Tailandia y Camboya sellaron un acuerdo de cese de hostilidades que puso fin a tres semanas de combates que dejaron al menos 47 muertos y más de un millón de desplazados. Se prohíbe atacar a la población civil y exige la liberación de soldados.
El conflicto fronterizo, reanudado con tanques, drones y artillería, causó la huida de más de 500.000 camboyanos y cerca de 400.000 tailandeses. Las dos semanas de lucha por una vieja disputa limítrofe dejaron al menos 41 muertos.
El primer ministro de Tailandia, Anutin Charnvirakul, rechazó la oferta de tregua de Malasia y desmintió a Donald Trump sobre la causa de los ataques, asegurando que continuarán las acciones militares hasta que “termine la amenaza” de Camboya.
El Ejército de Tailandia desplegó cazas F-16 para bombardear posiciones camboyanas, en respuesta a supuestos ataques que dejaron un soldado tailandés muerto. Camboya negó haber iniciado el fuego y condenó la violación del acuerdo de paz.
La semana pasada un nuevo conflicto armado entre dos países sacudió al mundo, esta vez en el Asia-Pacífico, Tailandia y Camboya viven uno de los momentos más tensos en sus relaciones diplomáticas y militares. La razón: fronteras de la época colonial.
El ministro de Sanidad tailandés denunció una “grave violación de los derechos humanos” luego del ataque de Camboya a un hospital. “Esto es claramente un crimen de guerra”, afirmó.
El propósito era bajar la tensión en las relaciones bilaterales. Las conversaciones fueron sostenidas al margen de la 16ª. conferencia de ministros de Defensa de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), en la ciudad de Siem Reap.
Al menos tres personas murieron este viernes en la capital camboyana luego de que las fuerzas del orden abrieran fuego sobre huelguistas que reclamaban un aumento de los salarios. La oposición, que se ha sumado a las protestas, denuncia un intento del gobierno por frenar el movimiento democrático.