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Carlos Margotta

Contra el neofascismo

Carlos Margotta | Viernes 26 de octubre 2018 7:38 hrs.


La Organización de Naciones Unidas se apresta a conmemorar el próximo 10 de Diciembre, los 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Este documento, aprobado unánimemente por la Asamblea General, fue la primera respuesta de la comunidad internacional a la barbarie nazi fascista que había asolado a Europa y Africa, durante la Segunda Guerra Mundial.

Los Estados se comprometieron a respetar y resguardar los principios y normas emanados de esa Declaración y los posteriores Pactos y Convenciones sobre Derechos Humanos que le sucedieron, como una forma de evitar la repetición de la trágica experiencia vivida.

Así, se estableció que la Paz y la Seguridad Internacional, objetivos de la Organización de Naciones Unidas, sólo podían realizarse si se respetaban cabalmente los derechos humanos en cada uno de los Estados que la conformaban.

Lamentablemente, en Chile y gran parte de América Latina se repitió el horror y la barbarie, en la década de los setenta. La interrupción de los procesos democráticos a través de Golpes Militares, trajo consigo la implementación de políticas de violación masiva y sistemática de los Derechos Humanos, que se tradujo en desapariciones, asesinatos, tortura, prisión política, exilio, deportaciones, entre otras expresiones de la barbarie.

El pueblo de Chile, como el resto del continente, aún no se recupera de las graves secuelas dejadas por esas infaustas experiencias. Aún no existe plena Verdad, falta mucha Justicia por realizar y Reparación por otorgar. A su vez, una débil política de Memoria implementada, confirma las deudas pendientes.

En este escenario, de débiles y lentos avances, donde las profundas huellas dejadas por el horror vivido aún están muy lejos de cicatrizar,  hemos asistido con estupor e indignación, al apoyo desembozado, sin reservas ni pudor alguno, de vastos sectores de la Derecha chilena al candidato brasileño, Jair Bolsonaro, quien durante toda su vida política ha expresado públicamente y en forma reiterada, su más absoluto desprecio por los derechos humanos y por la dignidad de las personas.

En efecto, ha avalado la tortura y el asesinato, las dictaduras militares y muy especialmente a Pinochet, ha tenido expresiones de desprecio hacia las instituciones democráticas y se ha jactado de sus opiniones racistas, misóginas, homofóbicas y negacionistas.

El declarado apoyo de la Derecha chilena a sus políticas y opiniones, constituyen un serio retroceso al avance civilizatorio que ha significado para la Humanidad y nuestro país, el transitar  hacia sociedades respetuosas de los Derechos Humanos, al mismo tiempo que pone en serio cuestionamiento la veracidad del compromiso expresado con la Democracia y los Derechos Humanos por ese sector político y la sinceridad del perdón ofrecido por su participación en la Dictadura.

El mundo de la Cultura y las organizaciones de Derechos Humanos conocimos con crudeza el fascismo y sus distintas expresiones. Chile no puede repetir la trágica experiencia vivida.

El mundo de la Cultura, consciente de su rol de tábano de la comunidad y expresión genuina de la conciencia crítica de la sociedad, quiere alertar a las organizaciones del mundo social y al sistema político, de la seria amenaza que se cierne sobre los destinos de nuestro país y los convoca a reaccionar debidamente en defensa de la Paz y los Derechos Humanos.

A su vez, las organizaciones de Derechos Humanos sabemos el significado del ideario y praxis fascista. 17 años fue suficiente vivencia del horror para la gran mayoría de los chilenos y chilenas. Sabemos además, como se inician estos procesos y también, cómo terminan, por lo que no es aceptable minimizar el peligro que ello importa.

No podemos por tanto, permanecer impávidos frente a claros brotes negacionistas y prácticas neofascistas que se han traducido en las últimas semanas en hechos de distinta naturaleza pero de igual gravedad, como las querellas interpuestas por procesados y condenados por crímenes de lesa Humanidad, las que pretenden acallar a líderes de opinión como Alejandro Goic o a periodistas comprometidos con la Verdad, como Javier Rebolledo.

Tampoco son aceptables las graves amenazas proferidas en contra de Esperanza Silva y Pablo Schwarz, ni los actos de homenaje en recintos militares a los grandes criminales de nuestros país, así como tampoco las nuevas libertades condicionales otorgadas a criminales de lesa Humanidad por los mismos Ministros de la Sala Penal de la Corte Suprema que fueron acusados constitucionalmente por los mismos hechos.

No olvidamos tampoco el ataque que sufrió Villa Grimaldi el pasado 11 de septiembre, por parte del grupo neofascista Movimiento Social Patriota, ni las amenazas sufridas por la Diputada, Carmen Hertz, ni los supuestos suicidios de dirigentes sociales.

El mundo de la Cultura advierte con preocupación, que las asignaciones presupuestarias para el sector correspondiente al año 2019, no se condicen con las necesidades culturales de nuestro país y ahogan las posibilidades para que la Cultura se transforme en un motor de progreso y de avance civilizatorio para nuestro país. No olvidamos que fue este importante sector de la sociedad que producto de su movilización, defenestró al negacionista Ministro de Cultura de entonces, Mauricio Rojas.

Los distintos Poderes del Estado no pueden rehuir su responsabilidad de enfrentar esta seria amenaza contraria a los principios y normas establecidos en los distintos Pactos y Convenciones de Derechos Humanos suscritos y ratificados por Chile, y por tanto, de cumplimiento obligatorio. Es hora de definiciones: o se está con los valores democráticos o con el emergente ideario neofascista.

Por tal razón, del Gobierno, del Parlamento y de los Tribunales, demandamos:

1° Una nueva Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas que termine con su autonomía y restablezca la plena subordinación al poder civil, y permita consecuencialmente, la formación de las instituciones castrenses en una Doctrina que promueva los valores de la Democracia y los Derechos Humanos.

2°   El Gobierno debe patrocinar y poner urgencia al Proyecto de Ley que sanciona el Negacionismo, así como al Proyecto de Ley promueve la enseñanza obligatoria de la Memoria y Derechos Humanos en nuestros colegios.

3°  El Congreso debe aprobar sin más trámite, el Proyecto de Ley sobre Libertades Condicionales incorporando los estándares de Derechos Humanos cuando se trate de crímenes contra la Humanidad, como las exigencias de colaboración sustancial con las investigaciones y el arrepentimiento efectivo por los crímenes cometidos. Del mismo modo, el Gobierno debe desalentar el que los parlamentarios de su coalición recurran al cuestionado Tribunal Constitucional.

4°  La Corte Suprema debe dejar de otorgar libertades condicionales a criminales de lesa Humanidad sin sujeción a los requisitos establecidos por la normativa internacional de derechos humanos, de aplicación obligatoria para el Poder Judicial.

5°   Una nueva Ley de Medios que termine con la concentración de la propiedad de los medios de comunicación, garantizando el pluralismo informativo, tal como lo ha recomendado el Relator para la Libertad de Expresión en Chile.

6°  Implementar una política de relaciones internacionales fundada en la adhesión irrestricta a los derechos humanos y no en el mero pragmatismo económico.

Por último, hacemos un especial llamado, a la sociedad en su conjunto, a manifestar masiva y organizadamente, el más profundo rechazo al Negacionismo y sus cultores, quienes gozan de amplia tribuna en los medios de comunicación, y a impedir que se normalicen idearios y prácticas neofascistas en nuestro país a través de discursos de odio como el del ex candidato presidencial José Antonio Kast, que sólo buscan imponer proyectos políticos que han sido reiteradamente condenados por la conciencia jurídica de la Humanidad.

 

El contenido vertido en esta Columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de Diario y Radio Universidad de Chile.