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Año XVI, 17 de abril de 2024


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¡Viva el ministro!

Columna de opinión por Vivian Lavín A.
Miércoles 28 de julio 2010 12:44 hrs.


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El ministro de Cultura, Luciano Cruz-Coke, se manifiesta disconforme y sorprendido frente al panorama que encuentra en la sociedad chilena en relación a sus hábitos, participación y consumos culturales. Los datos de la Encuesta de Participación y Consumo de 2009 le aportan una panorámica  valiosísima a la hora de plantearse los objetivos y planificar las acciones para alcanzarlos, cuando hace hincapié en los segmentos más pobres, como lo son el E y D, que tienen un 15 y 2,6 por ciento, respectivamente, de asistencia a eventos culturales. Y la primera reflexión que hace en torno a esta cifra es reparar en un dato importante, como que “la mayoría de estos eventos culturales son ¡gratuitos!”.  Este solo comentario nos permite hacer una buena reflexión de lo que sucede hoy en Chile, cuando a pesar de haber una cartelera, digamos, decente de actividades culturales cada día, la asistencia a ellas es acotada, acotadísima, para ser más precisos. ¿De qué manera se logra conseguir público para una función de teatro, música o danza, o para que asistan a una muestra de pintura o fotografía, por ejemplo? Pues, publicitándolas. Dado que la publicidad pagada es muy onerosa, lo más práctico es recurrir a los medios de comunicación para que en sus páginas o espacios culturales den cuenta de ellas. Sin embargo, nos encontramos con el verdadero gran escollo: escasos medios, escasas páginas destinadas a la cultura. La de los medios escritos es a estas alturas una verdadera retahíla en este espacio de opinión, dado que es una crítica sempiterna la desidia con que la Concertación, entonces, y la Coalición, ahora, toman el tema de la falta de pluralidad informativa. Sólo a modo de aspiración delirante, a estas alturas, valga decirle al ministro de Cultura que tiene una batalla hermosa por dar cuando el diario La Nación, que ahora controla su gobierno, pueda hacer algo grande por la cultura, como lo es un verdadero golpe de timón y crear de una vez por todas el cuerpo dominical de cultura que merecemos. Una deuda que los antiguos moradores de La Moneda prescribieron por decreto, pero que puede ser reactivada en cualquier momento, cuando la voz de los actuales depositarios de la confianza para gobernarnos por cuatro años, tenga la voluntad política para emprender lo que cualquier gobierno que se jacte de respetuoso debe hacer: la creación  o apoyo para que diferentes  medios de comunicación, sean escritos, radiales o audiovisuales, traten a la cultura de manera digna.

Imaginamos espacios con la presencia de diversas manifestaciones artísticas y que sean un maravilloso e invitante resumen, no resumideros, de la nada despreciable cantidad de actividades que se ofrecen. Que vaya el ministro Cruz-Coke y haga una alianza con La Nación y alguna empresa que quiera vestirse con la cultura, que golpee la mesa fuerte en el directorio de TVN, para que cuanto antes comencemos a dar pasos consistentes en la difusión de las actividades que él  mismo se queja no tienen eco en los medio de comunicación, a pesar de ser gratuitas. El ministro está molesto con las limitaciones que tiene el Consejo que preside para definir los contenidos programáticos del medio  de mayor penetración en el Chile Bicentenario. Y es que la televisión tiene una línea editorial donde la cultura entra forzadamente con una hora semanal, y tomando las formas más diversas y disparatadas, dependiendo de qué decida cada canal. He ahí otra gran batalla por dar.

Pero esta es sólo una parte del cuento. Para que los sectores más deprimidos de nuestra sociedad aprovechen lo que se les ofrece en materia cultural y de manera gratuita no basta que sea conocida, también es necesario que sea apreciada, valorada. Para ello la educación, no sólo en las aulas es una cuestión fundamental.

¿Podrá el ministro de Cultura abogar porque sus consumidores de cultura dispongan de tiempo para disfrutarla? ¿Podrá poner voz de actor viejo y roncar frente a un ministro de Hacienda y hacerle entender que el ritmo del crecimiento de nuestro país necesita de trabajadores que puedan tener tiempo libre para formarse como personas y no sólo como obreros?¿Enfrentará a los planificadores urbanos con fuerza y les planteará que no aceptará la construcción de más viviendas sociales en conjuntos habitacionales que no consideren una biblioteca ni un centro cultural por cada mil habitantes?

Postulo para que el ministro de Cultura deje de ser el hermano pobre  de los ministerios y defienda nuestros derechos culturales. ¡Viva el ministro!

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.