Amigo de Martin Scorsese, hincha de San Lorenzo y asiduo lector de Dostoievski. Durante los últimos años, el jesuita se alzó desde el Vaticano como una figura refrescante, cercana, progresista y profundamente vinculada con el mundo popular.
En 1988, el cineasta norteamericano estrenó su propia versión de Jesús. Una que figura entre las grandes cintas de cine religioso y que, sin embargo, fue víctima de críticas, censura e incluso un atentado concertado por católicos integristas.
En Palabras sin música, el compositor estadounidense escribe sobre sus técnicas compositivas, se muestra melancólico con sus orígenes familiares y reúne personajes como Martin Scorsese, John Cage, Salvador Dalí y Allen Ginsberg, por ejemplo.
El tema es que con todo, y a pesar del entusiasmo de HBO, las reacciones de la audiencia han sido dispares. La debilidad de “Vinyl” es la misma que han tenido las últimas películas de Scorsese. Todas ellas interesantísimas y notablemente filmadas, pero todas excesivas.