Educar para los cuidados: una tarea pendiente

  • 29-10-2026

Este 29 de octubre se conmemora el Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo, proclamado hace tres años por las Naciones Unidas. En nuestro país, se han alcanzado importantes conquistas en esta materia gracias al movimiento feminista, a las organizaciones de mujeres y, principalmente, a las propias cuidadoras. Hemos visto avances en las políticas públicas de cuidados, como la promulgación de la ley durante el Gobierno del Presidente Gabriel Boric, así como el desarrollo de iniciativas impulsadas por municipios y gobiernos regionales.

En el marco de estos avances, que también tienen lugar a nivel internacional, la discusión sobre los cuidados ha comenzado a instalarse en las universidades, y muchos años antes en el mundo académico. En este escenario, es importante abrir una conversación sobre el rol que debe cumplir la educación en la corresponsabilidad social de los cuidados, no solo en la educación universitaria, también, muy particularmente, en la educación escolar.

¿Dónde aprende un niño a cuestionar y compartir los roles en el hogar? ¿Dónde aprende a cocinar o a cuidar a las personas que lo necesitan dentro de su núcleo familiar? Hemos visto cómo, a través de la llamada ley “Papito corazón”, se ha avanzado en el cobro de las deudas de pensiones de alimentos de miles de padres que no han asumido siquiera las responsabilidades económicas mínimas con sus hijos e hijas. Esto, por supuesto, es un avance necesario. Pero cabe preguntarse: ¿dónde aprenderán los padres del futuro a no repetir esta historia?

Quizá una de las mayores brechas que enfrentamos hoy en las políticas de cuidados tiene que ver, precisamente, con la responsabilidad que asumen los varones en este trabajo. No todos, evidentemente, pero sí una gran mayoría sigue estando al margen de las tareas cotidianas que sostienen la vida. Mientras tanto, estas responsabilidades continúan recayendo de manera desproporcionada sobre las mujeres.

Hoy, cuando la perspectiva de género es perseguida, cuestionada y relegada también en la asignación de recursos, es cuando más necesitamos incorporarla en la educación. Necesitamos transformar las salas de clases en espacios donde los futuros adultos y adultas de nuestro país puedan aprender a compartir las responsabilidades, cuestionar los roles de género y reconocer que cuidar no es una tarea exclusiva de las mujeres, sino una responsabilidad colectiva.

Necesitamos que la escuela sea también un espacio para la ternura, donde podamos aprender a sostener la vida en común, reconocer nuestra interdependencia y comprender que nadie puede hacerse cargo de todo en soledad. Solo así podremos imaginar un futuro mejor para todas y todos, especialmente en tiempos de crisis climática y de debilitamiento democrático.

Ese es, justamente, uno de los roles fundamentales de la educación en los cuidados: contribuir a transformar las relaciones sociales para que cuidar deje de ser una obligación individual y desigual, y se convierta en una responsabilidad compartida. Porque la corresponsabilidad no se construye únicamente a través de leyes y políticas públicas; también se aprende, se practica y se transforma desde la infancia.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.

Presione Escape para Salir o haga clic en la X