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Año XIV, 20 de enero de 2022

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Perdedores profesionales se necesitan con urgencia

| Miércoles 6 de enero 2010 12:40 hrs.

La cercanía de las elecciones permite especular con ganadores y perdedores sin que nadie pueda decir cual es la verdad definitiva. Pero en el ambiente flota la sensación de que el cuarto de hora de la Concertación llegó a su último segundo.


Señor Director,

La cercanía de las elecciones permite especular con ganadores y perdedores sin que nadie pueda decir cual es la verdad definitiva. Pero en el ambiente flota la sensación de que el cuarto de hora de la Concertación llegó a su último segundo.

Esta entropía aumenta si alguien visita las oficinas públicas. Ahí la atmósfera de que algo terrible va a pasar, como en el cuento de García Márquez, es palpable.

Por eso hay tanta amenaza desenfundada. La más grave, el advenimiento de la derecha si no se vota por Frei, de tanto usarla, ha comenzado a gastarse. Más aún cuando las torpezas se repiten con una periodicidad atómica.

Mientras tanto, la mala suerte de la gente de izquierda, sigue su curso. La gente llana, la allendista, la que lo pasó mal para al UP, por el duro trabajo que dio tanta cosa por hacer. La que lo pasó muy mal durante la dictadura, entre salvar el pellejo y trabajar en la conspiración. La que también sigue pasándola mal en estos veinte años transitivos, en los cuales se ha dado a conocer la oligarquía de los tiempos de la Internet.

Esta gente que decidió votar por marco Enríquez Ominami o que siguió la costumbre y optó por Jorge Arrate creyendo que la voltereta del ex sanador, ex embajador y ex ministro, era una acto contrictivo genuino. O esos rebeldes que insisten en que es mejor anular, votar en blanco o simplemente abstenerse y durante el día de asueto de las votaciones, tomar vino con chirimoyas.

Esa gente de izquierda que saca de la bronca acumulada argumentos solemnes y variados para decir que esta vez no va a votar por Frei así sea que se venga el mundo abajo.

Contra ellas, la acusación recurrente y casi única, es que esos votos, en blanco, nulos o abstencionistas, son los que van a permitir que gane Piñera y con él, esa sombra criminal que es la derecha.

Ahora resulta que los únicos perdedores en los últimos treinta y cinco años, serán los culpables del triunfo de la derecha en las elecciones del 17 de enero. Hace falta no más que a éstos perdedores eternos le achaquen la Crisis Asiática o la gripe Aviar.

Ni hablar de la más mínima autocrítica. Acostumbrados por la fuerza de repetir un argumento que ha dado buenos resultados, los equipos comunicacionales de la Concertación echan a rodar la pavura.

Votar por nulo, es hacerle el juego a la derecha. Votar blanco, es votar por Piñera. No votar es hipotecar el futuro. Un poco más allá, otra parte de la izquierda, esa que de verdad cree que debe echarse al hombro los pecados del mundo, repite la monserga.

Nunca es tarde para parar a la derecha. No es lo mismo Piñera que Frei. No da lo mismo quien gobierne. No puedes ser cómplice de que la derecha se haga de la única fracción de poder que no tiene. A pesar de todo Frei no es fascista. Los programas son distintos en el fondo. Piñera privatizará CODELCO. Frei permitirá la recomposición de la izquierda.

En efecto, estos argumentos son ciertos. Lo que no es cierto, es que de salir Piñera los responsables de la debacle que significa la entronización derechista, sea responsabilidad del gilerío de siempre.

Para decir la verdad, los únicos responsables de lo que puede pasar si gana la derecha, es de quienes se han servido de ella cuando les ha convenido, que han hecho las leyes que mantienen las cosas como las conocemos y han construido esta copia feliz del Edén, con esa misma derecha de pesadilla.

Los responsables de haber obtenido ese esmirriado treinta por ciento son quienes han controlado el estado durante el último quinto de siglo, los que han tratado a la gente como carne de cogote, los que han construido este modelito con millonarios maravillados de lo eficaz de la democracia tartamuda y del sistema binominal.

¿Qué responsabilidad les va a caber a quienes han estado mirando el sarao tras los visillos? ¿Qué responsabilidad tiene el resentido que no quiere salvar a un gobierno que nombrará a un Subsecretario del Interior que mañana en la tarde lo apaleará por gritar en la calle? ¿Qué culpa tiene el que ha visto la prepotencia de los que ahora buscan su voto y que olvidarán sus promesas no bien saluden a la guardia de palacio?

¿Qué se le puede decir a ése y a ésa que no olvidó las promesas vanas de Bachelet antes de la última segunda vuelta? ¿Cómo no comprender a quienes, con razones justificadas absolutamente, no quiere saber de Frei, de la Concertación, de los patrones de fundo que mandan esos partidos, ni de los Sheriff que dirigen con mano de hierro la represión y la economía?

Que cada uno haga lo que estime en conciencia. Pero no hay que olvidar pasar la cuenta a quienes deben pagarlas.

De lo contrario, sería como sufrir los efectos de la resaca de una noche de carrete que se pegó otro.

Ricardo Candia Cares

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