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Análisis económico:

La Revolución Islandesa

El Gobierno de Reikiavik analiza contener el poder de los bancos para crear dinero, dejando la atribución exclusivamente al banco central, siguiendo así recomendaciones de un informe elaborado hace un par de años por los economistas del FMI, Jaromir Bernes y Michael Kumhof.

Roberto Meza

  Martes 14 de abril 2015 18:00 hrs. 
islandia


Tras la quiebra del sistema bancario de Islandia en la crisis de 2008-2009 y su lenta recuperación de la mano del Estado, el Gobierno de Reikiavik analiza contener el poder de los bancos para crear dinero, dejando la atribución exclusivamente al banco central, siguiendo así recomendaciones de un informe elaborado hace un par de años por los economistas del FMI, Jaromir Bernes y Michael Kumhof, que propone, en resumen, obligar a la banca a mantener el 100% de encaje para los depósitos y devolver al central la facultad exclusiva de creación de dinero, revival de una propuesta conocida como Plan de Chicago, surgida tras la Gran Depresión de los 30’s.

La idea toca un aspecto clave de la actividad del sector, pues, como se sabe, buena parte de la crisis financiera internacional tuvo su raíz en esta capacidad de la banca privada para crear dinero a través del llamado multiplicador monetario. Dependiendo de la tasa de reservas o encaje exigida por los países, los bancos multiplican el dinero en razón inversa a su tasa de encaje. Si la tasa de reserva es de 20%, el banco privado puede multiplicar por cinco la cantidad de dinero en depósitos. Si la tasa es del 1%, el banco multiplica por 100 el dinero depositado.

De acuerdo a diversos estudios realizados por organismo financieros internacional, hasta antes del estallido de la crisis, la banca privada internacional desregulada mostraba tasas de encaje incluso menores al 1%. Así, con una tasa de reservas del 0,5%, Citibank y Goldman Sachs, por ejemplo, creaban US$200 millones a partir de US$ 1 millón en una sola operación.

Dada la nueva velocidad de circulación del dinero mundial, gracias a las tecnologías de la información,  durante varios años el procedimiento funcionó, pues los valores de los bienes y servicios se movían al alza y no había pérdidas masivas, generando así la llamada “década de oro”.

Pero en tal diseño, bastaba una baja del 1% de los precios en forma sostenida, para que el dinero en depósitos realmente existente (el US$ 1 millón de encaje) se diluyera, dejando en circulación sólo el dinero ficto creado por la banca. Es este fenómeno el que explica por qué las multimillonarias inyecciones de liquidez (QE) realizadas por los centrales de EE.UU., Europa y Japón (hasta ahora unos US$ 60 millones de millones), no han creado mayor inflación mundial ni estimulado una más sólida recuperación económica, pues sólo han permitido “materializar” los miles de millones de dólares creados mediante el multiplicador monetario y tapar los “hoyos” financieros generados por aquellos préstamos de alto riesgo.

¿Cómo funciona el proceso? La Fed, en su publicación “Modern Money Mechanics”, lo explica: “El proceso real de creación de dinero se lleva a cabo principalmente por los bancos privados. Los pasivos de los bancos son aceptables como dinero. Estos pasivos son las cuentas de los clientes, las que aumentan cuando el banco concede préstamos que se acreditan en las cuentas de los prestatarios. Este atributo exclusivo del negocio bancario fue descubierto hace muchos siglos. Comenzó con los orfebres. Fueron los primeros que prestaban servicio de custodia y obtenían beneficios por almacenar en sus bóvedas el oro y monedas de los ahorrantes. Cada vez que la gente necesitaba oro o monedas para comprar algo, canjeaba un “recibo de depósito”. Con el tiempo, descubrieron que era más fácil usar directamente los “recibos de depósito” como medio de pago. Estos recibos eran aceptados como dinero, ya que quien los tenía podía ir donde el orfebre y cambiarlos por dinero metálico. Entonces, los banqueros descubrieron que podían hacer préstamos simplemente colocando sus promesas de pago, es decir, billetes de banco. De esta forma, los bancos comenzaron a crear dinero”.

Los bancos actúan, pues, como depositarios en la reasignación de los recursos de los ahorrantes a los prestatarios y también como prestamistas que monetizan los “recibos de depósito” o “pagaré” de sus prestatarios. De esta forma, sobre un depósito de US$ 100, en un banco con una tasa de encaje del 10%, el banco puede prestar US$ 90, recibiendo por ello un pagaré que es utilizado como activo, pidiendo prestado a otro banco (préstamos interbancarios) o al banco central, creando así otros US$90, cifra que da curso a nueva reserva de 10% (US$ 9), pero también a un nuevo préstamo por US$ 81 euros, un proceso facilitado por las tecnologías de la información.

Al final de la cadena, cuando la suma de encajes alcanza los US$100 iniciales, la banca ha creado US$900. Es decir, si el encaje exigido es de 10%, la banca multiplicará por 10 el depósito inicial convirtiéndolos en US$1000. El multiplicador monetario es, pues, el inverso de las reservas bancarias y genera lo que se conoce como “Expansión Monetaria” y que, en el ejemplo, significa que un depósito de US$1 millón se convierte en US$100 millones, dinero que explica, entonces, el auge inmobiliario en Europa y EE.UU., el que se “trancó” cuando comenzaron los primeros impagos.

Según el informe de Bernes y Michael (The Chicago Plan Revisited) en EE.UU. sólo 5% del dinero ha sido creado por la Fed mientras el 95% restante por los bancos privados. Como señaláramos, los centrales controlan la base monetaria y como el multiplicador monetario, tras la desregulación de los 90, dejó de responder a las tradicionales exigencias de reservas (del razonable 10% se pasó a hasta 300%), la tasa de encaje se tornó insuficiente para proteger a los ahorrantes.

La creación de dinero por parte de la banca privada ayudó, asimismo, a generar el actual nivel de deuda de los países y a medida que ésta crecía, el sector financiero adquiría una posición dominante irrebatible. En EE.UU., entre 1973 y 1985, la banca nunca superó el 15% del total de utilidades empresariales del país; en los 90 osciló entre el 20% y 30% y aumentó al 41% en la primera década del siglo XXI. Asimismo, mientras en los 80 el sector financiero representaba el 4% del PIB estadounidense, el 2007 llegaba al 8% y ocupaba el 6,5% de la fuerza laboral.

De ahí que la propuesta del gobierno de Islandia sea revolucionaria y marque un punto de inflexión para la teoría monetaria moderna. Para el parlamentario Frosti Sigurjonsson, creador de la iniciativa que llama “Un mejor sistema monetario para Islandia”, el problema de los auges de crédito surge con fuerza en períodos de gran expansión económica, pero los bancos privados son incapaces de “terminar la fiesta y ésta prosigue hasta que la borrachera revienta”, mientras los centrales, via tasa de interés, usualmente llegan tarde.

En Islandia, como en todas las economías de mercado modernas, el banco central controla la creación de billetes y monedas, pero no la creación del dinero fiduciario. El central puede influir en la oferta de dinero con sus instrumentos de política monetaria, pero no sobre la cantidad de dinero que la banca privada crea. Si la propuesta de Frosti Sigurjonsson es aprobada por el parlamento, Islandia será el primer país en el cual su banco central creará dinero directamente para uso de los contribuyentes.

El Plan de Chicago, del profesor Henry Simons de la Universidad de Chicago, ofrecía un esquema para la transición desde un sistema de creación de dinero por parte de la banca privada, a uno de creación de dinero por parte del gobierno, respaldado 100%. También proponía nacionalizar la Fed e integrarla al Tesoro de EE.UU. evitando que ésta también “creara” dinero. El plan tuvo gran aprobación entre los economistas, pero nunca fue adoptado como ley. Entre quienes lo aprobaron estuvieron Milton Friedman (1960) y James Tobin (1985). Pero la propuesta no prosperó por la resistencia de la banca y la Reserva Federal, también privada.

John Maynard Keynes, el padre de las políticas económicas que permitieron a los bancos privados mantener control sobre la creación de dinero, no apoyó el Plan de Chicago. Keynes creyó que la Gran Depresión de los 30 había dado una buena lección de prudencia a los banqueros. Pero al parecer la lección sólo se aprendió en Chile, aunque después de los 80.

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