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André Jouffé Louis

Turistas judíos europeos y sabras

André Jouffé Louis | Martes 3 de enero 2012 17:44 hrs.


Es necesario iniciar estas líneas con informar que sabras son los nacidos en Israel cuya religión es la judía, pero en el resto del mundo se suele reconocer a los judíos como tales, a los provenientes de Europa.

En el medio turístico, contra los judíos europeos no he escuchado jamás una queja, al contrario, la cultura refinada del viejo continente la trasladan a todos los lugares visitados.

Otro universo es el de los sabras.

Ya en el festival de cine de Cannes, a comienzos de la década de los noventa, el arribo de la televisión de Israel al hotel Select, hizo del lugar un infierno. De madrugada gritos, portazos, una baraúnda descomunal. Monsieur Branly, judío sefardí, tuvo que intervenir varias veces con resultados nulos.

Pasan los años y me encuentro en Magallanes con un panorama de abierta hostilidad hacia el turista de Israel. Y totalmente ajeno al antisemitismo. En algunos establecimientos de Puerto Natales le preguntan al visitante de dónde proviene. Si responde de Israel, simplemente no le franquean la entrada.

En Punta Arenas en el hostal El Conventillo, del pasaje Korner,  que no tiene nada de vulgar como pudiera desprenderse del nombre, el administrador me señala: “Si es uno lo dejo pasar, si son tres o cuatro, respondo que el lugar esta copado. Hay un problema de aseo, de orden”.

El concejal Mario Pascual Prado, que tenía un hostal hasta hace algunos años cuenta que la bulla, el problema de pagos y el desorden le provocaba dolores de cabeza toda vez que llegaban turistas de Israel.

Un guía turístico que trabajó diez años en las Torres del Paine  afirma: “Llegaban a las dos y se retiraban sigilosamente a las cinco de la mañana para no pagar. Era el colmo. En los tours daban siempre la nota discordante. Finalmente decidí no trabajar más con ellos. Casi siempre se trata de jóvenes que han terminado el servicio militar y salen un año a pasear por el mundo, pero acarrean hábitos del campo de batalla”.

Carmen Gallego hizo la práctica de turismo en una agencia..Ella relata: “Mi primera experiencia fue atroz. Fuimos con una joven pareja de israelitas a las pingüineras y no quisieron pagar al no encontrar la especie que buscaban. Cuando les argumenté que no era culpa nuestra, me insultaron como jamás me habían tratado en la vida; me costó un mundo volver a trabajar en los días siguientes”.

Entonces escucho algo que me duele a los oídos, pero refleja el sentimiento de ciertas personas: ¿Imaginan como tratarán a los palestinos?

 

Vulgaridad, mal trato, desaseo, cicateros, ¿Cuál podría ser el motivo?
Conociendo el país de origen y habiendo residido en él por corto tiempo, además de descendiente de judíos, imagino que esta generación nacida y criada en guerra, donde el lema no hay mejor árabe que árabe muerto y, en consecuencia, hay que tirar a matar porque si no te matan a ti, es el entorno natural. Se vive en un país en estado de alerta y de combate, donde todo es válido para sobrevivir.

Los judíos europeos han aportado una enormidad  al mundo de la cultura, en todos sus aspectos; los israelitas han construido un Estado a costa de ciertas falencias en la crianza. No generalizo, pero si hablo de una respetable mayoría.

Desde tiempos pretéritos los judíos han hecho grupo aparte, en silencio, como perseguidos, en bullicio y prepotencia en actuales circunstancias.

Considero absolutamente indispensable que el gobierno de Israel  y sus embajadas, impongan un manual de buena conducta a sus ciudadanos cuando salen, pues al fin y al cabo son la cara del país en el exterior. Modales como los expuestos en Chile y en otros lugares, manchan aún más la imagen de un Estado que ya tiene un ala rota en ese sentido por el tema Palestino, tan mal manejado.

Si en el fuero interno se consideran superiores, demuestren esa inteligencia con un sorbo de modestia, hablando más bajo un idioma que nadie comprende, ocupando y no invadiendo los hoteles u hostales que visitan. Dejando el entorno tip top como lo hacen alemanes, franceses e ingleses y los propios judíos europeos.

Duele tener que referirme a esto, pero más duele escuchar las observaciones a cada instante sobre el actual de quienes viajan del eretz (la tierra) a evadirse de la difícil vida cotidiana en el Medio Oriente.

Cuando ocurrió el espantoso siniestro en Torres del Paine, la palabra israelitas, ninguna otra, afloró para sindicar culpables. No se escuchó decir franceses, españoles, argentinos ni alemanes. ¿Simple casualidad?