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Pablo Jofré

Análisis internacional:

Integrismo e islamofobia

Pablo Jofré | Miércoles 21 de enero 2015 20:18 hrs.


En los últimos años, el interés por los temas relacionados con el mundo musulmán ha ido en aumento, sobre todo lo relacionado con el accionar de aquellos grupos considerados radicales dentro de las sociedades donde el Islam es mayoritario y que con ese actuar invisibilizan la enorme riqueza de esta cultura y su aporte al desarrollo en el planeta.

Previo a cualquier análisis es necesario tener claro que EIIL (Daesh en árabe) o Al-Qaeda no deben vincularse en modo alguno al Islam o a conceptos como la Yihad. Esta interesada asociación es propio del análisis de quien no conoce el Islam, de una prensa occidental que con claras intenciones políticas trata de mostrar una cara violenta del Islam y los musulmanes.

Y para ello hechos como los de París generan marchas con un claro sentido islamófobo. En Alemania, por ejemplo, bajo la guía del autodenominado grupo de Patriotas Europeos Contra la Islamización de Occidente (PEGIDA, sus siglas en alemán: Patriotische Europäer gegen die Islamisierung des Abendlandes) unido a la matanza de una decena de personas del semanario satírico francés Charlie Hebdo y otras cuatro personas muertas después del intento de rescate tras un secuestro asociado a dicha acción, sacaron a la calle a cientos de miles de alemanes y franceses. Ya sea a favor de las posiciones xenófobas, racistas y islamófobas, como también en contra de esos grupos, que al amparo de estas acciones pretenden presentar a la comunidad musulmana residente en Europa como culpables, no sólo de las dificultades políticas y económicas, que vive gran parte del Viejo Continente, sino también hacerlos cómplices de la acción marginal de grupos terroristas que usan la excusa del Islam para cometer sus crímenes.

Pero esta expresión de horror, con líderes políticos de decenas de países, reunidos para condenar la acción de un trio de terroristas no se ha visto cuando se trata de condenar las acciones de Daesh y quienes los apoyan (cuyos gobernantes estaban también en esa marcha parisina, como Benjamín Netanyahu por ejemplo) y los 220 mil muertos en Siria o los miles de muertos kurdos o reprobar los atentados en Bagdad, Yemen, en Kabul o cualquier otra parte donde las acciones terroristas cobran la vida de decenas de miles de fieles musulmanes.

¿Vale más la vida de un parisino, un europeo que un musulmán? Cuando Occidente deje esa doble moral, ese doble rasero frente a los hechos que suelen tener como causa la propia ineficacia de sus políticas contra los pueblos del mundo, ese día podrán unir las manos condenando todo tipo de terrorismo, sin que se piense que es más una máscara hipócrita que un deseo honesto.

El semanario Charlie Hebdo, tras la masacre del 7 de enero volvió a salir a los quioscos. Cinco millones de ejemplares que se agotaron el primer día de salida, mostrando nuevamente la figura del Profeta del Islam en su portada. Mientras que no es razonable, ni lógico, ni sensato, publicar dibujos y películas que ofenden al Profeta o atacan al Islam. Si se está de acuerdo en que los autores del atentado en París son una minoría que no representa al Islam y a los musulmanes, ¿cómo se puede responder con actos que no están dirigidos contra ellos, sino contra el Profeta venerado por 1500 millones de musulmanes?

De amigo a enemigo mortal

Esta idea ha tenido un lento y sostenido discurrir, ha sido influida por una serie de una serie de acontecimientos, que tiene su momento catalizador con la lucha llevada a cabo por grupos armados contra la invasión de la ex Unión Soviética (URSS) a Afganistán, entre los años 1979 y 1989, desarrollándose, a partir de allí una serie de movimientos integristas, que basaban su actuar político en concepciones radicadas en la doctrina takfirí y Wahabita. Grupos aliados de occidente en ese momento, enfrascados en una lucha con el Bloque de países liderados por la ex URSS.

Si de algo sirve la historia en esta intríngulis derivada del ataque a Charlie Hebdo es recordar, por ejemplo, que esa invasión soviética a Afganistán en diciembre del año 1979, en plena Guerra Fría, llevó a Estados Unidos, junto a gobiernos aliados como Paquistán y Arabia Saudita a crear, organizar, financiar y abastecer de armamento a una guerrilla en clara oposición ideológica con el comunismo, Guerrilla reclutada en todo el mundo árabe y musulmán, principalmente en Afganistán, Paquistán y Sudán instruyéndoseles en Arabia Saudita y las madrazas repartidas por el mundo musulmán, en torno a una concepción radical con base en la doctrina Wahabita.

En Afganistán, por ejemplo, contarían con la inestimable ayuda estadounidense, que en ese momento utilizó como herramienta útil al millonario de origen yemenita Osama Bin Laden. En aquel tiempo, el expresidente estadounidense Ronald Reagan proclamaba, a los cuatro vientos, su admiración por los grupos radicales que luchaban contra la ocupación soviética, saludando a esos movimientos radicales anticomunistas de Afganistán como “luchadores por la libertad”. Nunca antes el “cría cuervos y te comerán tus ojos” se expresó con tanta propiedad.

Para la estudiosa del mundo musulmán, la española Gema Martín Muñoz esa experiencia va a ser el germen de la radicalización de un grupo de hombres, que amparados en su experiencia de combate y “adoctrinados en una doctrina rigorista e intransigente, vivirán la exaltación de la victoria sobre el comunismo y la experiencia del triunfo a través del combate. Cuando vuelven a sus respectivos países de origen van a rechazar la moderación de otras organizaciones, donde podían integrarse y lo que harán es nutrir las ramas más radicales y violentas” pero ahora teniendo como blanco de sus acciones a los mismos que les permitieron desarrollar sus acciones, apertrecharse y consolidar sus organizaciones.

No es posible entender el desarrollo de Al-Qaeda sin el financiamiento de Madrasas en Paquistán y Afganistán, como no es posible entender hoy la fortaleza de Daesh sin el sostén dado en su oportunidad por Arabia Saudita, las Monarquías Árabes del Golfo Pérsico y la luz verde dada por Washington para el surgimiento y evolución de estos grupos destinados a enfrentar a los enemigos de los intereses de Estados Unidos y el régimen de Israel en la zona de Oriente Medio. Hoy, ese interés se ve redoblado por las acciones de Daesh y su supuesta influencia sobre grupos radicales al interior de las sociedades europeas, que ha significado que contingentes cada día más numerosos de jóvenes de ese continente dirijan sus pasos a territorio donde opera Daesh y vuelvan a sus países imbuidos del pensamiento takfirí.

Tras la experiencia afgana contra los soviéticos, se adicionaron una serie de intervenciones de Estados Unidos y sus aliados: en Irak que repetido la intervención e invasión de su territorio en dos ocasiones. En Afganistán, invadido nuevamente el año 2001 bajo la excusa del combate al movimiento talibán y la captura de Osama Bin Laden. Se consolidó una red de Bases Militares y Navales de Estados Unidos y la OTAN en el Golfo Pérsico y el Medio Oriente. Se ha trabajado, a partir del año 2011 en derribar a gobiernos árabes en el Magreb, como también seguir apoyando – desde 1948 a la fecha – la política de expansión, ocupación y represión del régimen de Israel contra el pueblo palestino. Sumemos a ello el avalar y apoyar financiera, militar y políticamente la guerra de agresión contra Siria, que tiene como objetivo, no sólo derribar al Gobierno de Bashar al Assad, sino también consolidar una política de cerco contra el Gobierno de Irán. Hoy, en ese marco, se constata como los grupos terroristas takfirí, como Daesh y Al-Qaeda y sus distintas franquicias en Mali, Níger, Mauritania, Paquistán, Afganistán, Yemen o Paquistán, verdaderos monstruos políticos y militares creados por Occidente, tratan de imponer su ideología radical a costa del sufrimiento de millones de musulmanes.

El efecto de esas políticas, para inquietud de los padres putativos de los engendros terroristas, es que el influjo radical takfirí ha ramificado sus acciones a territorio europeo. Es así que a inicios del año 2015, esta expansión ha tenido su caja de resonancia con los hechos que condujeron al asesinato de una veintena de personas con el ataque al semanario satírico francés Charlie Hebdo y la posterior ejecución de los autores materiales de la masacre. Los hechos tienen una carga de interrogantes, que hacen pensar en la posibilidad de un tipo de acción, denominada en la jerga de las agencias de Inteligencia, como bandera falsa es decir, aquellos atentados o sucesos provocados por los gobiernos o grupos de Inteligencia de los propios países que sufren esos atentados, mediante operaciones secretas.

Agencias, que al amparo de estas operaciones usan a grupos o individuos como chivos expiatorios, para concretar actos terroristas que les permitan aplicar posteriormente, políticas de restricción de libertades públicas en aras de la “seguridad nacional”. Como también conseguir el aval de organismos internacionales, para llevar a cabo operaciones punitivas a países y gobiernos que esas agencias y sus gobiernos consideran culpables de terrorismo o cómplices de terrorismo. Como también catalizar procesos sociales donde parte de la población, en este caso en Europa, bajo un marco de islamofobia tiende a culpar a los “otros” de sus desdichas y pesares políticos y económicos.

Los medios europeos han señalado que los hermanos Chérif y Said Kouachi, autores de la matanza en el semanario satírico galo y Amedy Coulibaly, que asesinó a un policía y a cuatro personas en un supermercado en Francia, estuvo sujeto a vigilancia policial hasta poco antes de cometer sus crímenes por los servicios antiterroristas. Acción que se interrumpió hace unos meses. Said estuvo bajo la mira policial entre noviembre de 2011 y junio de 2014, y Chérif, por su parte, tuvo el teléfono intervenido entre noviembre de 2001 y finales de 2013. ¿Qué pasó? ¿Qué hizo detener esta investigación? ¿Cómo tres hombres sindicados como radicales y con acciones de apoyo a grupos takfirí se les deja de vigilar? Seguramente no han sido problemas financieros, y no es descabellado pensar que detrás de las acciones de estos ya ejecutados personajes, se encuentren servicios de seguridad de países occidentales y de Medio Oriente.

En esta línea de opiniones se ubica también la del el ex subsecretario estadounidense del Tesoro, Paul Craig Roberts, quien señaló que el ataque terrorista contra Charlie Hebdo en París “es una operación de bandera falsa, diseñada para mantener a Francia como Estado vasallo de Washington. Los sospechosos pueden ser tanto culpables como chivos expiatorios. Basta recordar todos los complots terroristas creados por el FBI que sirvieron para dar una apariencia de realidad a la amenaza terrorista ante los estadounidenses” señaló este crítico republicano en un artículo publicado en su sitio Web, agregando que “La policía encontró el documento de identidad de Said Kouachi en la escena del tiroteo. ¿Les suena familiar? Recuerden que las autoridades estadounidenses afirmaron, en su momento, haber encontrado el pasaporte intacto de uno de los presuntos terroristas del 11 de septiembre del año 2001, entre las ruinas humeantes del World Trade Center. Cuando las autoridades descubren que los pueblos occidentales estúpidos van a creer cualquier mentira transparente, recurren a la mentira una y otra vez”.

Por su parte, el Alcalde de Ankara, la capital turca, Melih Gokcek, aseguró que detrás de los hechos en parís se encuentra el Mossad que con este tipo de acciones atiza la islamofobia causando este tipo de incidentes y como represalia al Gobierno francés que había expresado hace pocas semanas su apoyo a la creación de un Estado Palestino y eso, para los halcones del régimen de Israel resulta intolerable.

En la misma dirección se pronunció el Diario estadounidense International Business Times quien sostuvo en una declaración, que eliminó a las pocas horas que “el Mossad es el primer candidato, ya que el régimen de Israel intentaba vengarse de Francia por el voto que dio el pasado diciembre a favor del proyecto de la resolución pro-Palestina, que buscaba acabar con la ocupación israelí antes de finales de 2017, en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU), añadió ese artículo publicado el jueves. Además, el Parlamento galo votó el pasado 3 de diciembre a favor de la creación de un soberano Estado palestino. Igualmente, el régimen de Tel Aviv pretendía mostrar que los musulmanes eran autores de este atentado terrorista y para ello la inteligencia israelí había pagado a unos árabes “musulmanes” para llevar a cabo ese ataque”.

Los hechos de París pusieron, nuevamente en el tapete, la necesidad de comprender de qué se habla cuando nombres como fundamentalismo, grupos radicales o terroristas irrumpen a fuerza de balas y muerte. Conocer quién es el responsable tras los que aprietan el gatillo y sobre todo la precaución de tener muy presente, que detrás de acciones desestabilizadoras como las de París suelen encontrarse decisiones de grupos de inteligencia con objetivos determinados por círculos de poder más allá de la mirada inicial de los que condenan estos crímenes, léase: el Mossad israelí, la CIA estadounidense, la General Intelligence Directorate, también conocida como Istakhbarat saudí. La francesa Direction générale de la sécurité extérieure y el MI5 inglés.

El prejucio como enemigo

Tras los atentados terroristas del 11 de septiembre del año 2001 en Estados Unidos, se comienza a motivar en la sociedad internacional una serie de estereotipos y prejuicios sobre el conjunto del mundo musulmán, metiendo en un mismo saco la rica amalgama política y cultural de estas sociedades. Es así que los medios de comunicación y líderes políticos occidentales comienzan una utilización indiscriminada de conceptos, para designar al islamismo denominándolo indistintamente como integrismo, fundamentalismo, activismo religioso, extremismo religioso radical. Esta multiplicidad de nombres muestra la dificultad de comprender el fenómeno y aún más dificultad en entender tanto su especificidad como su heterogeneidad.

Fundamentalismo es un término, que en su origen, se utilizó para designar a los grupos cristianos, básicamente bautistas, luteranos y presbiterianos que pugnaban por un regreso a los fundamentos del cristianismo. La primera vez que apareció el término “fundamentalista” fue en una serie de ensayos que se publicaron entre los años 1910 y 1915 cuyo título era Los Fundamentos por los Evangelistas Británicos y Americanos. En cuanto al término integrismo, éste se refiere a la oposición a las innovaciones en materia religiosa y está estrechamente ligado al catolicismo europeo. Por ello es más certero hablar de Movimientos Radicales, refiriéndonos con ello a ciertos milicianos, que pretenden resolver los problemas políticos y sociales por medio de su propia interpretación religiosa.

Y es más acertado hablar de movimientos por la diversidad de grupos organizados bajo distintas banderas programáticas, aunque con ciertas características similares entre ellos derivados de un origen social, económico, político y cultural determinado. El abordar el estudio de estos movimientos se debe considerar un conjunto de factores y no como meras expresiones inherentes a la esencia del Islam. Para el escritor Libanés Amín Malouf “La forma de vivir la religión tanto del Islam, como del cristianismo, ha cambiado profundamente, y sin embargo, el abismo entre los dos sigue intacto. Siguen viéndose con las mismas ideas superficiales y preconcebidas que han tenido siempre el uno del otro”. Para tratar de superar aquello que sostiene Maoluf, primero es pertinente distinguir entre Islam e Islamismo.

El Islam es la religión, el sistema de creencias en un solo dios que cuenta con una serie de preceptos definidos en el Corán. El islamismo es el movimiento contemporáneo que considera Islam como su ideología política y como el vehículo que permitirá acceder a mejores condiciones de vida para las sociedades musulmanas. Igualmente no es lo mismo hablar de musulmán que islamista. El musulmán es el creyente que abraza el Islam como su religión. El islamista es quien hace del Islam, en la manera en que él lo entiende, el determinante de su identidad, el medio único y perfecto que permitirá restaurar la justicia perdida en las sociedades musulmanas.

Para el analista José Durán Velasco “el término “fundamentalismo” es un cajón de sastre que a fuerza de aplicarse a cosas distintas significa muy poco. Es un término que en Occidente se utiliza para descalificar todo movimiento del mundo musulmán que vaya contra los intereses de Estados Unidos”. Afirma Durán Velasco, que el Wahabismo, que pretende ser “el pensamiento único” en el Islam, es un ultra-hanbalismo que rechaza como bid´a (innovación herética) todo lo que no encaja con su cerrada idea del Islam. Esta versión del Islam se ha difundido fuera de Arabia Saudí gracias a la financiación de los petrodólares saudíes.

No hay en el mundo islámico una forma de Islam más fanática e intolerante que la saudí, pero eso no impide que Arabia Saudí, figure en “el eje de los moderados” de Estados Unidos y que exista una alianza fáctica – no sólo entre un gobierno de una democracia representativa con una monarquía como la saudí – sino también entre fundamentalistas neocons protestantes y los wahabíes a despecho del odio teológico que los fundamentalistas protestantes profesan a los musulmanes y el que los fundamentalistas wahabíes profesan a los cristianos. Tras esa alianza teológicamente incomprensible no es difícil percibir una colaboración plutocrática de intereses creados.

Los movimientos terroristas avalados por la alianza teológica mencionada son tremendamente reactivos  ante la secularización y el proceso globalizador que vive el mundo,  al considerar que ello trae aparejado una erosión de los valores de la Sunna, pero esa crítica a lo secular y moderno es utilizada para difundir su mensaje a través de los instrumentos que la propia modernidad se ha dotado, como es el caso de Internet. Son entidades dotadas de una moral maniquea ya que fuera de ellos sólo está el mal, un mundo corrupto y contaminado. El absolutismo y la infalibilidad de su creencia son característicos de estas formaciones, al igual que la presencia de ideas milenaristas y mesiánicas donde prometen la victoria del creyente, el final del sufrimiento y la espera. Ello se vislumbra en publicaciones como Inspire de Al Qaeda de península Arábiga o la revista Dabiq de Daesh que a la par de exaltar sus valores, adoctrina, enseñan y llaman a la guerra contra los que conideran sus enemigos.

Si bien el islamismo es un fenómeno aún marginal,  dentro de las sociedades musulmanas, en el sentido que ellos constituyen aún una minoría, tienen una gran relevancia política para los gobiernos nacionales quienes lo consideran un foco de tensión dentro de sus sociedades y una preocupación constante por la posibilidad que causen inestabilidad interna e influencia regional como es el caso de los gobiernos de Egipto,  Argelia, Filipinas, como también de Rusia y China que han tenido que contender contra grupos que en el auge de estos grupos radicales han conseguido asestar duros golpes a la seguridad pública de estos países.

Desde el fin de la II guerra del Golfo muchos regímenes totalitarios árabes, como el propio Kuwait y Arabia Saudita contaron con apoyo occidental para su supervivencia desechando cualquier intento de democratización y respeto a los DD.HH. Los efectos de una globalización dominada por las grandes potencias someten a las poblaciones del Tercer Mundo a difíciles situaciones sociales, políticas y económicas acrecentando la influencia e intervención extranjera. El proceso de fragmentación de Irak,  el apoyo estadounidense a Israel en sus acciones de agresión contra los territorios palestinos  ocupados y la  tendencia a mantener el aislamiento y cerco al gobierno de Irán,  tendrán enorme implicancia en el sentir del mundo musulmán. Como también el hecho de permitir el surgimiento y desarrollo de políticas y movimientos con el racismo como eje de acción y en los últimos meses con una clara señal de islamofobia.

Esa política al interior de los países y su proyección exterior retroalimenta y explica, pero en modo alguno justifica, la aparición y desarrollo de esos grupos minoritarios extremistas islámicos, que ejecutan las más abyectas acciones contra quienes consideran sus enemigos. Queda por ver aún quién está detrás de los atentados del pasado miércoles 7 de enero en Paris, que ha posibilitado el punto de partida de una política que restringirá las libertades públicas en pos de una “seguridad nacional” como ya lo han gran parte de los países de la UE además de Estados Unidos, Canadá y Australia, cuyos responsables de seguridad se han comprometido a reforzar el control de fronteras, desbloquear la directiva de datos de pasajeros aéreos a los que se opone el parlamento Europeo y necesidad de profundizar los controles en las fronteras de “determinados viajeros”. El ataque a Charlie Hebdo ha dado la excusa perfecta para atizar el fuego de la intolerancia.

Poner fin al veneno de los movimientos terroristas requiere de antídotos cuya inoculación debe provenir del conjunto de la comunidad internacional, sin actores que sean juez y parte pues de otra manera la justicia se convierte en venganza y con ello nueva fuente de odios y conflictos. Modificar el papel que cumple Estados Unidos y Europa Occidental en Medio Oriente y Asia Central puede ser un buen comienzo. Resolver el conflicto palestino-israelí, apoyar la democratización de Arabia Saudita, Yemen, Paquistán, Argelia y Marruecos entre otros Estados es indispensable, así como la rehabilitación de la  condición cultural y civilizadora  de la dimensión musulmana que tienen estas poblaciones, evitando con ello toda estigmatización. Crear las bases de una relación multicultural en el mundo, que concrete procesos como la globalización más allá del elemento económico o político.

Finalmente, y sólo como medidas de inicio, debemos evitar el doble lenguaje y la doble moral frente las situaciones de conflicto. En la Ciudad de Dios de San Agustín este describe el diálogo entre Alejandro Magno y un pirata al que captura “Cómo osas molestar al mar” le pregunta Alejandro al pirata. El prisionero contesta “¿Cómo osas molestar tú al mundo entero? Yo tengo un pequeño barco, por eso me llaman ladrón y pirata. Tú tienes una flota, por eso te llaman emperador”. La conclusión de esta historia no puede ser que el terrorismo al por menor, dirigido contra ciertos intereses sea terrorismo, mientras que los actos terroristas al por mayor, cometidos en base a supuestos intereses nacionales, no sea terrorismo sino que represalia o búsqueda de justicia.