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La Democracia Cristiana y los riesgos del “camino propio”

De verdad es que la decisión demócrata cristiana ha sido muy arriesgada, pero resulta muy interesante para la suerte de quienes impusieron el camino propio en este partido. Algo que, sin embargo, llena de júbilo a la derecha piñerista por la posibilidad de que éste sea el que se beneficie de los votos DC en la segunda vuelta. Aunque, de verdad ésta sea una peregrina posibilidad cuando los demócrata cristianos, ahora muy celosos de su independencia, no dan indicio alguno de buscar alianza con la derecha y el ex pinochetismo.

Juan Pablo Cárdenas S.

  Miércoles 26 de julio 2017 9:10 hrs. 
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La Democracia Cristiana podría estar jugándose verdaderamente la vida al escoger el camino propio para enfrentar la próxima contienda presidencial, como al fracasar, hasta aquí, sus intentos por encontrar aliados para una lista parlamentaria común. Especialmente, después de que el Partido Radical le dijera que prefería consolidar un acuerdo con los partidarios de Alejandro Guillier, antes que con los de Carolina Goic.

Nadie sabe, a ciencia cierta, cuánto apoyo electoral tiene el partido de la Falange. Tampoco las encuestas tienen idea de su gravitación en la política, si consideramos que el uno o el dos por ciento que se le asigna a su abanderada es completamente ridículo. Solo concebible por aquellos sondeos encargados o financiados por los partidos o algunos candidatos.

Todos sabemos que los demócrata cristianos pueden haber mermado mucho su apoyo, como en general le ha sucedido a todos los partidos, pero ciertamente que los herederos de Frei, de Tomic y hasta del propio Patricio Aylwin deben ser muchos más en Chile, si se considera que todavía su colectividad tiene una buena cifra de militantes inscritos en el Servicio Electoral y caudillos por doquier en todas las regiones del país.

El pensamiento social cristiano está todavía muy arraigado en la población y el número de cristianos y católicos a fuerza deberá expresarse en las elecciones venideras, sin perjuicio de que su candidata presidencial obtenga menos sufragios que Guillier e incluso otros que presumen de contar con mucho apoyo social. En lo relativo al financiamiento que exigen estas competencias electorales, sabemos que la DC tiene buenos y poderosos contribuyentes y que, tampoco, debería resultarle muy difícil obtener apoyos de la Internacional Demócrata Cristiana, del gobierno alemán de Ángela Merkel y otros.

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En este sentido, la decisión de ir solos que ir mal acompañados, como señalan algunos, puede ser muy importante para que se empiece a clarificar quién es quién y cuántos en la política nacional y, finalmente, los procesos electorales puedan poner transparencia en tal sentido y contribuyan a la desaparición, por ejemplo, de referentes fantasmas, sin apoyo ciudadano y que siempre le han sacado dividendo en altos cargos a su política de alianzas con las colectividades mayores.

Por cierto que a esta altura se ve muy difícil, sino imposible,  que un candidato de la Democracia Cristiana pueda cruzarse la Banda Presidencial, aunque en política no han nada realmente seguro  o definitivo. Sin embargo, el PDC podría conseguir la elección de un número de diputados y senadores que se conviertan en decisivos en la nueva correlación de fuerzas que se impondrá  en el Parlamento el próximo año. Perfectamente, además, el voto de sus partidarios podría ser decisivo en la definición de una segunda vuelta presidencial, por lo mismo que el encono que a este partido se le prodiga desde las otras colectividades de la Nueva Mayoría es mucho más discreto en los más altos niveles de este referente. Lo cierto es Alejandro  Guillier y sus más cercanos colaboradores, confiados en disputar con Piñera la segunda vuelta, se esmeran en mantener una buena relación con los falangistas, aunque muchos  incurran en desacreditarlos y culparlos por la ruptura de una fórmula electoral que les aseguró varios períodos en La Moneda.

De verdad es que la decisión demócrata cristiana ha sido muy arriesgada, pero resulta muy interesante para la suerte de quienes impusieron el camino propio en este partido. Algo que, sin embargo, llena de júbilo a la derecha piñerista por la posibilidad de que éste sea el que se beneficie de los votos DC en la segunda vuelta. Aunque, de verdad ésta sea una peregrina posibilidad cuando los demócrata cristianos, ahora muy celosos de su independencia, no dan indicio alguno de buscar alianza con la derecha y el ex pinochetismo. A pesar de los flirteos de algunos de sus dirigentes (denominados guatones), que preferirían una alianza con Piñera, si es que los resultados electorales de la DC no los catapulta hacia un referente poderoso que les permita negociar en mejores términos con sus ex aliados de la Concertación.

No debemos olvidar que la Democracia Cristiana surgió en Chile y en el mundo como una alternativa al capitalismo, al comunismo y al llamado socialismo real. En un ideario que se mantiene todavía muy vigente en la población. Especialmente en las generaciones más añosas y de la llamada clase media , que son en realidad, las que más aportan al sufragio en estos tiempos en que la abstención es la opción preferencial de los más jóvenes y de los pobres.

Todavía, sin embargo,  viene una Junta Nacional de este partido y otros eventos internos que podrían desbaratar la voluntad de Carolina Goic y de sus allegados de llegar de todas maneras a la primera vuelta presidencial. Y, claro, todavía este partido pudiera revisar su táctica o estrategia del camino propio si se impusiera la voz de los cientos o miles de demócrata cristianos que ocupan algún cargo dentro de la repartija ocupacional del  Estado, y que no están muy dispuestos a que -por un asunto de principios- se ponga en peligro su estatus laboral y consabidas prebendas.

Es claro que la Democracia Cristiana está apostando también a que desde las filas del socialismo, del laguismo resentido con el PS y el PPD y de la derecha que siempre duda de un controvertido candidato como Piñera pueda capturar algunas adhesiones para sus diversos postulantes. El propio mundo empresarial, como lo hemos anotado muchas veces, podría mirar con más complacencia a una candidata empática como lo es Carolina Goic,  que a un colega que consideran “atropellador” y demasiado arriesgado para sus intereses. Toda vez que temen que con un gobierno de la derecha revienten los conflictos y demandas sociales que tanto podrían afectar lo que ellos consideran estabilidad del país y  paz social. Sin considerar de que es justamente de la inequidad y de la falta de oportunidades donde más se alimentan las tensiones y los más serios conflictos. Cuando sabemos que un nuevo gobierno que mantenga la misma institucionalidad y se consagren las injusticias puede ser lo más contraindicado para sus negocios y su enorme avidez económica. Sobre todo si este eventual mandatario es reconocido como de derecha y es uno de los más grandes multimillonarios del país y de nuestra Región.

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