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Año XIV, 6 de diciembre de 2022

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Una crónica sobre Zapallarinos versus Golpeados por la vida

Con el tiempo y como la necesidad obliga, y los apellidos no sirven para pagar cuentas, han abierto el lugar a empresarios y políticos arribistas, pero entre ellos los tildan de asomaditos. Yo puse en una ocasión el nombre de un senador entre los de esta categoría y aun me odia por ello.

André Jouffé

  Jueves 21 de enero 2016 11:53 hrs. 
Zapallar

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Aunque usted no lo crea pero Carvajal es uno de los apellidos ancestrales y de alcurnia, si existe, en Chile. Por eso forman parte del tesoro del balneario Zapallar, al sur del popular Papudo, en el litoral central. Ellos presumen de tener su propio idioma. Que casi son una raza especial. Un cuiquerío a veces insoportable cuya playa antaño estaba dividida en dos. A un lado, de la roca, los pijes, al otro la chusma, las sirvientas luciendo sus uniformes-delantales de rigor y los turistas.

Ojo, cuidado de cambiar de sector, aunque sea por casualidad.

Amador Yarur quiso integrarse entonces, pero le hicieron la vida imposible y hasta le tiraron huevos a su automóvil. Otros recuerdan excrementos. Yarur no se inmutó y adquirió el único “Gran Hotel”, y lo puso a disposición de sus obreros y empleados. Tapa, mierda.

Con el tiempo y como la necesidad obliga, y los apellidos no sirven para pagar cuentas, han abierto el lugar a empresarios y políticos arribistas, pero entre ellos los tildan de asomaditos. Yo puse en una ocasión el nombre de un senador entre los de esta categoría y aun me odia por ello.

Les relato una jornada experimentada hace unos 14 años. Jorge Edwards pasea por una de las calles y al enfrentarnos me invita a un “champañita” a su casa. Luego bajamos al Chiringuito, una picada cinco estrellas que de proletaria no tiene nada. Ahí están Pato Balmaceda de la Cancillería, el ex diplomático y gran amigo Emilio Lamarca Orrego Concha, y quienes nos invitaron a su casa, Borja Huidobro, arquitecto radicado en Paris y quien hizo el Ministerio de Finanzas de Francia junto al Sena y su esposa, Michelle Duhart.

La mujer aun bella, hija de Emilio Duhart, otro arquitecto célebre evoca: “Mi papá me llevó en 1964 una concentración de Eduardo Frei, el no era DC pero la cosa era impedir que ganara Allende. En medio de su alocución Frei saluda” a esa gran clase media”. Yo salto y le pregunto: Papá, ¿Qué estamos haciendo aquí?

Paradojalmente Michelle con Borja pasaron a simpatizar con el PC apenas pisaron suelo galo y vi en su casa de campo fotos de la pareja portando la roja con hoz y martillo. Pero siguen siendo pijes y aunque fueran del MIR, la sociedad zapallarina los acogería pues así son las cosas entre “nosotros”, señalan estos ciudadanos del estado dentro de otro estado.

No obstante Sebastián Piñera les puso unos edificios burgueses que bien calzan con las palabras que pone en boca de un francés el catedrático  Alejandro Canceco-Jerez: “Los chilenos le tienen horreur a la beauté (a la belleza).

Viajemos dos mil kilómetros al sur. Juan Carlos cumplió 21 años de cárcel por asesinar a su padrastro. Me lo cuenta en el Discovery de Punta Arenas mientras apura una caña de blanco. Señala que él nunca pudo perdonar como lo maltrató en su infancia. Que Carlos Pinto le pagó sesenta mil pesos, una miseria, por protagonizar Mea Culpa,  uno de sus programas morbosos pero de gran audiencia en TVN. Pinto lo hacía estupendamente bien pues se creía el cuento y este es un factor decisivo en el éxito de una producción.

Juan Carlos se dedica ahora a una profesión común en una ciudad con casi dos vehículos per capita, y eso en niveles socio económico relativamente modesto: desabolladura y pintura.

Me cuenta que lo peor en estar preso eran las horas blancas. “Abren las puertas a las diez para que salgas al patio y te encierran a las cuatro y media. El resto es revolverse en los pensamientos, arrepentimientos, y evitar que te conviertan en perkines, o sea los mozos que se prestan para todo, incluso aquello”.

Juan Carlos asegura que los violados en las cárceles cuando son puestos en libertad, rara vez reinciden con hombres pues la homosexualidad no es inducida en el ser humano, se nace con ella. Concuerda que muchos presos comparan la vida en la calle, sin comida ni techo asegurado y que prefieren las celdas para toda la vida porque hasta la salud es controlada.

Diferentes formas de vida, unos que brindan en el Chiringuito y a otros que les pagan sesenta lucas por programas que dejaron millones de ganancias para los productores independientes y TVN.

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