Parece profecía, pero es disposición del poder. Hemos visto recientemente a la excandidata Jeannette Jara, ir contra el tiempo y ganar cada debate presidencial. Sus atributos políticos y habilidad comunicacional le permitieron construir una identidad creíble, capaz de capitalizar un número de adherentes que solo fue creciendo entre el 29 de junio y el 14 de diciembre 2025, marcar una diferencia frente a su oponente y de paso confrontarle. Jeannette Jara perdió.
Antes de Jara seguimos a su antecesora y competencia dentro de las primarias de la amplia alianza Unidad por Chile: la ex ministra del Interior Carolina Tohá. Una mujer con una trayectoria aún más sólida, con un dominio técnico y capital político muy alineados con el modelo de Estado tecnopolítico y una cultura selectivamente elitista chilenos. Más que frente a Jara, frente al poder, Carolina Tohá perdió.
En la larga carrera por la presidencia, la constante e impertérrita Evelyn Matthei encarnó el mito de Sísifo – aunque ha sido más Perséfone, reina del inframundo obligada a permanecer bajo tierra. Su fórmula: capital político y económico+ expertisse modernizador, no solo no fue capaz de sumar votantes sino que al contrario le restó influencia y posicionamiento dentro de su propio sector. Evelyn Mattehi perdió.
Estas tres candidaturas, una muy larga y otra brevísima, sintetizan desde distintos sectores de fuerzas y contrafuerzas políticas, con sus propios dramas internos y desafíos externos: una muy conocida historia de traición, castigo y derrota que el poder reserva a las mujeres que lo desafían y confrontan. A las mujeres no se les permite hacer diagnósticos centrados en evidencias, no se les perdona tener un dominio técnico superior al de quienes detentan o aspiran al poder. Pueden ser “secas” y “mateas” pero no atreverse a usar esos atributos para decidir, porque los decisores están en otra línea, superior, mientras ellas deben permanecer allí, en segundo plano, sosteniendo. El costo de una mujer que, haciendo su trabajo, “saca al pizarrón” a un hombre o peor, a una casta, sigue siendo muy alto. Dejar en evidencia, dominar los datos por sobre los relatos, nunca es un camino de éxito para quienes pretender conquistar el poder que es masculino, conservador, obsesionado con el orden tradicional y funciona corporativamente.
Habrá quien resalte casos que aparentemente refutan lo anterior: Michelle Bachelet sin ir más lejos, “la mujer más importante de la historia chilena”. La pregunta sería: ¿ha estado exenta la trayectoria política de Bachelet de traición, castigo y derrota? Hoy día, en su candidatura a la Secretaría General de la ONU, ¿qué desafíos enfrenta la lideresa y cuánto de ellos responden a la condición de disputar un techo de cristal demasiado grueso ?
A diferencia de políticos -que por supuesto también atraviesan estas tramas- Michelle Bachelet, Carolina Tohá, Jeanette Jara, Evelyn Matthei, han tenido que enfrentarse a disputas y resistencias, fuego enemigo y amigo por el hecho de ser reconocidas desde el menosprecio: como maternales, conflictivas, duras, déspotas, enfermas, emotivas, frías, malas candidatas. Por supuesto, no es la única variable que explica el curso de sus derrotas políticas en medio de un escenario donde las fuerzas de ultraderecha han ganado espacio aceleradamente, pero no debe olvidarse que donde la ultraderecha avanza, los derechos de las mujeres retroceden.






