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Nueve de cada diez chilenos no se alimenta bien

Los pobres y los habitantes de zonas rurales consumen más alimentos altos en calorías y en grasas, excediendo los límites máximos recomendados. También comen menos pescado, lácteos y verduras. Como consecuencia, sufren de mayor obesidad. Son los resultados del estudio encargado por el Ministerio de Salud a la Universidad de Chile que muestra los cambios en los hábitos alimentarios de la población chilena.

Andrés Ojeda

  Lunes 1 de diciembre 2014 17:04 hrs. 
obesidad


Un preocupante diagnóstico entregó la primera Encuesta Nacional de Consumo Alimentario que reveló que solo el 5%  de la población consume los niveles recomendados de alimentación saludable, al mismo tiempo que el sur del país es la zona geografía que peor se alimenta a nivel nacional.

El estudio que se aplicó de forma nacional a una población comprendida desde los 2 años en adelante, alcanzando un universo de 5743 personas,  demostró que la alimentación está vinculada al nivel socioeconómico, siendo los estratos más bajos los que peor se nutren

Existe, además, una exceso en el consumo de energía por sobre un 130 por ciento del valor necesario. Esto debido a la gran cantidad de comidas que el chileno hace, 7 en lugar de las 4 recomendadas, lo que provoca, junto con la baja cantidad de actividad física, enfermedades no contagiosas.

Así lo explicó Lorena Rodríguez, jefa del Departamento de Nutrición del Ministerio de Salud: “El 95 por ciento requiere modificar conducta alimentaria, requiere modificar lo que come. Solo el 5 por ciento de nuestra población esta alimentándose de forma saludable. Si eso lo comparamos con las cifras de obesidad y de enfermedades como la diabetes, la hipertensión, y el colesterol alto, los infartos y los accidentes cardiovasculares, están todos relacionados a la dieta, uno se confirma que no solo  por la baja cantidad de actividad física es que estamos tan enfermos”.

Cifras que dentro del contexto sudamericano colocan a Chile en el segundo lugar junto a Argentina en la presencia de adultos con obesidad (29%), mientras que también muestra una alta prevalencia de sobrepeso infantil, el que alcanza a uno de cada diez niños.

Recordemos que hace algún tiempo, tanto la subalimentación y la desnutrición, como la obesidad y el sobrepeso llamaron la atención de los expertos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Esto, por la importancia de la desigualdad de como factor transversal de incidencia en estos problemas.

Así lo explicó en esa oportunidad la consultora en nutrición de la FAO, María José Coloma. “Las poblaciones con menos años de educación y con menos acceso económico son las poblaciones más obesas. Al haber más desigualdad en educación, en salud, esto está relacionado con la obesidad. Muchas veces los alimentos o los productos ultraprocesados son muy baratos, por lo tanto, las poblaciones más vulnerables, que tienen poca capacidad económica, acceden a estos productos”.

En este marco, el Subsecretario  de Salud Pública, Jaime Burrows, señaló que el nuevo reglamento de etiquetado y la prohibición de la publicidad de alimentos con altos contenidos de grasa son una forma de prevención.

Además, el Subsecretario indicó cómo será el símbolo  que visibilizará la calidad del producto alimenticio: “La advertencia serán un símbolo claramente identificable porque es de color negro con letras blancas, de forma octagonal similar a un disco pare que hace claramente cuando una persona se acerca a comprar alimento pueda identificar que contiene más allá de los límites que recomienda el Ministerio de Salud. No es una prohibición de venta para comprarlo en los supermercados, pero si una limitante para venderlo e incluso regalarlo en los establecimientos educacionales porque queremos proteger la salud de nuestros niños”, sostuvo la autoridad.

Cabe mencionar que luego de encuestar  a 4.920 hogares  a lo largo de todo el país,  se detectó que los estratos socioeconómicos más bajos son los que consumen una menor proporción de lácteos, pescados, verduras y carnes. A la vez, en estos segmentos se encuentra el mayor consumo de alimentos altos en grasas, azúcares y carbohidratos. La clase media, por su parte, lidera el consumo de pan y carnes grasas.

La encuesta revela un cambio en las tendencias de alimentación, en que los chilenos hemos incorporado los cereales procesados al desayuno -especialmente en el NSE alto-, al tiempo que más del 90 por ciento de la población se alimenta tres veces al día y no cuatro, como ocurría décadas atrás. La cena parece estar en retirada, con presencia sólo en un 29 por ciento de los hogares y su reemplazo por la once comida, que implica un mayor consumo de pan y azúcares.

Finalmente y ante este escenario en  Chile  el Gobierno  está impulsando algunos programas como ingreso solidario; mientras que a largo aliento se incentivan políticas educativas como Elige Vivir Sano y la mejora del trabajo rural, entre otras medidas para mejorar la alimentación junto con la eliminación de los alimentos grasos y con altos contenido de azucares de la JUNAEB.

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