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Año XI, 18 de febrero de 2019

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Raúl Martínez

Sudamérica hacia el precipicio

Raúl Martínez | Jueves 31 de enero 2019 20:38 hrs.

El reconocimiento en una entrevista del Consejero Nacional de Seguridad de Donald Trump, John Bolton, del interés de que empresas norteamericanas inviertan en el petróleo venezolano, es la comprobación de que el fin último de los Estados Unidos es el recurso natural y no salvar la democracia en la nación sudamericana.

Este hecho no constituye ninguna novedad pues ha sido la constante norteamericana en cada una de las naciones que ha invadido para “reestablecer el orden democrático y los valores de las democracias occidentales”, según afirman cada vez que tienen que justificar sus intervenciones. Luego viene el saqueo.

Pero para alcanzar el premio mayor, la historia muestra que es la brutalidad de sus tropas y máquinas de guerra las que actúan primero para machacar las ciudades llenas de gentes indefensas frente a los misiles lanzados desde miles de kilómetros en el mar o desde el cielo. Después sus marines asolan ciudades, asesinan civiles y argumentan invariablemente que son los daños colaterales en una guerra donde el enemigo tiene pocas probabilidades de confrontación.

Una invasión a Venezuela no sólo afectaría a ese país sino a toda Sudamérica. John Bolton no sufrió un descuido cuando en una conferencia de prensa dejó su cuaderno con apuntes volteado hacia la decena de periodistas y reporteros gráficos. “5.000 troops to Colombia”, se leía claramente en el block de notas de hojas amarillas. ¿Qué persigue con esta provocación uno de los principales asesores del mandatario norteamericano?

Si bien todos los teóricos de la guerra afirman que el factor sorpresa es fundamental en un conflicto bélico, el anuncio de Bolton de transportar 5 mil efectivos a Colombia enciende las alarmas en Caracas ya que comparten una extensa y porosa frontera de 2 mil 219 kilómetros de extensión. En un eventual enfrentamiento, Venezuela debería buscar en su vecino a sus agresores, provocando una extensión del conflicto. Entonces, ¿cuál sería la posición del Brasil de Jair Bolsonaro, de Chile con Sebastián Piñera y de la Argentina de Mauricio Macri? Con todos estos gobiernos la administración de Nicolás Maduro ha encontrado total hostilidad, incluyendo los dichos del militar retirado brasileño quien desde antes de asumir la presidencia ha dicho querer buscar “soluciones” para Venezuela. Incluso, sólo dos días después de asumir su mandato en la sede de Gobierno de Brasilia, Bolsonaro propuso “asfixiar a Venezuela con un embargo”.

Sudamérica está enfrentada a un dilema total. No se trata sólo de Venezuela y su pueblo, sino de los poco más de 422 millones de sudamericanos que habitan este lado del mundo.

Mientras, Estados Unidos bajo la administración de Trump hace gala de sus 610 mil millones de dólares que tiene de presupuesto para sus fuerzas armadas. La cifra es tres veces más que lo destinado por China que llega a los poco más de 220 mil millones de dólares. Rusia, en tanto, gastará este 2019 un diez por ciento del presupuesto del Pentágono, unos 60 mil millones de dólares.

Con esa cantidad de fondos, considerado el presupuesto más grande en la historia estadounidense, Donald Trump impulsó la modernización de sus fuerzas y el desarrollo de nuevo armamento, en tanto ordenaba el regreso de tropas desplegadas en otros conflictos como hizo con el anuncio de sacar a los soldados internados en Siria.

Pero la máquina de guerra norteamericana no descansa. El 29 de enero último, la Administración Nacional de Seguridad Nuclear estadounidense (NNSA por sus siglas en inglés), dio a conocer que comenzará la fabricación de ojivas de bajo rendimiento para misiles balísticos que servirán para equipar los misiles Trident que son lanzados desde submarinos y que tienen un alcance efectivo de 11 mil kilómetros.

La construcción de estas ojivas de bajo rendimiento significa un incremento preocupante de la amenaza de una guerra nuclear. En ese sentido se expresó el canciller ruso Sergei Lavrov, quien sostuvo que “el desarrollo de estas municiones de bajo rendimiento rebaja el umbral del empleo de armas nucleares y, por supuesto, aumenta el riesgo de conflicto nuclear”.

La Armada estadounidense espera contar con la ojiva W76-2 a fines de este 2019, aunque la sed de Donald Trump de contar con nuevas armas para asegurar la hegemonía de su país en el planeta, podría obligar a los especialistas a acelerar el proceso.

Entrevistado por el medio ruso Actualidad RT, el ex militar español José Antonio Alcaide afirma que uno de los principales riesgos es que el arma sea utilizada de manera “inoportuna”. “Como la ojiva es muy pequeña se puede disparar simplemente desde un cañón o la puede transportar un avión y lanzarla en cualquier sitio, puede hacer que en algún momento haya descontrol (…) Puede suceder que cualquier mando medio en un momento dado no sea capaz de saber lo que tiene entre manos y utilizarlo en un conflicto convencional”, advirtió.

El mundo ha sido testigo especialmente en el siglo XX cómo las fuerzas norteamericanas utilizan su poderío de fuego. Y el riesgo de que esto ocurra en Sudamérica por la loca carrera de hacerse del petróleo venezolano, no es algo que parezca una realidad lejana.