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Año XII, 22 de septiembre de 2020

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Guillermo Pérez Ciudad

Zona de promesas

Guillermo Pérez Ciudad | Viernes 11 de septiembre 2020 8:52 hrs.


Nuevamente el gobierno impulsó la idea de posponer la elección de gobernadores regionales. El principal argumento es que aún quedarían muchos temas pendientes y poco tiempo para resolverlos. Sin embargo, nada hace pensar que la nueva postergación logrará solucionar los problemas del proceso, sobre todo si consideramos que ni el Congreso ni el Ejecutivo se han caracterizado precisamente por cumplir sus promesas en materia de descentralización.

Cabe recordar que la reforma constitucional que consagra la elección de gobernadores fue promulgada el 2016 y la ley de fortalecimiento de la regionalización –que traspasa atribuciones y competencias a los gobiernos regionales– estuvo en trámite en el parlamento desde el 2011 hasta el 2018. ¿Acaso todos estos años no han sido suficientes para remediar aquellas deficiencias que se advirtieron una y otra vez en la discusión parlamentaria? ¿Por qué ahora –que se propone posponer la elección de abril a noviembre del próximo año– los resultados del trabajo legislativo debieran ser distintos?   

El escepticismo aumenta si es que consideramos la ambigüedad del gobierno respecto del proceso de regionalización. A pesar de que el año pasado el Ejecutivo convocó dos mesas técnicas para perfeccionar las competencias de las nuevas autoridades y obtener insumos para enviar al Congreso la postergada ley de rentas regionales, nada de eso se tradujo en modificaciones concretas. Esto se combina, además, con una preocupante distancia entre el dicho y el hecho, pues mientras el Presidente asegura estar dispuesto “a transferir a los gobiernos regionales y comunales más atribuciones, más responsabilidades y más recursos”, la mayoría de sus parlamentarios y ministros insisten una y otra vez en dilatar los proyectos que buscan cumplir con esos objetivos.

¿Existe suficiente voluntad política para resolver los problemas asociados al proceso de regionalización? Si es que no es así –como parecen mostrar los hechos– la postergación nunca será una medida suficiente para aquellas autoridades que dudan de la regionalización (aunque en público afirmen lo contrario). Es probable, entonces, que tarde o temprano la elección de gobernadores termine siendo otro de los tantos compromisos fallidos de los sucesivos gobiernos centrales con las regiones.

Sin embargo, en medio de nuestra actual crisis de confianza y legitimidad, parece impresentable renunciar a un nuevo espacio de democratización sin antes haber ocupado todos los medios disponibles para intentar arreglar las deficiencias del proceso. Hay que considerar que, en caso de ser bien implementada, la elección de gobernadores puede convertirse en la punta de lanza de una profunda renovación institucional orientada a fortalecer políticamente a las postergadas comunidades locales. Esto adquiere especial relevancia si es que tenemos en cuenta que durante los últimos años han surgido propuestas que apuntan a la revalorización de lo local como una alternativa para superar los defectos de la democracia y enfrentar la complejidad de los sistemas políticos. Dicho de otro modo, acá puede haber una oportunidad única para atenuar la enorme distancia entre política y ciudadanía, uno de los mayores desafíos del Chile postransición. Esperemos que el gobierno y los parlamentarios, cuando decidan sobre la postergación de la elección, tengan consciencia de ello. Las regiones no pueden seguir siendo zonas de promesas incumplidas.

*El autor es investigador IES