Desde hace décadas escuchamos que aprender inglés es fundamental para acceder al conocimiento, mejorar las oportunidades laborales y participar en un mundo globalizado. Sin embargo, Chile aún está lejos de garantizar que todos sus estudiantes aprendan efectivamente una segunda lengua.
Este problema no pertenece exclusivamente a un gobierno. Distintas administraciones han impulsado programas, ajustes curriculares y capacitaciones docentes, pero las políticas implementadas no han estado a la altura del desafío. Hemos tenido iniciativas para enseñar inglés, pero todavía no existe una verdadera política de Estado orientada al bilingüismo.
Los resultados son elocuentes. El Estudio Nacional de inglés de 2017 reveló que solo un 32 % de los estudiantes de tercero medio alcanzaba los niveles A2 o B1 del Marco Común Europeo, mientras que un 68 % permanecía en el nivel inicial A1. La desigualdad era aún más preocupante: un 85 % de los estudiantes de sectores socioeconómicos altos lograba niveles A2 o B1, frente a apenas un 9 % de los estudiantes de sectores bajos.
Así, el aprendizaje de una segunda lengua continúa siendo, en gran medida, un privilegio. Quienes pueden acceder a colegios bilingües, clases particulares, viajes o intercambios cuentan con mayores oportunidades. Para muchos estudiantes de la educación pública, en cambio, el contacto con el inglés se limita a unas pocas horas semanales, frecuentemente descontextualizadas.
Frente a esta realidad, el enfoque AICLE/CLIL —Aprendizaje Integrado de Contenido y Lengua— representa una oportunidad concreta. Este enfoque permite aprender contenidos de Ciencias, Historia, Tecnología, Medicina o Ingeniería mediante una lengua adicional. El inglés deja de ser solo una asignatura y se convierte en una herramienta para comprender, investigar, resolver problemas y comunicar ideas.
Su principal fortaleza es la flexibilidad. No se requiere transformar de inmediato todas las escuelas en establecimientos bilingües. Es posible comenzar gradualmente con unidades, proyectos interdisciplinarios o actividades parciales en inglés, adaptadas a las capacidades de cada comunidad educativa. Su implementación exige formación docente, materiales pertinentes, planificación y colaboración interdisciplinaria, pero ofrece oportunidades de exposición y uso auténtico del idioma.
El bilingüismo no puede seguir dependiendo de la capacidad económica de las familias. Garantizar el acceso a una segunda lengua es una cuestión de equidad educativa, sin desconocer la importancia del español ni la diversidad lingüística de Chile.
Con este propósito, se desarrollará la conferencia internacional Bilingual Education through CLIL: Current Conversations and the Future Ahead, entre el 4 y el 6 de noviembre de 2026 en el Centro de estudios de postgrado y educación continua de la Usach. Esta instancia busca poner el tema sobre la mesa, generar conciencia y discutir cómo avanzar hacia una educación bilingüe y plurilingüe pertinente para nuestra realidad.
Ya hemos esperado demasiado. La pregunta no es si Chile necesita avanzar, sino cuándo convertiremos esta aspiración en una verdadera política pública.






