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Análisis Económico

Kaláshnikov: privatización de un símbolo

El presidente Vladímir Putin autorizó a Rostech (Russian Technologies), la corporación pública que controla a la mayoría de los fabricantes de armas rusos, a incorporar inversionistas privados al mítico consorcio Kaláshnikov, lo que podría significar un nuevo cambio en lo que había sido hasta ahora la política rusa respecto al complejo militar industrial.

Roberto Meza A.

  Lunes 30 de septiembre 2013 14:05 hrs. 
Kalashnikov1

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La era de las grandes privatizaciones en Rusia había quedado atrás luego de su momento de gloria durante la administración del primer presidente poscomunista, Borís Yeltsin, que incluyó a casi todas las principales líneas de producción industrial.

Sin embargo, quedaban áreas, como la militar, donde la presencia de inversionistas particulares es escasa. Recientemente, el presidente Vladímir Putin autorizó a Rostech (Russian Technologies), la corporación pública que controla a la mayoría de los fabricantes de armas rusos, a incorporar inversionistas privados al mítico consorcio Kaláshnikov, especializado en la fabricación de armas de pequeño calibre, especialmente del famoso fusil de asalto AK-47.

El Kalashnikov Group fue establecido en agosto de este año, después de que la planta de Izhevsk, donde se fabricaban los AK-47, se declarara en bancarrota. Mikhail Kalashnikov, de 93 años, transfirió los derechos sobre la marca a ese nuevo grupo.

Según informó la prensa rusa, tras años de pérdidas, el 49% de Kalashnikov Group pasará a manos privadas en el marco de un plan de reforma de la industria de armamentos que impulsa el gobierno de Putin. Los inversionistas rusos privados Andrey Bokarev (magnate con una fortuna estimada de US$ 1.350 millones, según Forbes) y Alexey Krivoruchko, pagarán US$ 41 millones al contado y se han comprometido a invertir otros US$ 78 millones en los próximos dos años, totalizando así un precio de venta de US$ 119 millones, no obstante que se estima que la marca podría tener un valor de alrededor de US$ 10 mil millones

Bokarev y Krivoruchko controlan Aeroexpress, la empresa que opera los trenes que conectan las ciudades con aeropuertos de Moscú, Kazán, Sochi y Vladivostok. Bokarev es además dueño de TransMashHolding, una compañía ferroviaria y de transporte, Kuzbassrazrezugol, una minera, y el metro de Moscú. Este explicó a la prensa que entra a Kalashnikov porque tiene “incentivos financieros”, mientras que Krivoruchko estima que la inversión se pagará sola en cinco años. Ambos buscarán socios extranjeros para producir pólvora y munición.

Kaláshnikov Group produce el 95% de las armas ligeras de Rusia y desde el fin de la Guerra Fría y el colapso de la Unión Soviética no ha podido ser rentable, al parecer incapaz adaptarse a los mercados modernos. Según la prensa rusa, el objetivo de la privatización es pagar la deuda del fabricante del fusil AK-47. La idea de los nuevos inversionistas es recuperar la antigua gloria de Kaláshnikov y triplicar su producción a 1,9 millones de unidades al año, lo que elevaría sus ingresos a unos US$ 750 millones anuales.

Mikhail Kaláshnikov, quien combatió en la II Guerra Mundial y diseñó la AK-47 para enfrentarse a las armas de asalto alemanas, hizo famosa la empresa en 1947 cuando diseñó el fusil de asalto que lleva su apellido, el más fabricado en la historia, con casi 150 millones de unidades. Actualmente equipa a más de 55 ejércitos en el mundo. Por su fácil uso, alta efectividad y bajo costo, el AK-47 fue entregado por la ex URSS en grandes cantidades a fuerzas guerrilleras pro-soviéticas y ha participado en todos los conflictos armados desde la post guerra hasta la fecha.

Según analistas, la noticia podría significar un nuevo cambio en lo que había sido hasta ahora la política rusa respecto al complejo militar industrial, el que si bien había sido afectado por la ola de privatizaciones tras caída de la URSS, en el segundo periodo de Putin observó una contraofensiva que condujo a una serie de re-estatizaciones.

Konstantín Makiyenko, director consejero de la revista especializada Moscow Defense Brief, dijo estar “agradablemente sorprendido” por el hecho que el Estado haya decidido privatizar un paquete importante de acciones de la industria militar. “Después de la ola de re-nacionalizaciones a lo largo de 2006-2009 –dijo en un comentario- era difícil imaginar que el capital privado volviera a esta aérea”.

Sin embargo, prácticamente todos los particulares relacionados con la industria militar tienen vinculaciones con la élite que maneja el poder en Rusia, gran parte de ella salida de los servicios secretos de la ex URSS. De hecho, Serguéi Chémezov, director general de Rostech, consorcio del que depende Kalashnikov Group, es un coronel que sirvió en el KGB, donde trabajó con Putin en la antigua República Democrática Alemana. El comprador Bokariov, por su parte, es socio del mega-millonario Iskander Majmúdov, quien en la época soviética trabajó como traductor militar en Libia e Irak. Su empresa produce piezas para misiles, motores diésel para submarinos y plataformas de ferrocarril para cohetes. El otro comprador, Krivoruchko, trabajó para la firma de exportación de armamento, Rosoboronexport en la época que la dirigía Chémezov, actual director general de Rostech, el oferente. Como se ve, un “capitalismo de amigos”.

La fama del fusil Kaláshnikov AK-47 es tal que aparece en la bandera y escudo de Mozambique y en los escudos nacionales de Zimbabue y Timor Oriental, naciones que elevaron el arma a nivel simbólico como instrumento clave de la conquista del socialismo, pero que tras la privatización de la fábrica en Rusia, parece ahora perder el aura que le proporcionó su estatal origen y significado político.

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