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Ricardo Farrú

No quiero hablar de política

Ricardo Farrú | Miércoles 8 de mayo 2013 16:10 hrs.


No quiero hablar de política después de estos últimos tiempos plagados de indecencias por parte de la concertación y la derecha, donde los arreglines para perpetuarse en el poder y sus maravillosas prebendas monetarias traspasaron todas las barreras permitidas, así que decidí que iba a hablar de los infernales tacos en nuestra capital y otras ciudades del país, aquellos atascos a las horas punta que logran desquiciarnos y hacer que un viaje hacia el lugar de trabajo o la vuelta a casa dure casi lo mismo que ir a Buenos Aires o Montevideo en avión.

Según los tacólogos, expertos en tacología, que aparecen en la televisión, los tacos se producen porque hay muchos autos en nuestras calles y que cada día siguen entrando más y más vehículos al parque automotriz, 4 X 4, 2 X 4 , 2 X 2, 6 X 8, motos, motonetas, bicicletas, triciclos, patinetas y cualquier cosa que sirva para movilizarse ¡Gran explicación!

Entonces, me pregunto yo, ¿por qué nuestros políticos no tarifican de manera potente las calles de manera tal de obligar a la gente a bajarse de sus autos? Pero claro, lo que pasa es que detrás hay grandes transnacionales y grandes empresarios que en el momento de las campañas políticas se cuadran con billetitos sobre billetitos para que nuestros inefables políticos puedan ensuciar las paredes de las ciudades con sus sonrisas falsas y sus promesas huérfanas de contenido, entonces, a la voz del amo, mejor hacerse el loco, pero, como ya lo dije, no quiero hablar de política sino que de los tacos.

La otra explicación es que la infraestructura vial de las ciudades no ha crecido al mismo ritmo que el parque automotriz, por lo que siempre se están llamando o se llamarán a licitaciones para que expertos en destacología, que son los que desanudan los problemas dados a conocer por los tacólogos, piensen durante mucho tiempo las soluciones al caos mientras se les pagan abultadas sumas y sigan entrando más vehículos a congestionar las calles, de manera tal que el o la gobernante de turno, con su séquito de sonrientes acompañantes pueden anunciar la buena nueva , que el mes xxx del año xxx se darán inicios a las obras que, ahora sí, solucionarán de manera definitiva el problema que nos aqueja, pero que, obviamente, serán entregadas en concesión a grandes empresas por varios siglos en las mejores condiciones para ellos y las peores y más miserables para los usuarios.

Nuestra honorable clase política cree que es impensable que el estado se haga cargo de un tema tan complejo, sobre todo teniendo en cuenta que las grandes empresas generan trabajo y el trabajo te hace libre para endeudarte, llenarte de tarjetas que suben unilateralmente y mal vivir, además que han sido siempre generosos al momento de soltar la mano para las campañas que les permiten a nuestro honorables salir elegidos, reemplazarse unos por otros e incluso heredarse los silloncitos y, si por el azaroso destino, no lo lograran, irse de directores bien pagados a uno de estos conglomerados donde usan todas sus relaciones para que la empresa que los apadrina logre sin problemas sus objetivos de ganar mucha plata a costa de la gran masa de chilenos, aunque sea defraudando, esquilmando o depredando el territorio nacional, pero no quiero hablar de política, sino que de los tacos que nos transforman en un infierno la vida.

Lo otro que pregonan como la mejor manera para impedir los tacos es que la gente sea inteligente y se baje del auto para movilizarse en transporte público. Esta es la solución que suena más sensata y, a todas luces, óptima. Claro que sí, siempre que Santiago fuera Ginebra o Münich, donde los buses y el metro son estatales, están siempre limpios y bien cuidados, pasan a la hora que dice el cartelito respectivo y paran en los paraderos que fueron designados para tal efecto, con extraordinarias redes de tranvías y trenes de una puntualidad asombrosa.

Acá, en cambio, el transporte público es privado, dado en concesión a grandes empresas, que transitan por vías públicas, arregladas con platas del erario nacional, no privadas, con pistas exclusivas para buses, pero llenas de taxis que suelen transportar un solo pasajero, causando el mismo desastre que los autos en las calles , con buses masivamente destartalados, ruidosos, con ventilación permanente incluida, verano o invierno, por el aire que se cuela entre las rendijas de las puertas o ventanas imposibles de cerrar debido a la falta de mantención, con choferes que no son capaces de entender que transportan gente y no ganado, acelerando y frenando de manera brusca para que los ilustres pasajeros hagan malabares  para no caerse, muchas veces parando donde quieren, pasando cuando quieren y donde la gente en las horas punta, justa la misma del taco, va apiñada de manera inconcebible.

El apiñamiento, el frío y el convertirse en vacas por un par de horas no es importante, ya que lo único que cuenta es que los grandes empresarios se llenen los bolsillos a como dé lugar, incluso en contra de la mentada y supuesta necesidad de bajarse de los autos para subirse a estas latas de sardinas mal tenidas, que cuando pierden plata por lo que sea, el estado, vale decir, todos nosotros, les rellenamos las billeteras para que logren las ganancias esperadas, por las buenas o por las malas.

Pero este tema no les interesa a los políticos, que se movilizan en auto y no saben de las penurias de los ciudadanos de a pie, aunque se llenen la boca con palabras tales como desarrollo, OCDE, bienestar, clase media y otra serie de sandeces que ni ellos mismos se las creen, pero el sistema es el que les permite sobrevivir, así que es bienvenido y ¡AY! de aquel que se atreva a preguntarles por qué no se estatiza el transporte público si ya el estado los subvenciona de manera generosa, pero en ese minuto hasta los actuales progresistas te tildan de comunista subversivo inútil que quieres destruir la propiedad privada, base de toda la civilización occidental, pero no quiero hablar de política, sino que de los tacos que nos agobian y no hay caso, parece que los únicos tacos que no tienen relación con la política, son los de los zapatos de las mujeres y ni de eso estoy muy seguro, ya que han caído presidentes y reyes por féminas en tacos agujas o agujas en tacos de mujeres.

En todo caso, creo que la próxima vez que no quiera habar de política, voy a acudir al problema educacional, porque parece que en ese tema los políticos no tienen absolutamente nada que ver.