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Año XI, 18 de septiembre de 2019

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Patricio López

Admisión Justa: ¿mérito o tamaño de billeteras?

Patricio López | Miércoles 10 de julio 2019 12:18 hrs.

Un duro golpe a la agenda del Gobierno en educación se vivió este martes en la Cámara de Diputados cuando, por 80 votos en contra y 68 a favor, esa instancia rechazó uno de los proyectos emblemáticos del Mineduc. Nos referimos a Admisión Justa.

La decisión se produjo en la misma dirección de lo que ya había resuelto la Comisión de Educación, donde en mayo pasado el proyecto fue rechazado. Además de ser ésta la primera vez durante el segundo mandato del presidente Sebastián Piñera que se rechaza en general una iniciativa del Gobierno, en la práctica la iniciativa se hace inviable, puesto que aunque se podría llevar al Senado, no existe hoy ninguna posibilidad de que se apruebe, por lo que la ministra Marcela Cubillos ya lo descartó de antemano.

Durante el debate, los distintos sectores políticos pudieron poner en evidencia las diferencias ideológicas que subyacen en las posiciones sobre este proyecto de ley específico. Mientras el oficialismo aludió a que se estaba castigando a los mejores estudiantes y a la clase media, la oposición insistió en la idea de que la educación es un derecho.

Una de las palabras en cuestión es el mérito, con el que nadie parece estar en desacuerdo a priori, pero que es sometida a matices e incluso a sospecha en sociedades desiguales, porque pueden terminar escondiendo más que lo que dicen. En ese contexto, lo que hace el mérito es supuestamente repartir de forma justa las oportunidades, pero en el caso chileno esa repartición es para algunos alumnos y para otros no. La pregunta sobre qué hacer con el resto de la sociedad es profunda, puesto que implica pronunciarse sobre si el sistema educativo debe ignorar o tratar de revertir la desigualdad de base en la sociedad chilena. Así como están las cosas, lo que haría Admisión Justa sería hacer competir a los niños más pobres por escasas oportunidades, mientras el resto no requiere someterse a ese tipo de procesos para acceder a una buena educación, puesto que simplemente pueden pagar. Estaríamos entonces hablando de que en el fondo del mérito, en el caso chileno, sigue estando el tamaño de las billeteras.

Hay otras preguntas profundas: qué hay que seleccionar y por qué hay que seleccionar; si estamos acuerdo con el mensaje implícito a nuestros niños de que para que a alguien le vaya bien a otros les tiene que ir mal; y por qué la educación de calidad tendría que ser un premio, en vez de un derecho.

Detrás de la idea del mérito se ha desconocido la discusión sobre las brutales diferencias de oportunidades entre clases sociales en nuestro país, porque cuando se hace alusión a los supuestos perjuicios sobre la clase media habría que decir, primero, que es muy difícil precisar qué es clase media en Chile; segundo, que de todos modos hay enormes diferencias en su interior; y tercero, que connota que en Chile los pobres no tienen acceso al mérito porque no se esfuerzan lo suficiente, lo cual es falso.

Todas estas consideraciones, en todo caso, adquieren una gravedad mayor porque el sistema educativo chileno es una cuerda floja que no tiene red para sostener a quienes caen. En un punto de prensa, el rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi, afirmó que la educación pública no era el problema, sino la solución, y es precisamente ésa la falta más grande de las políticas de Estado que impide hablar razonablemente sobre el mérito escolar en Chile.

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