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Tinta cargada al dramatismo lectoral

Columna de opinión por Hugo Mery
Viernes 18 de diciembre 2009 14:26 hrs.


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Es sugerente que afuera se piense que con Piñera o Frei no habrá cambios en la estabilidad política del país, pero también que se simplifique sobre la profunda demanda de renovación y cambio que expresó esa vasta porción de ciudadanos que no votó por uno ni otro.

En las reacciones en el exterior por el resultado electoral en Chile se registra un sugerente consenso: sea cual fuere el desenlace del próximo 17 de enero no habrá cambios de envergadura. La política económica será la misma que se ha aplicado hasta ahora y por ello la comunidad financiera internacional continuará apostando a la estabilidad política que se observa desde 1990.

Buena noticia para los ministros de Hacienda y Relaciones Exteriores que asumirán sus funciones el 11 de marzo, pero no necesariamente para esa significativa porción de ciudadanos que votó por un cambio a través de la postulación  contestataria de Enríquez-Ominami y la más o menos disidente de Jorge Arrate. En el contexto interamericano, la prensa extranjera destaca que las relaciones con Estados Unidos son “inmejorables” y que el alineamiento de Chile con Lula en desmedro de Chávez proseguirá, pero que la mayor distancia que mostrará Frei con el bloque bolivariano podrá llegar hasta la enemistad si es Piñera quien se instale en  La Moneda.

Los bolivianos ya se han mostrado algo preocupados, recalcando que la agenda bilateral –que incluye la discusión del reclamo marítimo- no debe dejarse de lado. Y si bien el gobierno del Perú podrá sentirse algo más acompañado en una Sudamérica en la que los gobiernos de Alan García y del colombiano Uribe constituyen la excepción hay un factor perturbador en la persistencia de Piñera en la propiedad de Lan Perú, sin hablar de Lan Ecuador y Lan Argentina. Aunque se supone que, de ganar finalmente la Presidencia, el empresario cortará de verdad esos vínculos.

El carácter de candidato billonario, magnate número 701 en el ranking de la revista Forbes y tercer afortunado chileno es algo que la prensa internacional no deja de destacar, junto con calificarlo de “candidato conservador”. Esto último se inserta en una nomenclatura muy antigua, que sacaba de sus casillas al último Primer Mandatario derechista, Jorge Alessandri, cuando la revista Time lo llamaba “Presidente conservador”.

A partir de esa categoría, algunos medios extranjeros hablan ahora de un “giro a la derecha después de 20 años de eficientes gobiernos de centroizquierda”, lo cual constituye una lectura simplificada de los resultados del domingo. Más que para entender, algunos editores y corresponsales tienen dificultades para explicarles a sus usuarios las razones de lo ocurrido, y optan por destacar la distancia de 14 puntos que Piñera le sacó a Frei, que, sin duda, impresiona más que el 44 por ciento de la votación del primero, que en sí misma no es novedad después de los resultados de Lavín en primea vuelta de 1999 y del propio Piñera en el balotaje de 2006.

Más simplificadamente aún, algunos medios hablan de una nueva oportunidad que estaría obteniendo la derecha, después de identificarse con la dictadura de Pinochet. Hace tiempo que esa fuerza alcanza el 48 por ciento en las elecciones presidenciales y si ahora está en el primer lugar de las preferencias y expectativas es por las profundas causas que están detrás de una fragmentación del centro y la izquierda tan aguda como difícil de superar.

Si ello no se consigue, la estabilidad política del país de la que tanto se habla afuera podría quedar en cuestión, así como la paz social que seduce a inversionistas y financistas. 

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.