Marketing animal

  • 10-04-2026

La lucrativa industria explotadora de los animales se apoya en un marketing que oculta o, derechamente, miente sobre sus prácticas habituales. Para apoyar el trabajo investigativo de esta columna, mandé correos a productores de leche, carne y huevo para saber más de su labor pero nadie me contestó.

En fin, intentaré resumir dos de los recursos publicitarios que utilizan las empresas de alimentos de origen animal para esconder la verdad:

Vacas ‘Felices’

Los envases de leche muestran vacas que aparecen ‘contentas’ pastando. ¿Pero cómo llegó realmente ese vaso de leche a la mesa?

Es cada vez más común que los animales permanezcan siempre encerrados en establos. Estos pueden ser lugares oscuros y húmedos, donde cientos de vacas están confinadas en cobertizos llenos de cubículos individuales donde no pueden jugar, pastar ni explorar.

A las vacas se les someten a mutilaciones dolorosas como el marcado, el corte de cola y el descornado. En la primera, les queman la carne con barras de hierro al fuego. En la segunda, se utilizan tijeras o, en algunos casos, se envuelve la cola con alambre. En la tercera, les cortan los cuernos o queman el tejido delicado.

Hay que destacar que las vacas tienen leche para sus hijos. Unas horas después de su nacimiento los terneros le son arrebatados, causandoles un dolor profundo y desgarrador. Se les escucha llamando a sus crías durante días. Sin embargo, su destino está sellado: su fluido corporal será extraído y vendido para los humanos.

La esperanza de vida de este animal es de unos 20 años, pero se le suele matar al cabo de unos cinco, ya que su cuerpo se desgasta por estar siempre preñada o lactando. Luego los empresarios la convierten en sopa, comida para perros y gatos o carne molida.

Por otra parte, los terneros pasan días llorando por sus mamás en vano, si es que sobreviven. En algunos casos, se les mata inmediatamente para ser vendidos como carne tierna. Aquellos que se consideran como “no viables” son eliminados el mismo día en que nacen.

Bienestar Animal

Un consorcio dice que “bienestar animal tiene como propósito buscar una mejora tanto en la productividad y longevidad de los rebaños”. Otros empresarios se enorgullecen informando que “el proceso de alimentación de los animales está enteramente basado en el pasto”.

Aclaremos este lavado de imagen que usa nombres como ‘vacas de libre pastoreo’ o ‘gallinas felices’.

La mayoría de estos animales nunca han caminado sobre la hierba. Por ejemplo, la única vez que salen los cerdos al exterior es cuando los empujan de un cobertizo a otro, o cuando los trabajadores los golpean o azuzan para subirlos a un camión que los transportará a su muerte.

En cuanto a las gallinas ponedoras de huevos, a ellas se les exige una sobreproducción que les causa problemas a su salud como desórdenes reproductivos, huesos débiles y agotamiento. Finalmente, son enviadas al matadero cuando su producción se torna lenta.

¿Y qué les pasa a los pollitos machos? Como no ponen huevos y no son rentables como carne, son considerados como inútiles por la industria. Generalmente se les mata sólo horas después de salir del cascarón: son molidos vivos, gaseados o sofocados en bolsas de basura.

El aspecto primordial es que los animales sí quieren vivir. Desafortunadamente, estos seres lo pasan bien excepcionalmente ya que sufren considerablemente más durante su corta existencia. La culminación de esta miseria es cuando llegan al matadero donde luchan hasta el último momento por sus vidas, experimentando dolor y terror.

Ante esto sólo nos quedan dos opciones: miramos para el lado y seguimos participando en este sistema de violencia o entendemos que urge plantearnos otra forma de relacionarlos con estos individuos considerados ‘de producción’ desde el cuidado y respeto por sus vidas, como bien lo demuestran los santuarios de animales.

Entonces, decidimos ponernos del lado de ellos haciendo una transición al veganismo y dejamos de financiar a esta industria explotadora.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.

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