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El Otoño Árabe de Egipto

A tres años de los levantamientos sociales que se tradujeron en el derrocamiento de Hosni Mubarak y la posterior llegada al poder de los Hermanos Musulmanes, igualmente destituidos en la figura del Presidente Mohammad Morsi, Egipto mantiene una compleja inestabilidad y altos niveles de violencia que prometen no desaparecer tan fácilmente.

Fernando Seymour

  Domingo 12 de enero 2014 12:03 hrs. 
egipto


La “Primavera Árabe” que revolucionó a varios países del norte de África a partir del año 2011 pareciera perderse en el tiempo. En el caso de Egipto, con derrocamientos, elecciones democráticas y dictaduras militares alternadas en sólo tres años, se entiende en parte el complejo presente que vive ese país.

¿Qué factores explican que las demandas ciudadanas no se tradujeran en el éxito que muchos vislumbraban? Para el ex embajador de Chile en Egipto, Samuel Fernández, “los grandes países del mundo árabe no son países que hayan tenido una vida democrática activa, de suerte que el experimento no lo supieron llevar a cabo y algunos trataron de aprovecharlo y otros de ir en contra. En el caso de Egipto fue muy claro que la hermandad musulmana intentó tener el control de la situación mediante el sistema democrático, pero no en el caso de los militares, que precisamente buscaron la mantención del poder, a pesar del movimiento democrático”.

Para el académico, esto explica el descontento y la división de la población, la que se manifestó en favor de un régimen no restrictivo luego del derrocamiento del ex Presidente Mohammad Morsi, optando por el camino antiguo, aunque sin un claro convencimiento, es decir, recurrir al imperio de las fuerzas militares, lo que a los ojos de Occidente constituye un retroceso en el proceso democrático.

¿Qué ocurre hoy, entonces, con los perseguidos Hermanos Musulmanes? ¿Perdieron el apoyo que los llevó al Gobierno a través de la elección presidencial de 2012?

“No hay una revolución. Solo los hermanos musulmanes están alegando por el nuevo gobierno militar egipcio, pero no hay una situación de levantamiento popular. Uno puede decir que están siendo aplastados y es cierto, hay una buena medida de eso, pero la gran base del pueblo egipcio no lo está siendo”, aseveró el ex embajador. 

La única solución, según Fernández, sería a través de un éxito económico, como podría ocurrir con el turismo, las inversiones extranjeras o el funcionamiento del Canal de Suez. Sin embargo, no existe una interpretación política ni una situación económica para satisfacer lo que realmente necesitan los egipcios.

En lo inmediato, será importante conocer que ocurrirá con el referendo constitucional que se realizará esta semana en Egipto, considerando además que los Hermanos Musulmanes han sido declarados como grupos terroristas por el actual Gobierno, así como las divisiones respecto al apoyo hacia el derrocado Presidente Morsi.

Para el analista internacional Guillermo Holzmann las proyecciones apuntan, respecto a los conflictos de la región, a dos grandes posibilidades.

“La mayor tendencia de conflicto dentro de medio oriente va a estar más marcado hacia una radicalización islámica que va a tener al menos dos expresiones importantes: una, que es levemente religiosa y que va a intentar establecer un modelo de sociedad con un claro fundamento religioso desde el punto de vista islámico, pero también una mayor radicalización expresada en grupos que están dispuestos a usar la violencia tal cual lo hemos estado viendo en varios países africanos”, señaló.

La primavera árabe, a través del caso de Egipto, pareciera haberse transformado en otoño, donde la democracia, tal como se entiende en Occidente, adquiere distintas interpretaciones. Y es que según los expertos, Medio Oriente no logra encontrar una identidad propia para sus distintas realidades.