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Año XIII, 14 de mayo de 2021

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Nataly Campusano Díaz

8M: El porqué de una constituyente paritaria

Nataly Campusano Díaz | Miércoles 10 de marzo 2021 16:29 hrs.


Estamos a un mes de la elección más importante de la historia de Chile: los y las convencionales constituyentes, y es importante resaltar el “las”, porque por primera vez en 200 años la Constitución no solo será escrita por el pueblo, sino que por nosotras en un 50% como resultado del proyecto de Paridad que hace un año exacto estábamos disputado en el Congreso.

Pero, ¿por qué luchamos para que el 51% de la población esté representada en un órgano institucional y constituyente, en un 50%? Porque históricamente se nos ha negado el rol público, sólo recordemos que las mujeres tuvimos que pelear por más de medio siglo el derecho a sufragio y con eso tener la posibilidad de votar y ¡ser electa!, posibilidad importante porque históricamente nuestro género ha estado notoriamente subrepresentado.

La subrepresentación política de las mujeres se evidencia en las cifras de quienes están en cargos de poder público y los resultados de sufragio universal, y que para el año 2021 son vergonzosos para un país que aspira al tan anhelado “desarrollo” de los 30 años de la transición. En la actualidad en el congreso sólo un 23% de parlamentarios electos son mujeres, lo que se traduce en 43 de 198 representantes que componen ambas cámaras. De esos, 10 mujeres de 43 en el Senado (23.3%) y 35 de 155 en la de diputados y diputadas (22,7%). Eso tras una forzada ley de cuotas que muchos en el parlamento no apoyaron y aprobaron a regañadientes y que incluso, la derecha intentó proponer nuevamente como mecanismo en lugar de la Paridad garantizada.

La situación es peor, pues esas cifras bajan si vamos a otros puestos de representación popular. En el actual gabinete de Sebastián Piñera, tan solo 8 de 24 ministerios están liderados por mujeres y no tan solo eso, ninguna es parte del gabinete político presidencial. En los gobiernos locales la situación es aún peor, del total de ediles tan solo un 11,9% son mujeres, cifra que aún es más baja que el vergonzoso 15,5% de toda América Latina.

Así podríamos ver cifras en lo público y en lo privado que demuestran la poca representatividad y poder al que accedemos las mujeres, y también el que podemos disputar, pues no debemos olvidar que salvo la elección de constituyentes, muy pocos partidos se preocuparon de garantizar un 50% de candidatas a la papeleta final en el resto de elecciones del 11 de abril.

Esa minoría representativa a la que nos enfrentamos se traduce en instituciones que no son capaces de ver la realidad con “Lentes de Mujer” y entender cómo las políticas públicas afectan negativa o positivamente la vida cotidiana desde una perspectiva de género. Y aquello es un conflicto político, porque estando a 2021 nuestros derechos sexuales y reproductivos no se encuentran garantizados; las ciudades y su planificación son pensadas según la lógica capitalista y patriarcal que le sirve al sujeto trabajador hombre, heterosexual y blanco; el trabajo doméstico sigue siendo no remunerado y las labores de cuidado, pese a tener un impacto en el PIB, siguen siendo invisibilizadas; y así tantas otras problemáticas educacionales, sanitarias, habitacionales, legislativas y medioambientales que se producen porque nuestra institucionalidad hace 200 años ha entendido que el hombre es dueño de lo público y por ende, de lo político.

Por ende, en este 8M que se presenta a solo semanas de una elección constituyente en la que podemos cambiar esa lógica e insertarnos como la protagonista política que somos y debemos ser, por ningún motivo podemos olvidar las cifras históricas y contemporáneas que nos han llevado a exigir la garantía de que la próxima constitución sea escrita con paridad, sino que desde ese hito debemos ver un futuro en el que la igualdad en la disputa del poder para nosotras sea algo de sentido común y natural de una democracia participativa y acorde a los desafíos que el siglo XXI nos presenta, porque esta será con nosotras o no será.

 

La autora es directora de Fundación Territorios Colectivos y Consejera Regional de Valparaíso.