Una ola de rechazo a los derechos humanos y su institucionalidad nacional e internacional se ha venido encima de la población y del sistema democrático chileno, en plena recta final de la campaña presidencial y parlamentaria.
La candidata E Matthei ha reiterado su repudio a las acciones encaminadas a prevenir y garantizar los derechos humanos, deformando lo que son y relativizándolos en su cumplimiento. Además, ahora afirma que la búsqueda de las y los chilenos sacados de sus casas, manos atadas, vendados e inermes, luego torturados y hechos desaparecer por la dictadura es una forma de venganza. Agrega que el INDH es una institución que hay que reformar por completo, justo cuando se está ratificando su estatus A en el sistema internacional, entre otras cosas por cumplir adecuadamente su función.
El candidato Kaiser, por su parte, ve en el sistema internacional de las Naciones Unidas, un enemigo a la autonomía de los Estados para resolver sus asuntos sin intromisiones externas, por lo cual ha propuesto terminar con el consenso de la Agenda 2030, salirse tanto del sistema interamericano de Derechos Humanos – al rechazar las atribuciones de la Corte Interamericana- como de los Acuerdos de prevención y mitigación del cambio climático. Retrocede a la idea del S XIX sobre el Estado Nación que le impone su poder a sus ciudadanos sin que estos tengan derechos inherentes e irrenunciables.
Las derechas han hecho de los derechos humanos una “ideología” a la cual hay que hacerle una guerra cultural y, como en toda guerra, usan un lenguaje amigo-enemigo, Amigos son los “nacionalistas”, que usan el poder sin respeto al derecho, que imponen el orden como sea y sus enemigos son aquellos “protectores de delincuentes”, persecutores de la policía, buscadores de privilegios para las víctimas de la violencia estatal, destructores del orden y la estabilidad
Estas posiciones evidencian varias cosas: a) garantizar derechos humanos se torna un obstáculo a las ideologías autoritarias, que profesan un orden desigual e inequitativo; b) el valor de la vida no es igual para todos, depende de su “importancia” en el sistema o engranaje político económico; c) las instituciones y Tratados generados en plena “guerra fría”, en nombre de la libertad y la democracia, hoy resultan ser un “invento marxista” para aquellas ideologías que luchan por tener un Estado raquítico, incapaz de hacer efectivos los derechos sociales, culturales, civiles y políticos, entre otros.
La pregunta es, ¿por qué le estorban tanto los derechos humanos y sus instituciones, a las derechas autoritarias, sacándolos de quicio? Al ser estos universales, irrenunciables y que el goce de uno depende de otros, a la vez que abarcan el ciclo de la vida humana, hace que la lucha por ellos no admita la resignación ni tampoco el sometimiento a un orden desigual que discrimine, por ser pobre, no “tener apellido”, ser mujer o indígena, migrante o persona mayor, pertenecer a una diversidad sexual o tener una creencia religiosa. A la vez, éstos buscan construir una comunidad de iguales en derechos y dignidad y eso no se consigue con el libre mercado a ultranza (que es una distopía), pues en su lógica económica rechaza al Estado como regulador y más aún como institución cuya obligación es proteger y garantizar los derechos. Los derechos humanos también estorban, en tanto están unidos al sistema democrático que es el que puede contener la violencia del Estado o, si fracasa, sancionar a los responsables del quebrantamiento del orden democrático; esto último es “molesto” también para ciertas izquierdas autoritarias que dicen gobernar a nombre del pueblo.
Por esto, renunciar a la verdad, la justicia y a formas de reparación deja abierto el camino a la repetición por los poderosos de la violencia institucional. La búsqueda de las víctimas de la dictadura no es venganza, es una obligación legal, es legitimar el estado de derecho, y base para la convivencia democrática, en tanto la venganza la mueve el odio, el uso de mecanismos extralegales que llevan a entronizar la violencia en la sociedad. Quiénes piensan que es venganza tienen poco espíritu democrático o buscan la impunidad.
Las palabras no se las lleva el viento, generan realidades, persuaden conciencias, sobre todo si provienen de personajes dotados de cierta autoridad o poder. De ahí la gravedad para un futuro libre y democrático, el que las derechas alienten la ola antiderechos, que azotarán a los más vulnerables (que no son ellos) y como “efecto colateral” puede también afectar a toda la nación.


