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Año XII, 8 de agosto de 2020

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Pedro Brieger: “Los gobiernos de derecha lo único que tienen para ofrecer hoy es represión”

El analista internacional asegura que un antecedente fundamental a considerar en la situación actual de Latinoamérica es el movimiento feminista pues "interpela a lo más profundo: que ya no puede haber liderazgos compuestos mayoritariamente por hombres".

Claudia Carvajal G.

  Sábado 30 de noviembre 2019 16:01 hrs. 





Pedro Brieger, periodista y sociólogo argentino, especializado en política internacional tiene años observando la realidad sociopolítica de la región. Los sucesos de crisis de las últimas semanas no le sorprenden, asegura en esta entrevista en la que analiza el panorama de Latinoamérica y proyecta los efectos de las movilizaciones sociales en los distintos países.

Conversemos sobre la situación regional. ¿Considera que estamos experimentando una crisis, un brusco fin a la ola neoliberal de los gobiernos?

Es muy difícil dar una respuesta porque la situación es muy cambiante, hace unas semanas  atrás cuando empezó la protesta social en Chile se hablaba del comienzo de una ola antineoliberal, sumando la movilización en Ecuador  que hizo retroceder al gobierno de Lenín Moreno en su política de ajustes y aumento de precio del combustible, al triunfo de Alberto Fernández el 11 de agosto en las PASO y refrendado el 26 de octubre en las elecciones en la primera vuelta de manera contundente con su triunfo, a todo esto se agrega la protesta en Chile.

Vemos un panorama efectivamente de crítica a las políticas neoliberales en los tres casos, en dos a través de la protesta callejera y en uno a través de las urnas. En el caso de Chile y Ecuador, al no haber un proceso electoral a corto plazo, la manifestación se dio en las calles.

Lo de Bolivia, sin embargo, parece cambiar todo el panorama, porque en un escenario protestante neoliberal, vemos la foto de un Golpe de Estado bastante más parecido a los golpes de Estado del siglo pasado y otra vez nos hace pensar en qué situación nos encontramos ahora en América Latina cuando estamos frente a un Golpe de Estado. Por otro lado empieza la protesta en Colombia que podría ir en línea con las protestas en Ecuador, Chile y Argentina, pero donde vemos aparecer el factor de las Fuerzas Armadas con mucha potencia en varios de estos países: Lenín Moreno y los militares detrás de él, lo vimos en Perú con Martín Vizcarra, vemos una presencia militar muy fuerte en Brasil, la intervención militar en Bolivia, etcétera.

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De pensar en una ola antineoliberal, como se publicó en el Washington Post, ahora comenzamos a hablar de lo que pasa con los militares, así que la realidad es muy cambiante. Yo definiría esto como una disputa regional, que se viene dando desde el 2005, entre una corriente liberal, conservadora, de derecha neoliberal, bastante heterogénea; y una corriente de izquierda progresista, de centroizquierda, nacionalista y populista. En ese escenario, se sabe claramente en qué vereda está cada uno de los gobiernos.

¿Considera usted, en relación a lo que señalaba previamente, que en América Latina vivimos un resurgimiento de los movimientos populares?

Creo que los movimientos populares nunca estuvieron destruidos. En Colombia existen desde hace mucho tiempo,  pero estuvieron subsumidos por la guerilla. Cada vez que aparecía un movimiento criticando el asesinato de sindicalistas, por ejemplo, – Colombia tenía la tasa más alta de asesinatos  sindicalistas del mundo-  eso estaba tapado por el tema de la guerrilla; cuando aparecían las reivindicaciones indígenas, estaba tapado por la guerrilla; cuando aparecían los reclamos laborales, eran tapados por la guerrilla. O sea, el tema de las FARC y el demonio del terrorismo y la violencia tapaba todas las reivindicaciones existentes. Lo que nosotros vemos ahora es que, a tres años de la firma de los acuerdos de paz, si bien la violencia existe, ella es básicamente la violencia del Estado porque las FARC, el grupo guerrillero más importante, está disuelto.

En Chile, los movimientos populares existían y tenían fuerza, tanto en contra de las AFPs, como el movimiento estudiantil secundario en el 2006 o el movimiento universitario en el 2011. Efectivamente hay que considerar la  atomización de los movimientos sindicales, pero, a la vez, apareció un gran movimiento de mujeres, muy poderoso, que irrumpe en la escena política de manera muy novedosa y que  va al corazón de la sociedad, porque ataca el sistema patriarcal con múltiples reivindicaciones. Además aparece como el movimiento más disruptivo, justamente, por lo novedoso de su potencia.

Todo eso se conjuga y estalla como muchas veces sucede en la historia, con algo muy pequeño que en este caso fueron las evasiones masivas en el metro. Por eso es tan importante la consigna “No son 30 pesos, son 30 años”, porque todos esos movimientos que no se veían tan articulados y que parecían ir por lados distintos, se juntan y aparecen las múltiples reivindicaciones: la de los pueblos originarios, las de los movimientos sociales e incluso a las clases medias y a los jóvenes de las clases altas se les cae el velo del gran mito neoliberal construido en Chile, según la terminología de Tomás Moulián. Eso hace eclosión y de repente no hay más temor frente a los carabineros y surge con más fuerza el pedido de una asamblea constituyente que estaba latente y era minoritario. De repente miles de personas se dan cuenta  que la única manera de cambiar, en lo más  profundo de la sociedad, es a través de un debate muy amplio de toda la sociedad y no solo de la clase política encerrada en el Congreso.

En febrero, usted hablaba de cómo la derecha en Latinoamérica no ha tenido nada nuevo que ofrecer, que no seduce, sino que simplemente propugna la idea de ir en contra de los gobiernos de centroizquierda anteriores a ellos. ¿Cómo evalúa el momento actual de la derecha tanto respecto de elecciones como en Argentina y Uruguay  como en relación a las crisis sociales en los otros países? 

Sigo pensando lo mismo que a principio de año y que pienso hace bastante tiempo: la derecha tiene dos problemas. En primer lugar ofrece un modelo económico que parece escrito en un frasco, porque lleva la misma receta a todos los lugares: controlar inflación, recorte a gastos sociales, etcétera y cuando llegan al poder no aplican esos métodos. La derecha no tiene algo que encante, que plantee vivir mejor, un mundo solidario, de felicidad. La derecha propone una sociedad muy egoísta de “sálvese quien pueda”, de buscar el éxito personal y que eso pasa por el dinero. Bajo la lógica de la derecha no habría cine, música o teatro porque no habría financiamiento del Estado para desarrollar esas áreas y toda la educación iría para que niños y niñas se dedicaran al marketing, a hacer negocios y a que cada persona haga su propia empresa. Casi no habría maestros, porque el discurso de la derecha, de los neoliberales, por lo general es “haga dinero, sea su propio empresario” y eso no va para un maestro, una enfermera y múltiples otras profesiones a las que la gente se dedica y donde la motivación no es el dinero. Esto choca con un ideal de sociedad que propone la derecha donde el eje es el dinero y eso seduce a quienes creen que teniendo dinero, tienen felicidad. Esa fue la promesa de las AFPs en Chile: “ser para siempre jóvenes” decían algunas publicidades y eso fue una gran estafa. Ahora se ve que el dinero que reciben los que jubilan ni siquiera alcanza para vivir y es entonces que empiezan las múltiples reivindicaciones.

Si miramos lo que pasa con los gobiernos de derecha hoy, lo único que tienen para ofrecer es represión. Por algo en Chile se dice que el gobierno de Piñera terminó el 18 de octubre, porque no hay nada para ofrecer. Son las mismas recetas de siempre  y ellas vienen envueltas en un gran marketing, pero eso ya no sirve como quedó demostrado en Argentina. El gran problema es que se cayó el que era presentado por todos como el gran modelo: el chileno. Por otro lado el modelo argentino, que con Macri aparecía como la renovación de la derecha latinoamericana,  no logró la reelección – algo muy raro en América Latina- y no solo no la  logró, sino que deja un país quebrado, con alta inflación, que era lo que supuestamente resolvería muy fácil; y además perdió en primera vuelta y por casi diez puntos. Eso es un gran fracaso, hoy la derecha latinoamericana no pueden decirle a sus poblaciones “miren el éxito de Mauricio Macri”, más bien lo tienen que esconder.

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Foto @elheraldo.mx

Adicionalmente no tienen liderazgos continentales, a diferencia de  los movimientos populares que con todas sus fallas y errores, siguen teniendo personas con fuerte presencia internacional y muy respetadas como es Lula da Silva, Rafael Correa, Evo Morales o Cristina Fernández.  El gran problema de las derechas latinoamericanas es que no ofrecen vivir mejor, no ofrecen felicidad y eso es muy importante en la vida.

Hablemos de la figura externa del presidente Piñera, ¿cuál es según usted, la percepción internacional respecto de este Gobierno?

Es difícil dar una respuesta acabada. Piñera aparece como un empresario exitoso más que como un presidente exitoso. Desde fuera se veía a la sociedad chilena y a la clase política dirigente, como en continuidad y en armonía con lo que dejó la dictadura y el modelo económico heredado de ella, donde los partidos que formaban parte de los diferentes gobiernos se acomodaban a lo heredado. A lo mucho se quería corregir algunas distorsiones, casi todos los partidos políticos en Chile presentaban el mismo esquema: continuar con este modelo presentado como exitoso. Por eso Piñera hablaba del oasis chileno, o el mismo día que comenzaron las protestas él estaba en un restaurante del sector alto sin comprender lo que está pasando. Y creo que él aún no termina de comprender lo que está pasando. El problema de Sebastián Piñera, al creer efectivamente en el éxito de ese modelo, es que no termina de comprender que la protesta se haya extendido a las zonas de Las Condes o en general a zonas de clase media alta donde la juventud también sale a las calles a movilizarse por reivindicaciones sociales.

Algo muy profundo se quebró en Chile y eso se ve en el exterior. Para quienes no seguían la política interior chilena, eso fue una sorpresa, para mí no lo fue porque conocía el modelo, las AFP, la constitución heredada de la dictadura. Sí, el estallido en si fue sorpresa, porque la historia tiene esas cosas maravillosas que muestra que las situaciones eclosionan cuando nadie lo ve venir.

Finalmente, luego de ver el estado actual de las derechas latinoamericanas, ¿hacia dónde debería entonces proyectarse la izquierda de la región?

Eso lo deben definir las personas que tienen condiciones de liderazgo y articulación en los diferentes movimientos sociales que son diversos y con diferentes estructuras. En Chile o Colombia no vemos liderazgos claros y, por otra parte, vemos movimientos sociales muy heterogéneos, a diferencia de lo que pasó en el siglo XX donde había partidos que seguían el modelo soviético, otros el movimiento revolucionario chino, o el modelo cubano, u otros que elogiaban la vía del socialismo pacífico de Allende. Todas esas categorías parecen desactualizadas y se buscan diferentes formas de desarticulación política que no pasan por los partidos.

Un punto fundamental a considerar es la irrupción del movimiento feminista extremadamente poderoso que en Chile y Argentina se ha convertido en el movimiento más disruptivo en décadas y que ha logrado articular tras de sí diversas reivindicaciones, ya no es solamente la igualdad de salarios o por el voto femenino, yo creo que le movimiento feminista, que es muy diverso, han aportado a estas luchas sociales un condimento novedoso.

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Me parece que el movimiento feminista interpela a lo más profundo: que ya no puede haber liderazgos compuestos mayoritariamente por hombres y eso es algo que los sectores más progresistas y populares deben comprender de una vez y para siempre.