En estas columnas hemos sido muy críticos de la labor de los arquitectos (soy uno de ellos) respecto al papel que hemos jugado en la construcción de nuestras ciudades. En este proceso hemos tenido una participación casi nula, estando ausentes en la discusión sobre el desarrollo de la ciudad. Es así que cuando nos preguntan sobre el futuro de Santiago, respondemos con dibujitos, mientras los economistas responden con números, las empresas y la banca con proyectos y los políticos y autoridades con manga ancha.
No hemos captado el rol político ni el gran aporte que podemos hacer, ya que una buena arquitectura y un buen urbanismo contribuyen de manera fundamental a la calidad de vida de los chilenos, sobre todo de los más pobres. A lo anterior se suma la falta de liderazgo, lo cual se demuestra, no tan solo en la ausencia de los debates esenciales, sino también en el hecho que en 50 años de existencia del ministerio de Vivienda y Urbanismo, solo una arquitecta ha sido ministra. Seguramente estas características se explican por una severa falla en la formación universitaria.
No obstante este preocupante contexto, y para ser justos, hay que destacar dos propuestas de arquitectos que constituyen reales aportes a la construcción de una mejor ciudad, y que es necesario destacar.
En primer lugar, la tradicional e innovadora propuesta de la organización Elemental dirigida por el arquitecto Alejandro Aravena, quien ha revolucionado la manera de pensar y resolver el problema de la vivienda social. Para ello ha modificado el enfoque puramente cuantitativo y ha realizado las preguntas pertinentes, cuya respuesta se centra en la calidad del espacio, la participación de los usuarios y la localización de la vivienda dentro de la ciudad.
Otro aporte a resaltar es el que recientemente hizo el arquitecto Iván Poduje de la Universidad Católica, quien propuso que las líneas del Transantiago que van en la superficie por encima de la Línea 1 del Metro (que es la línea más demandada del sistema), deberían ser manejadas directamente por el Metro, como un tren de superficie. Creo que con esta propuesta concreta se arreglaría de manera importante la eficiencia de este álgido tramo del transporte público capitalino.
He ahí dos, entre varias otras (aunque lamentablemente no tantas) propuestas de arquitectos que trascienden el dibujo autorreferente e insustancial, y que sitúan el problema de la arquitectura y del urbanismo en una amplia perspectiva más política e institucional.






