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G-8: Solidaridad por “las malas”

Columna de opinión por Roberto Meza
Miércoles 19 de junio 2013 9:26 hrs.


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El G-8, entidad que reúne a las principales potencias del mundo (EE.UU., Japón, Alemania, Italia, Francia, Reino Unido, Canadá y Rusia) concluyó su último encuentro en Irlanda con relevantes acuerdos económico-políticos cuya dimensión habla de las urgencias con que sus líderes están percibiendo la crisis que vive el planeta y la profundidad de los cambios que parecen necesarios para abordarla.

En efecto, para nadie es un secreto que los movimientos sociales y ciudadanos en diversas naciones del orbe no son sino síntomas de una inquietud que ha combinadolibertad, crecimiento económico y mayor conocimiento medio, conviviendo con desigualdades indignantes que las nuevas tecnologías de la información y comunicaciones han hecho cada vez más transparentes.

En un sistema económico mundial en que 12 millones de personas administran US$ 46,2 millones de millones de los US$ 65 millones de millones del PIB mundial anual (71%), patrimonio que, además, creció 10% en 2012, mientras la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estimaba en 200 millones las personas sin trabajo-a las que se suman mil millones que viven con menos de un dólar diario- no cabía esperar sino un severo ajuste que impactará el modo operar del sistema.

Por de pronto, los dirigentes han coincidido en que los multimillonarios deben aportar más de sus ganancias para el bienestar social. De allí que el ojo se pusiera enla elusión y evasión de impuestos y los “paraísos fiscales”, acordándose que las naciones del G8 facilitaránel intercambio de datos en poder de los gobiernos a nivel mundial para obligar a las empresas a pagar los correspondientes impuestos en los lugares donde las obtienen. La evasión internacional supera los US$ 280 mil millones, cifra equivalente al PIB de Chile. A los grupos multinacionales, en tanto, se les hizo un llamado atransparentarsu informacióntributaria y estructuras de propiedad, siendo la Unión Europea (UE) la que más impulsó el tema.

Asimismo, el G-8 acordó que las empresas que extraen materias primas deberán informar sobre los pagos que realizan a losorganismos públicos, de modo de evitar la corrupción, especialmente en países más pobres,en los que sólo la élite en el poder y los grupos empresarios extranjeros se benefician de la extracción de riquezas que son nacionales. También se aprobó evitar que la compra y venta de tierraspuedarealizarsesecretamente.

Para enfrentar la ralentización económica actual, los países del G-8 han optado por más mercado,mediante la eliminación de obstáculos comerciales y burocráticos de manera de estimular el crecimiento y empleo: la OIT estima que para 2015 la cesantía mundial se elevará a 208 millones de personas. Un ejemplo de esta línea de acción de las potencias es el acuerdo de libre comercio que negocian la UE y EE.UU. cuyo efecto se estima en un par de puntos más de crecimiento del PIB y la generación de unos 400 mil empleos. Pero la buena noticia tiene adversarios que han alertado que una zona como esa–el área con mayor poder adquisitivoy un intercambio interno anual de US$ 4 millones de millones- reducirá las importaciones desde otras regiones del mundo, afectando especialmente a Asia (China) y naciones emergentes.

Acuerdos parciales que pudieran tener tales consecuencias no ayudan a recuperar las confianzas globales perdidas, tan necesarias para la recuperación de la actividad y el empleo. En los últimos 5 años, la incidencia del desempleo de larga duración (sin trabajo por un año o más) ha subido 60% en las economías avanzadas. Y según la OIT, la tasa de empleo global del 55,7% en el cuarto trimestre de 2012, es 0,9% menos que antes de la crisis, lo que genera un déficit mundial neto de 14 millones de puestos de trabajo menosrespecto del empleo pre-crisis. Además, se necesitarán 16,7 millones de puestos de trabajo más para absorber a los jóvenes que alcanzarán edad laboraleste año, dando lugar a un déficit mundial neto de 30,7 millones de puestos de trabajoen 2013. El fenómeno no es inesperado pues, en las crisis, el factor de ajuste más a mano para producir más y más barato, es el trabajo.

En Europa, entre las 37 economías avanzadas con información disponible para el 2012, sólo seis (Alemania, Hungría, Israel, Luxemburgo, Malta y Suiza) mostraron tasas de empleo que superaron los niveles previos a la crisis. En el 35% de esos países, el empleo ha aumentado, aunque sin llegar a los niveles pre-crisis. Pero en casi el 50% las tasas de ocupación han seguido bajando, con más de 3% de cesantía adicional en Chipre, Grecia, Portugal y España.

Enfrentar estos desafíos requiere pues de decisiones políticas que devuelvan la confianza para seguir ahorrando, invirtiendo y produciendo y no estancarse en el infértil maquillaje de balances de un sistema financiero fallido que demorará años en ajustarse. Pero recuperar la economía real exige estabilidad en las reglas del juego, es decir, poderes políticos que den seguridades y lideren, desde sus diversas institucionalidades,una redefinición inteligente dela carga tributaria de trasnacionales y grandes empresas para que aporten más al bienestar general, Estados super vigilantes que hagan cumplir las leyes, pero que faciliten el desarrollo de más pequeñas y medianas empresas, liberando la creatividad de sus ciudadanos para ofrecer infinitos productos y servicios. También, de una academia e intelectualidad con más recursos sociales y privados para investigar,generar ciencia y tecnología, crear conocimientos e innovar junto a los emprendedores,de manera de ampliar el acceso a los bienes y servicios generados a los mil millones de personas que aún están fuera de los mercados.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.