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Política del faldeo


Jueves 15 de julio 2010 19:14 hrs.


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Quizás la consecuencia cultural más grande del gobierno de la Presidenta Bachelet, es el nacimiento de una suerte de ‘la política del faldeo’, o ‘el blindaje encubierto’. Seres que antes conquistaban territorios sin miedo, ahora se esconden detrás de las faldas simbólicas de la ex Presidenta.

La temporada de la campaña presidencial se abre a las pocas semanas de que asuma el nuevo Presidente Piñera. El primer cañonazo proviene -como no- del opinante ex ministro de variadas carteras Francisco Vidal. Siempre astuto, Vidal levanta la idea de que hubo problemas dentro del gobierno Bachelet en cuanto a definiciones ideológicas y apunta sus dardos hacia el ex ministro de Hacienda, Andrés Velasco. Así, Vidal cambia de tema, evitando que se investigue sobre su participación en la noche del terremoto en Chile.

Oportunamente, Velasco arremete e instala su plataforma presidencial con delicadas entrevistas en medios elegidos con pinzas. Desde la tribuna de El Mercurio, Velasco se auto exhibe como ‘candidato disponible’ y presiona para que la ex Presidenta salga a defenderlo, cosa que no ocurre, pero se entiende ya que jugar con la idea de alguna vez ser Presidente de Chile, es tremendamente seductor.

Mientras tanto, bajo el férreo mando del Presidente Piñera, se arma todo tipo de tácticas que tienen como objetivo socavar la imagen de la ex mandataria y encumbrar candidatos propios, todos miembros de esa derecha con olor a desodorante, para 2014. Si es que no es Hinzpeter, es Kast o el plan B, Von Baer o quizás hasta Ossandón.

Sin duda, la cancha 2014 está abierta y en ella pulula la fauna más variopinta.

Todo muy confuso hasta que aparece la encuesta Casen. Casen, una suerte de juego estadístico alegórico alerta sobre la existencia de un aumento de pobres en Chile (en comparación con la Casen anterior). Y, por supuesto, y con gran revuelo y escándalo, todos se acuerdan de los “humildes”.

Tranquilos, la derecha en masse, relaciona las políticas públicas sociales del Gobierno Bachelet con el crecimiento de la pobreza  lo cual, lógicamente, demuestra que tanto el Estado como la ex Presidenta le ha fallado a Chile. O sea, no es el Estado que debe modificar las desigualdades de la sociedad porque para eso está la alternativa del Mercado. Básicamente, si antes se podía culpar al terremoto por cualquier insuficiencia social, desde ahora, se corre la línea de tiempo y se culpa -por ósmosis- al gobierno anterior.

Llama la atención la facilidad con la cual el gobierno y parlamentarios de derecha pueden atacar directamente a la ex Presidenta Bachelet.

Lo que a primera vista se suponía era una defensa mancomunada (por parte de la Concertación) de la figura política de Bachelet, ha resultado ser nada más que una promoción de la idea de que una sola persona es responsable.

Es decir, el hecho que ningún -recalcamos- NINGÚN ministro o ministra de su gobierno haya salido en la prensa haciendo una mea culpa mínima o explicando las políticas sociales de su propio ministerio, indica que la estrategia de su blindaje no es ni tan inocente ni efectiva.

Es de conocimiento muy básico, para quienes hacemos comunicación política, que la única forma de blindar de verdad y evitar que avancen los dardos, es levantar una muralla de alfiles. La acción debe tener una contra parte de un mismo peso en la reacción.

El gobierno Bachelet fue quizás el gobierno menos autoritario en la historia tan requetecontra presidencialista de Chile. Si bien sabemos que la mayoría de las leyes se arman en los ministerios y que las facultades de la presidencia en el Congreso frena a otras iniciativas, los ministerios son colosos que se manejan casi por inercia.

Por eso mismo es tan preocupante cuando los ministros de Hacienda -no electos pero designados- hacen políticas públicas a su antojo. Y no hay duda de que el ministerio de Hacienda de Chile es omnipotente ya que define los recursos para los programas sociales en una constante pelea interna por el presupuesto nacional.

Es casi natural que el gobierno de Piñera y sus afiliados quieran esconderse detrás de lo que ellos mismos están definiendo fue el Gobierno de Bachelet. El riesgo y trabajo es mínimo y el beneficio puede ser grande. Lo que no es aceptable es que quienes alguna vez ostentaron los cargos ejecutivos, no se hagan cargo de su propia responsabilidad.

Desde luego, lo que han querido llamar “blindaje” (con meras declaraciones de buena cuna) no es más que un faldeo político con tintes de cobardía. Una situación lamentable ya que hace rato dejó de ser un mero impasse comunicacional. Hemos entramos en la recta ideológica y, por supuesto, está en juego quién será Presidente en 2014.