Oportunidad magnífica de mostrar su sensibilidad hacia la causa araucana perdió José Antonio Kast al entregar, semanas pasadas, su primer mensaje presidencial. Lo menos que habría logrado habría sido quedar como un mandatario bien informado, pues esos días estaba latente lo ocurrido con los comuneros de Temucuicui, invadidos por efectivos marinos y policiales. Por añadidura, también los medios anunciaban en el parque urbano Isla Cautín de Temuco la realización del We Tripantu o Año Nuevo Mapuche. Tradicional encuentro de renovación de energías identitarias en que, lógicamente, estuvo presente la propuesta de nueva Ley Indígena.
Alternativas desdeñadas, pero que por su relevancia propician la reactualización del Tratado de Tapihue. Para conocimiento cultural del gobernante derechista, ciertos preceptos de su valioso contenido conservan vigencia. Firmado el 07 de enero de 1825 por el lonco Francisco Marihuan en representación de confederaciones nativas (butalmapus) y el capitán Pedro Barnechea, por el gobierno de Freire Serrano. El riachuelo Tapihue, del departamento de Rere, queda cerca de Yumbel y del Salto de Laja y en mapudungum significa lugar de aji.
¿Por qué Ramón decidió escoger un acuerdo político con las catorce confederaciones indígenas para alcanzar la paz?
No quedaba otra estrategia. Era el único camino. Múltiples conflictos internos y foráneos lo obligaban. Desde Lima, el desterrado O’Higgins batía planes de retorno al cargo de Director Supremo, contando para ello con fanáticos seguidores; la iglesia detestaba al gobernante por su condición masónica, proyectos federalistas; ruptura de relaciones con la Santa Sede; los intereses draconianos de la aristocracia castellano-vasca; la extensa y costosa presencia argentina destilaba impopularidad; desaciertos financieros estatales tenían vacía la caja fiscal aumentando las protestas regionales. Caos al que se sumaba el fortalecimiento del Ejercito Real español, dirigido por el inteligente general Antonio Quintanilla, alimentado por el virreinato peruano y asociado con las montoneras de Vicente Benavides.
Colgado el traidor criminal, Ramón Freire, Director Supremo obligado a asumir por clamor popular, consciente de que los españoles desde 1535, capitaneados por el capitán Francisco de Ulloa, se posicionaron del Canal de Chacao y Chiloé, desearon apoderarse de lo que calificaban la llave de entrada al Pacífico, concluyó que la única manera de consolidar la naciente y ansiada república patriota era expulsándolos definitivamente del archipiélago. Soberbia empresa para la cual era menester un poderoso ejército pues, en 1769, Santiago había cedido su administración a Lima.
Horas de la historia en que Tapihue entra a tallar. Brota entonces cual gran objetivo el concepto Pacificación de la Araucanía y para alcanzarlo la imperiosa necesidad de contar con el pueblo aborigen. Naturales constituidos originariamente por chonos, huilliches y mapuches, convertidos al catolicismo por mercedarios, franciscanos y jesuitas que, para evangelizarlos a favor de la corona española edificaron cientos de capillas a favor de la corona española. Transcurridos dos siglos de enunciado el Tratado de Pacificación, ¿sus incisos hoy no suenan ultra manidos, pisoteados e improductivos?
En beneficio del espacio, traspaso ciertos artículos esenciales del Convenio empezado a trabajarse dos años antes. Advierto que previo a su refrendación de 1825, desde tiempos remotos, varias veces los oponentes intentaron acuerdos que fueron violados por tribus y patriotas. Amerita también notificar que Tapihue consideró materias que aún alcanzan negativa repercusión, transmutando en centro de polémicos estudios para leguleyos, historiadores y políticos.
De su interesante articulado, destaco cinco: el Uno incorpora al territorio chileno, definiéndolo desde el desierto de Atacama hasta Chiloé y que entrega a los mapuches la condición de chilenos, que ellos reconocen. Comento: acotación muchas veces puesta en duda por algunos mapuches.
El numeral 13 obliga al gobierno a nombrar y rentar un comisario y a un lengua-general por cuyos conductos pueda entenderse y comunicarse con sus nuevos hermanos y por los mismo estos con aquel. Reflexiono: ¿cuánto ha costado incluir la enseñanza del mapuche en planes educativos y ¡para qué decir!, la posibilidad de que posean un canal de televisión, igual que en Perú con los quechuas?
El artículo 14 ratifica el río Biobío como la frontera de ambos pueblos poniendo término a una guerra por lo menos de catorce años, más intensa después del 5 de abril de 1818. Opino: la frase final puede interpretarse como restadora de la trascendencia dada por los independentistas.
El Art 16 indica que un comisario tendrá obligación precisa de recorrer cada dos meses los cuatro Butalmapus con el fin de llevar adelante las ideas liberales de paz y unión dando cuenta al gobierno cada trimestre de que ocurrirá. Zanjo: me parece nunca ejecutado.
Art. 18 especifica que los gobernadores o caciques desde la ratificación del Tratado no permitirán que ningún chileno exista en los terrenos de su dominio por convenir al mejor establecimiento de la paz y unión, seguridad general y particular de estos nuevos hermanos. Reconozco: La sabiduría del tempo político ha morigerado la demanda.
El artículo 33 y final. Como corresponde, se ratificó con presencia de tribus, tropas, enarbolamiento de banderas, marchas, malones, fiestas y a las venturosas salvas de ¡Viva la Unión!, selló la paz entre ambas naciones. Conclusión: ¡Doscientos años en vano!
Culminada esa etapa, más tranquilo, meditabundo, el Director Supremo Freire se dedicó a organizar para el año siguiente las feroces campañas que expulsarían, concluyentemente, a los españoles de Chiloé y todo Chile.


