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El fútbol y los toros

Columna de opinión por Hugo Mery
Viernes 30 de julio 2010 16:26 hrs.


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“El fútbol y no los toros” escribía en los años 60 el español avecindado en Chile Isidro Corbinos, en su columna habitual de la revista Ercilla “La guerra de los goles”. Uno de los más  lúcidos y originales comentaristas deportivos que ha tenido el país daba cuenta así de un fenómeno de transferencia de  los gustos masivos en la península ibérica.

A raíz del vendaval desatado allí –el miércoles- por la decisión del Parlament de Catalunya de abolir las corridas taurinas habría que actualizar el aserto: ”el fútbol y los toros”, porque, a pesar de que 50 años después ha mermado aún más la asistencia a las lidias -son el Real Madrid, el Barça y el Sevilla los auténticos convocantes de masas a los estadios-, el fuego taurino se reavivó, al soplo de las más caras tradiciones seculares.

Las referencias al “fútbol y los toros” son pertinentes también al no faltar los taurinos que acusaron a los barças de reaccionar con mezquindad al triunfo español en el Mundial, alentando conductas identitarias que los alejan de la nación en su conjunto.

Pero lo cierto es que las corridas en Cataluña se han vuelto casi inexistentes y confinadas a un solo lugar, la plaza Monumental de Barcelona. También es verdad que los catalanes se volcaron en su momento a las calles a vitorear el título futbolístico obtenido en Sudáfrica.

El argumento que podría rescatarse es que hubo un aprovechamiento político del humor favorable a los animales –impulsado por movimientos “ecologistas asfálticos”, como nos los denominaba un andaluz que trabaja en Santiago-, un oportunismo ante cierto clima social para vengarse de las cortapisas que el Tribunal Constitucional acaba de poner al Estatut autonómico de la Generalitat. Así lo reconoció de alguna manera un diplomático catalán destacado en Chile.

Si hubo una intención de esa naturaleza entre algunos de los parlamentarios que votaron contra las corridas es algo que se evidenció menos que lo exteriorizado por los protaurinos: un acendrado nacionalismo panespañol que se irrita con los intentos diferenciadores, o identitarios, de algunas regiones, lo que superpone un nacionalismo a otro.

En la práctica, la embestida “por los toros” –contra los toros, habría que decir- se traducirá en un proyecto de ley agitado por el derechista partido Popular ante sus adversarios socialistas para declarar las corridas de interés cultural y general, lo que daría la estocada a intentos de aboliciones en otras regiones.

Es cierto que los toros están enraizados en la tradición ibérica, incluso desde los tiempos de los romanos, que los usaban como avanzada para atacar al enemigo. En todas las regiones hay, desde la Edad Media, distintas versiones de celebración humana a costa de estos animales. Cataluña misma no ha sido la excepción: si bien allí no se desarrollaron las corridas, existe una variante tanto o más salvaje, la correbous, que enciende los cuernos de toros “embolaos” con una soga y aunque no se busque su muerte a veces ellos terminan asfixiados o, al menos, ciegos. El mismo día que el Parlament prohibió las corridas en versión nacional se celebró una de esas ceremonias regionales.

Los animalistas se sintieron, entonces, animados para avanzar más y perseguir también la manera catalana de hacer sufrir a las bestias. Porque lo identitario no es ya un chauvinismo regionalista, sino el rechazo humano a la tortura de cualquier ser vivo en nombre de tradiciones culturales que nacieron en épocas que también glorificaban a gladiadores puestos a matarse entre sí.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.