“No soy Lorena” deja la sensación de ser un buen ejercicio visual y actoral, pero también nos abandona con la frustración de que –con todos los elementos presentes- podría haber sido una excelente película, si hubiese resuelto sus problemas de identidad.
A 20 años de la Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en Beijing, desde la ONU se ha declarado como un fracaso colectivo el poco avance que se ha tenido en el plan de acción pro equidad acordado en 1995. Al paso actual tarderemos 81 años en alcanzar la paridad de género. ¿Tendrán las películas algo que ver con eso?