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Año XII, 25 de noviembre de 2020

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Pensando el urbanismo de Santiago desde sus contradicciones

Pensar la ciudad obliga a observar su configuración, la cual puede determinar cómo sus habitantes se relacionan con los espacios donde hacen sus vidas. Esta práctica, tan humana, se ve constantemente sometida a los vaivenes de un progreso que no siempre dialoga en paz con las personas.

Claudio Garrido

  Domingo 17 de julio 2016 13:47 hrs. 
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Las ciudades representan en su ordenamiento y arquitectura una puesta en escena de una contradicción constante entre los significados propios de las comunidades y el devenir de los espacios públicos que habitan. Un asunto que tiene relación con el poder que ejercen las personas para poder hacer, vivir y recorrer su ciudad.

En el caso de Santiago, se establecen momentos de dicotomías en los significados de los espacios citadinos, tales como la típica distinción de cada lado de la Plaza Italia, los conflictos barriales ocasionados por expropiaciones para construir autopistas o corredores de transporte público o bien la segmentación de los barrios ocasionada por obras de infraestructura.

Viendo el paisaje de la capital chilena, la construcción de las autopistas urbanas, o la implementación del Transantiago fueron tópicos que el Doctor en Ciencias Antropológicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) Ariel Gravano  conversó con Diario y Radio Universidad de Chile, previo al lanzamiento en Chile de su libro “Antropología de lo Urbano”, realizado el jueves pasado.

Las obras de infraestructura que modifican el espacio urbano motivan la reflexión y una respuesta por parte de las comunidades, que según cuenta Ariel Gravano, la relación se establece de forma desigual, y da paso a una crisis perfectamente provechosa entre el ideal de quien proyecta y el imaginario de la comunidad.

Gravano explica la tensión entre los proyectos modernizadores y la vida de barrio, la cual ve modificada su manera de convivir: “Los procesos participativos que se pusieron en boga al entrar en crisis esa visión que va en una línea casi directa entre la cabeza de un diseñador con las mejores buenas voluntades, los mejores criterios, sobre todo técnicos; en principio es como que raspa el encuentro con el que usa ese bien, ese servicio. Y el uso no está determinado exclusivamente por criterios técnicos, esa es una dimensión muy importante, pero el uso también está determinado por qué estamos acostumbrados a hacer”.

Esto significa, por ejemplo, que nuevos espacios públicos enfrenten resistencias de pobladores o bien no generen una relación de identidad adecuada, que atente contra los objetivos de una iniciativa.

Una fachada y un patio trasero

Uno de los conceptos más importantes que abordó Gravano tiene relación con la existencia en los barrios de un “atrás y un adelante”. El antropólogo explicó este concepto diciendo que hace referencia al sentido común de qué presentar como fachada y qué se deja atrás, “guardado” en un lugar de menor preponderancia.

Ariel Gravano Lo ejemplificó con el caso de las autopistas urbanas: “Las autopistas lo que producen es la opacidad de este lazo de pertenencia, independientemente de incluso si los procesos se hacen con la participación de la gente. La gente puede que conteste que ‘está buena la autopista o incluso está mejor la casa que me dan para dejar mi casa’. Después en el contexto hay otros habitantes que la autopista es como que construye la imagen del “atrás” de lo que antes se concebía como algo homogéneo”, lo cual explicaría la relación de desapego de los barrios con este tipo de infraestructura, que se relaciona con la idea de priorización de los espacios.

La disputa del espacio urbano entre los barrios y las mega obras de infraestructura abre el debate sobre la priorización de aquel espacio, por ejemplo entre los transeúntes y los vehículos. El académico sostiene que esta jerarquización determina el comportamiento de las personas a quienes afecta y cuya reacción está condicionada por la historia de cada cual en relación al lugar.

Un modelo urbano neoliberal en conflicto con la sociedad

A juicio del psicólogo social y candidato a Doctor en Planeamiento Urbano y Regional de la Universidad Federal de Río de Janeiro, Marcelo Rodríguez en el caso de Santiago, la concepción del espacio urbano se ha estudiado y desarrollado desde el concepto del urbanismo neoliberal, el cual tiene una concepción del espacio urbano como mercancía, para generar ganancias a grupos económicos y detalla los alcances este factor.

“Este sistema social, político e institucional que se instaló en Chile, viene teniendo directo impacto respecto a las formas que nos entendemos nosotros mismos y establecemos cierto tipo de relaciones humanas. En la medida que yo genero acciones sobre el espacio urbano, voy incorporando las características sobre las cuales se definen esas acciones y la forma en la cual me identifico sobre esos espacios”, explica Rodríguez respecto a los alcances de esa concepción en Santiago.

Marcelo Rodríguez indicó además, que la precarización y estigmatización de espacios públicos en Santiago, afecta directamente la forma de relacionarse con ellos y su sentido de pertenencia. Agrega que Los Movimientos sociales, con su organización, son la apuesta para poder recuperar y democratizar estos espacios para generar acciones que permitan resignificar una narrativa que expresan los espacios urbanos.

“La alternativa a un urbanismo neoliberal es justamente tiene que ver con el ejercicio del poder de los colectivos sociales que de alguna manera evidencian las contradicciones del sistema capitalista neoliberal que predomina en Santiago de Chile, para de alguna u otra forma, democratizar la forma de apropiación de los espacios urbanos y los espacios públicos, y avanzar hacia lo que se le denomina la justicia territorial”, concliuyó.