Diario y Radio U Chile

Escritorio

FAO: hambre en el mundo lleva tres años sin disminuir y la obesidad sigue creciendo

Las probabilidades de padecer inseguridad alimentaria son mayores para las mujeres que para los hombres, y esto es así en todos los continentes, con la mayor diferencia en América Latina.

Diario Uchile

  Lunes 15 de julio 2019 17:21 hrs. 
FAO

Se calcula que unas 820 millones de personas carecían de suficientes alimentos en 2018, frente a 811 millones del año 2017. De esta forma, la lamentable cifra se sigue acrecentando.

Este dato pone de relieve el inmenso desafío que supone alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible del Hambre Cero (ODS 2) para 2030, según advirtió, este lunes, una nueva edición del informe anual de Naciones Unidas “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo”.

El ritmo del progreso para reducir a la mitad el número de niños con retraso en el crecimiento y el de bebés nacidos con bajo peso es demasiado lento, lo que también hace que los objetivos de nutrición del ODS 2 estén más lejos de alcanzarse, según el estudio.

Al mismo tiempo, el sobrepeso y la obesidad siguen aumentando en todas las regiones, en especial entre los niños en edad escolar.

Además, las probabilidades de padecer inseguridad alimentaria son mayores para las mujeres que para los hombres en todos los continentes, con la mayor diferencia en América Latina.

“Nuestras medidas para abordar estas tendencias preocupantes tendrán que ser más enérgicas, no sólo en su escala, sino también en términos de colaboración multisectorial”, pidieron los responsables de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su prólogo conjunto al informe.

El hambre está aumentando en muchos países en los que el crecimiento económico está estancado, en particular, en los países de ingresos medianos y en los que dependen, en gran medida, del comercio internacional de productos básicos.

El informe anual de las Naciones Unidas también denuncia que la desigualdad de ingresos está creciendo en muchos de los países donde aumenta el hambre, lo que hace aún más difícil para las personas pobres, vulnerables o marginadas, hacer frente a la desaceleración y la recesión económica.

“Debemos fomentar una transformación estructural inclusiva y favorable a los pobres, centrada en las personas y en las comunidades, para reducir la vulnerabilidad económica y encaminarnos hacia la erradicación del hambre, la inseguridad alimentaria y todas las formas de malnutrición”, aseguraron los dirigentes de las Naciones Unidas.

Los avances son lentos en África y Asia

África presenta la situación más alarmante, ya que la región tiene las tasas de hambre más altas del mundo y siguen aumentando lenta pero constantemente en casi todas las subregiones. En África oriental, en particular, cerca de un tercio de la población (un 30,8 por ciento) está subalimentada. Además de los fenómenos climáticos y los conflictos, la ralentización y la crisis económica están impulsando este aumento. Desde 2011, casi la mitad de los países en los que el hambre aumentó debido a la desaceleración o estancamiento de la economía, se encuentran en África.

El mayor número de personas subalimentadas (más de 500 millones) vive en Asia, sobre todo en los países del sur del continente. En Asia meridional y en el África subsahariana, uno de cada tres niños padece de retraso en el crecimiento.

Además de los problemas de retraso en el crecimiento, en Asia y África viven casi las tres cuartas partes de todos los niños con sobrepeso del mundo, impulsado en gran medida por el consumo de dietas poco saludables.

El informe estima que más de 2000 millones de personas, la mayoría en países de ingresos bajos y medianos, no tienen acceso regular a alimentos inocuos, nutritivos y suficientes. Pero el acceso irregular es también un desafío para los países de ingresos altos, incluyendo el 8 por ciento de la población de América del Norte y Europa.

Esto exige una profunda transformación de los sistemas alimentarios para proporcionar dietas saludables producidas de manera sostenible a una población mundial en crecimiento.