Diario y Radio U Chile

Año XII, 23 de septiembre de 2020

Escritorio MENÚ

Día del Niño y Derechos Humanos de la Niñez

Ramiro Ramírez Stuardo Cartas al Director |

  Miércoles 12 de agosto 2020 16:50 hrs. 




Señor Director,

Se acerca un nuevo Día del Niño en nuestro país, y no tardaremos en ver aparecer, como cada año, una serie de homenajes en los espacios públicos, necesarios y justos por cierto, para este colectivo de seres humanos. Seguramente volverán a enarbolarse consignas como los niños primero, junto a una proliferación masiva de promesas de cuidado y de amor asentados en una lógica de un paternalismo, que de cuidados y de amores conoce bien poco.

Primeros en relación a qué, cuidados cómo, y amados según cuáles comprensiones sobre el amor, son las interrogantes que hemos de repetirnos de manera insistente para no olvidar que los primeros sujetos victimizados por un modelo arrollador de exitismo y competitividad son precisamente los niños y las niñas, en cuyos cuerpos y subjetividades se inscriben las marcas de la minorización, de la interdicción y de la supresión, casi absoluta, de sus derechos ciudadanos. En un estado de excepción imperecedero, la niñez se vuelve ajena y extranjera.

De ángeles y sacralizaciones a salvajes demonizados, la niñez de nuestro tiempo llegó a desimbolizarse por completo, sólo como un ruido en una sigla: NNA. La degradación de las representaciones acerca de la niñez y el desmantelamiento subjetivo de la infancia, vino a instalarse bajo formas predatorias de apropiación de sus cuerpos para el ejercicio del goce de los adultos, a través de la intromisión de expectativas, de ideales, y de exigencias, cuando no de abusos y de malos tratos, así como de otras tantas formas de violencias en su contra.

Abandonados y maltratados por el Estado de Chile, los niños y las niñas de nuestro país no cuentan con una Ley de Garantías para la protección de sus Derechos Humanos, como tampoco con una modificación estructural de un Sistema de Protección para aquellos y aquellas quienes se encuentran bajo su tutelaje. Asimismo, la impunidad de los agentes del Estado responsables de tantas muertes, de adopciones ilegales, de desapariciones, y de cuantas violencias y abusos contra miles de niños, marca el tono de una trágica canción de cuna para los recién llegados.

No puede haber una celebración homenajeante para los niños y las niñas sin hacer eco de sus desgracias y de las desprotecciones en que les dejan los fracasos y fallas de un sistema que libra sobre sus cuerpos combates de apropiaciones y expropiaciones, y que confunde los cuidados con el control, la proposición con la imposición y la autoridad con la autorización. No puede haber un feliz día de la niñez sin el emplazamiento de una adultez que se interrogue por sus responsabilidades éticas y de un Estado que asegure y garantice a los ciudadanos de todas las edades el pleno goce de sus derechos.

En memoria de Ámbar y de todos y todas las niñas y jóvenes que el Estado no supo cuidar.