Diario y Radio Universidad Chile

Año XIV, 27 de septiembre de 2022

Escritorio

Tontos graves


Domingo 15 de julio 2018 10:18 hrs.


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La exposición humorística que expresan sus revistas en el pasaje de ingreso, del paseo ahumada, al metro de Plaza de Armas, donde el encabezado de ésta dice: “Este es un país de tontos graves”, no deja de causarme cierto grado de asombro, porque en mi opinión, esta expresión no significa otra cosa que: “los chilenos somos tontos graves”, y que se nos adosa, no sólo porque es definitiva e hipócritamente insultante, sino que además es gravosamente desalmada no contra algunas personas, sino, que insisto, contra todo el pueblo de Chile. Porque va en desmedro de la condición de dignidad humana de todos los chilenos. Quien lo expresa y quien lo avala, pecan de irrespetuosa hipocresía o de una profunda ignorancia, por no decir de una astuta estulticia. De lo que se trata, en verdad, es de degradar abyectamente a la población chilena -como hiciera Goebbels en la Alemania nazi contra los judíos-, de manera de poder controlarla para que acepte no sólo todas las tropelías e ignominia políticas y empresariales que nos aquejan actualmente, sino que además convertirla, si no lo está ya, en un mero sujeto unidimensional, sin razón ni consciencia, es decir, un mero ser consumidor, como ha manifestado el empresario- Presidente de la República, cuando afirmó, muy suelto de cuerpo, que la Educación no era un derecho sino sólo un objeto de consumo. A decir verdad, esta actitud no es más que la violencia del desprecio que el poderoso, generalmente apátrida y por tanto insensible, siente y ríe cínicamente contra nuestra condición de chilenos… explotados descarada e ignominiosamente.

Cierto, cómo no hemos de ser serios y muchas veces graves, cuando los sueldos que se nos pagan son oprobiosamente miserables. Cuando las pensiones que tenemos nos mantiene a muchos en las calles. Cuando la salud pública está en banca rota, donde mueren, esperando durante años para que los atiendan y operen, 25.000 personas por año. Cuando se nos ha impuesto con engaños y por la fuerza de las armas de una abyecta dictadura el sistema leonino de las AFP y de las Isapres.  Cuando el sistema educacional, que sólo tiene como objetivo el lucro, es degradante, decadente y caro para el pueblo. Cuando estamos geográficamente encerrados por el océano pacífico y la cordillera de los Andes. Cuando las enfermedades venéreas y el sida, campean en nuestros empobrecidos hospitales. Cuando los trastornos mentales, sólo en Santiago Chile, era ya en el 2001, de una cantidad de 1.638.498 pacientes, sin considerar los que no están registrados, y que no son tratados todos como debiera ser. Cuando todo un pueblo sostiene a los que perciben de ingresos mensuales millonadas, como aquellos de la población, que recibe mensualmente, más o menos, 80 millones de pesos y más. Cuando el 10 % de la población se lleva el 80 % de las riquezas del país. Cuando la miseria originada por el Neoliberalismo, ideología y economía de los poderosos empresarios y de algunos políticos, además de la Iglesia Católica, destroza despiadadamente a las familias chilenas, que ha permitido el Señor que se crearan. Cuando nuestra historia está repleta de crímenes y asesinatos incluso en masa y de los infaltables detenidos desaparecidos, sobre todo, por haber tenido recientemente una abyecta y desalmada dictadura que destruyó deleznablemente familias enteras. Cuando los abyectos curas pedófilos católicos, hacen escarnio de nuestros niños y adolescentes chilenos. Cuando el periodismo chileno, que indaga la verdad, tiene una mordaza económica-ideológica que impone impunemente el empresariado. ¿Debemos acaso, entonces, festinar con y a pesar de todo esto y una corrupción que campea por todos los ámbitos institucionales enajenando al pueblo de Chile? ¿Acaso creen que el Señor, en los últimos días de nuestra existencia, que están muy cerca y por venir, perdonará todo esto, si no se arrepienten sincera y humildemente, y cambian absolutamente las situaciones y condiciones injustas y decadentes de nuestro país? ¿Tenemos o no derecho, entonces, legítimamente frente a todo esto, que ha vivido y vive nuestro país, a la actitud que se deriva natural y necesaria e insoslayable de ser responsablemente graves? Sí, la tenemos. Esta afirmación cínica y deleznable de que los chilenos somos “tontos” graves, no obedece a otra intención que la de desviar la atención de los problemas profundos que nos aquejan históricamente, y que estos mismos propagandista e ideólogos del neoliberalismo diabólico y fascista, que se ocultan en diferentes partidos políticos de las derechas e incluso en algunos de aquellos que se dicen de izquierda y progresistas, que la promueven, requieren para mantenernos con la cabeza gacha y, por lo tanto, anuentes a su definición arbitraria de aceptación de un sistema que corroe y degrada el alma y el espíritu de los chilenos y por tanto, de la nación, como ocurre también en otros países hermanos de Latinoamérica.

 

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