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Julio Hurtado

Un fantasma recorre nuestras ciudades

Julio Hurtado | Martes 8 de junio 2010 16:44 hrs.


Con el perdón de los puristas y parafraseando a un clásico, parto diciendo que una especie de fantasma recorre el espacio construido chileno, ya sea urbano o rural: es el fantasma del mercado y de la privatización a ultranza. Al parecer, la ciudad y la construcción del espacio en general, será uno de los escenarios privilegiados para el ultra ideologismo pro mercado de autoridades y de los principales agentes económicos del país.

Para demostrar esta afirmación general, veamos lo que sucede en dos situaciones, una rural y la otra urbana, que sin duda tendrán un significativo impacto en la calidad del desarrollo de nuestro territorio, y en la calidad de vida de sus habitantes.

En primer lugar, miremos con detalle la ofensiva comunicacional de Enersis para construir la represa en Aysén. Es así que se realiza un gran acto, en conjunto con las más altas autoridades del país, para anunciar la donación de diez millones de dólares para la reconstrucción. En esa oportunidad, después de entregar el simbólico cheque, aprovechan la ocasión para reclamar por el trato poco adecuado que, a juicio de la empresa,  les dieron las anteriores autoridades, al exigir con demasiado celo la preservación de valores ambientales. Esperan, por lo tanto, un mejor trato de las actuales autoridades para poder construir, sin tanta reserva, dicho megaproyecto.

Si no fuera por la indiferencia o ineptitud de los medios, de los políticos y de los ecologistas, esta arremetida de la empresa hubiera parecido una torpeza. Torpe porque se hacen denuncias y demandas en el momento en que se efectúa una “generosa” donación, lo cual podría ser considerado una especie de chantaje o soborno. Pero, parafraseando nuevamente a un clásico, tras la bravuconada, nadie dijo nada. Nadie dijo nada.

En segundo lugar, otro hecho preocupante tiene que ver con el sorpresivo anuncio que hizo el gobierno en cuanto a la revisión de la continuidad del proyecto Parque Portal Bicentenario, en los terrenos del otrora aeropuerto Los Cerrillos, quizás el más grande proyecto de intervención urbana por parte del Estado de los últimos tiempos.

Pese a todos los errores y problemas que pudiera haber presentado, este proyecto tenía un gran mérito, ya que era una acción decidida del Estado para intervenir en la ciudad. No era tan sólo un emprendimiento inmobiliario de privados (mejor dicho, lo era, pero bajo la orientación del Estado). El Portal Bicentenario es (¿o era?) una iniciativa en que se pretendía construir ciudad más equilibrada, teniendo en cuenta el bien común.

Es así que convivían distintas funciones (servicios, vivienda, recreación) y, sobre todo, se pretendía que convivieran también distintos sectores sociales (pobres y no pobres). Esto, al parecer, no fue soportable para los campeones del libre mercado, del sector privado y de los que no quieren la mezcla social.

Corremos el peligro de seguir profundizando la construcción de esta ciudad desigual, modelo que sabemos que, al mediano y largo plazo, no es viable ni social, ni urbana, ni ética ni socialmente.

El contenido vertido en esta Columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de Diario y Radio Universidad de Chile.