia de la minería (50% de las exportaciones) hace que los crecientes aportes a los ingresos de estas otras industrias sean insuficientes frente a una caída más brusca de esa actividad principal.

¿Por qué entonces con la economía desacelerada, la inflación supera el techo de la banda del BC? De una parte, las remuneraciones han mostrado un alza promedio de 6,5% en 12 meses y, de otra, el alza del dólar ha “importado” inflación, mientras que, en paralelo, ha posibilitado un alza de exportaciones de alimentos, lo que junto al aumento de impuestos de la reforma tributaria ha impulsado mayores precios que superan con lejos a las demás: sobre 15% anual.

Todo parece indicar, empero, que en septiembre se llegó a un punto de inflexión y que en el cuarto trimestre las cifras de IPC deberían ser más consistentes con el frenazo económico. En los hechos, la encuesta del Central proyecta una variación de 0,1% durante noviembre y en diciembre, el IPC no presentaría variación. Para el Imacec, en tanto, prevé una mejor variación de 1,5% en octubre, mientras que el tipo de cambio se ubicaría en un valor de entre $ 590 en dos meses y en $ 600 en 11 meses, favoreciendo el mejor ritmo exportador.

Así las cosas, es probable que la economía vaya volviendo a sus cauces y que las expectativas, afectadas por factores externos e internos, mejoren a contar de comienzos del próximo año, retomando un ritmo de actividad apalancada por las inversiones públicas, primero, y luego, por un sector privado con renovadas confianzas –tras mejoras de actividad en Europa y Asia-, así como consecuencia de acercamientos entre el Gobierno, partidos y dirigencias gremiales empresariales y laborales y término de las incertidumbres por los cambios normativos, los que, junto a la ralentización internacional, han afectado las nuevas inversiones. De ser así, las temidas brechas entre PIB proyectado y efectivo se cerrarían, evitando más endeudamiento o gasto de liquidez de los Fondos de Estabilización.